Las puertas de San Jacinto

Por  10:52 h.

Famosa fue la mala relación entre los dominicos y las hermandades que residieron en San Jacinto. Hasta cuatro corporaciones: Las Aguas, la Esperanza de Triana, la Estrella y el Rocío se marcharon de aquella iglesia entre 1942 y 1984. De ser uno de los templos con más hermandades, pasó a quedar desierto.

1910. Mañana del Viernes Santo. Fiesta en Triana. La Hermandad de las Tres Caídas retorna al convento de San Jacinto entre el bullicio popular. Nazarenos de otra época. Insignias humildes. Costaleros de la colla del muelle. Digna prestancia de la gente sencilla. Dia grande del arrabal. Tranvías y carros, aguardiente y calentitos, barcos amarrados junto al puente y añejo sabor de tejas y soportales. La Cruz de Guía llega a los umbrales de San Jacinto. Las puertas permanecen cerradas. Insistencia en la llamada y los portones, firmes, desafían a la cofradía que regresa. Desconcierto en los nazarenos. Obstinación en los dominicos. Tiras y aflojas. Negociaciones entre los frailes y los responsables de la Hermandad. Al final, las puertas reticentes se abren a la Esperanza.

Poco tiempo antes había retornado al templo la Orden de Predicadores, y la primera desavenencia entre los dominicos y las inquilinas del convento estaba servida. Después vendrían más problemas; desencuentros aún mayores. Poco a poco se fueron enturbiaron las relaciones. Una a una, las hermandades se echaron al hombro sus siglos de historia y se marcharon de allí. Las Aguas, incluso, cambió de orilla y tuvo que peregrinar por templos y collaciones lejanas al rio que brindó advocación a su Cristo.

Aquellas hijas de San Jacinto quisieron volver en alguna ocasión. Pensaron en celebraciones de grandes efemérides en la casa donde conocieron décadas de esplendor y decadencia. No pudo ser. Acontecimientos extraordinarios pasaron por sus puertas, con el único anhelo de ver abiertos aquellos portones centenarios. Tampoco. Desde que la Virgen de la Estrella salió de San Jacinto un Domingo de Ramos de 1976, ningún otro paso ha vuelto a cruzar bajo el ficus que creció a los sones de “La Estrella Sublime”.

Cuando el próximo Viernes Santo la Cruz de Guia de la Esperanza de Triana revire desde San Jacinto a Pagés del Corro, se habrán cumplido cien años de aquella curiosa desavenencia de los dominicos y las cofradías. Después de un siglo, las puertas de San Jacinto continúan cerradas a las hermandades. A cal y canto.