Veni, vidi, Deus vincit

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  • Semana Santa 2008 - Cofradías: Dulce Nombre Septiembre de 1683. Europa vivía tiempos convulsos. A las puertas de la ciudad de Viena, 200.000 turcos a las órdenes del Gran Visir Kara Mustafá asediaban desde julio de ese año a la capital del imperio austriaco. Ante esta angustiosa situación, el Papa Inocencio XI, exhortó al rey Luis XIV de Francia:

“Te conjuro, por la misericordia de Dios, que acudas en auxilio de la oprimida Cristiandad, para que no caiga bajo el yugo del tirano. Dios te ha señalado con tan buenas cualidades, y a tu reino con tantas fuerzas y recursos, que creo estás llamado por la Providencia para lograr la más hermosa gloria. ¡Sé digno de la grandeza de tu vocación!”.

  • El francés desoyó las misivas del Santo Padre. Mientras a orillas del Danubio se recrudecía el asedio. Parecía inevitable la rendición de la ciudad. Las llamadas desesperadas del Papa, en cambio, fueron atendidas desde Polonia, y su Rey Juan Sobieski III, “El león del norte”, partió en ayuda del Emperador austriaco Leopoldo I.
  • Entre polacos, austriacos y otros pequeños efectivos que acudieron en socorro de la ciudad, lograron formar un ejército de unos 65.000 hombres que tendrían que luchar contra la potente maquinaria turca. Antes de llegar al sitio de Viena, los polacos visitaron a la Santísima Virgen en un santuario, encomendándose a Ella.
  • Al amanecer de aquel 12 de septiembre, y tras escuchar misa, dio comienzo la batalla, que podría abrir las puertas de Europa a los musulmanes, o bien devolver la libertad a los cristianos vieneses. La contienda se presentaba desigual, pero, según el rey polaco, la Providencia Divina les prestó una singular ayuda, para nada esperada, aunque si agradecida. Una oportuna tormenta de granizo castigó duramente al campamento turco, diezmando notablemente su poder ofensivo.
  • Al terminar la batalla, el rey de los polacos pronunció una celebre frase, que corrobora su convencimiento de la ayuda recibida en aquella histórica batalla: Veni, vidi, Deus vincit” (Vine, vi y Dios venció).
  • El 25 de noviembre de aquel año de 1683, el Papa Inocencio XI, estableció la conmemoración de la festividad del Dulce Nombre de la Virgen María el 12 de septiembre.
  • En Sevilla, muchos años antes, ya existía una hermandad, la de “GLORIA DEL DULCE NOMBRE DE MARIA”, erigida en la colla­ción de San Bartolo­mé. Y es que, una vez más, Sevilla se adelantó a la propia historia.

Juan Pedro Recio es graduado social e investigador