Altar de quinario del Buen Fin a la luz de las velas / JOSÉ JAVIER COMAS RODRÍGUEZ
Altar de quinario del Buen Fin a la luz de las velas / JOSÉ JAVIER COMAS RODRÍGUEZ

Altura de miras

El quinario del Cristo del Buen Fin ha dejado una de las estampas más conmovedoras, hasta ahora, de la Cuaresma
Por  0:09 h.

La Cuaresma va firmando sus líneas rojas en los días marcados del calendario. La historia ya permanece en un ecuador de emociones e imágenes que van dejando atrás recuerdos y estampas imborrables en la mente del cofrade.

La pasada semana, el antiguo convento franciscano de San Antonio de Padua volvería a vivir uno de los grandes hitos plásticos que cada año tienen lugar en la ciudad: su altar de quinario. Un envolvente teatro que ya es efímero pero que deja a las claras la forma de trabajar en la priostía del Buen Fin. Más de 260 puntos de luz, colocados milimétricamente, formaban un auténtico edificio de la fe según Sevilla. Un reflejo de otros tiempos que ha sido posible solo con trabajo, devoción y esfuerzo dirigido por los «arquitectos» Jesús Corral y Raúl Pérez.

Una semana, solo una semana de vida que ya es metáfora pura del hombre: Todo llega y todo pasa. Una fotografía que ya solo será producto de la imaginación y de los recuerdos vividos, que ya no existirá jamás. Así sucede todo. Solo hay que tener altura de miras.

Fotografías: José Javier Comas Rodríguez


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Javier Comas

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