Jesús Nazareno del Silencio, en la Campana
Jesús Nazareno del Silencio, en la Campana
TRIBUNA ABIERTA

Madrugada de 2015. Otra vez…

«No se debe incluir a las autoridades municipales para que tomen decisiones en las hermandades. A ellas hay que darles los acuerdos para ponerlos en práctica»
Por  10:51 h.

Y como no se tomen muy en serio las hermandades de la Madrugada y el propio Consejo (no me refiero a la Junta Superior, sino a las propias asambleas de hermanos mayores, no sé cuántas veces más podrán producirse y, posiblemente, por extensión a otros días, las mal llamadas «carreritas». De esa forma despectiva, casi sin darle importancia a los hechos, se denominó a las del año 2000. Entonces no convenía, y me imagino que ahora tampoco, aclarar política y definitivamente quiénes las habían organizado y producido.

En este comentario pretendo reflexionar sobre los hechos trascendentes acaecidos en la pasada Madrugada. Recuerdo, porque me correspondió sufrir esas infames «carreritas» como delegado de la Junta Superior, las que se repitieron en 2009, afectando a la Esperanza de Triana a la altura de la Magdalena. En vista de ello, se concertó al año siguiente una reunión en la Jefatura Superior de Policía de mandos y hermanos mayores de la Madrugada en la que se solicitó una clara y determinante voluntad política para terminar con esa especie de moda. Se tuvo en los años siguientes esa disposición para la Madrugada y transcurrieron sus procesiones con normalidad.

En los hechos ocurridos este Viernes Santo, en las que se han visto afectadas El Silencio y Los Gitanos, no sé, aún, si puede hablarse de una «organización» para su comisión y, consecuentemente, no se puede aplicar el viejo aforismo penalista: «El que es causa de la causa, es causa del mal causado.» En esta ocasión, desde mi perspectiva, ha habido varias causas. Una de ellas: no hay unión entre las propias hermandades de la Madrugada para reestructurar horarios e itinerarios, imprescindibles por su elevado número de nazarenos.

Es necesario y urgente evitar esa concentración, a concretas horas, en una pequeña área de la ciudad. O esto se lo toman en serio y acuerdan entre sus hermanos mayores, con el carácter y autoridad que les corresponde, lo pertinente o, posiblemente, alguien como la autoridad eclesiástica lo hará a instancias de la autoridad política, dentro de la neutralidad religiosa que le impone el artículo 16.3 de la Constitución.

Otra causa, originada por esa falta de unión, es no exigirle a la Junta Superior un delegado, propio, con experiencia suya o adquirida de los anteriores ajeno a cargos generales que ya tienen su particular afán, que se preocupara, sobre todo, de coordinar los distintos retenes no solo de policías nacionales y locales, sino del personal de seguridad necesarios en puntos y confluencias de calles en los que pueden producirse retrasos y alteraciones del orden.

Otra causa, también previsible, es que hay una serie cada vez más numerosa de personas que pasan de las cofradías y aprovechan esas horas no solo para tomar alcohol sino para mofarse y vituperar todo lo que suponga algo que tenga que ver con la religión y la Iglesia. Una más de las causas es que se ha perdido, por la indigestión de progresismo y populismo actual, todo sentido del respeto, proporción y medida de la que Sevilla siempre ha hecho gala y más en Semana Santa. Esa afrenta a unos lugares en los que se halla una cofradía representa un retroceso no de planteamientos religiosos, que desgraciadamente ya los hay en demasía, sino de los niveles de cultura que parecíamos haber alcanzado en la sociedad del bienestar.

Hay posibles soluciones. Los problemas que tienen las hermandades de la Madrugada quienes mejor los conocen son ellas y nadie se halla más capacitado para su posible desenlace. Después de mi experiencia, modestamente, me atrevo a dar algunas. Una es el cumplimiento de los distintos horarios con otros itinerarios. Es importantísimo -fundamental- para el normal desarrollo de sus estaciones de penitencia el llevar a rajatabla ese compromiso que adquieren todas en el este año afrentado cabildo de Toma de Horas. Ha sido lamentable por su falta de previsión. No se había producido nunca un cambio en el decreto de su aprobación. Otra posible solución es que tanto las hermandades se sientan plenamente acogidas y representadas en la Junta Superior a través de su delegado. Que no la consideren como un órgano de gestión de subvenciones, sino como algo suyo. Otra es la unión entre las hermandades de la Madrugada y éstas con las demás. Debe ser el conjunto de corporaciones que conforman esa jornada, apoyadas por el Consejo, no sólo la Junta Superior, sino al acuerdo de una asamblea de hermanos mayores, las que se dirijan a la máxima autoridad del Gobierno en ese cometido, léase ministro del Interior, interesándole una reunión y en ella una solución a esos acontecimientos vividos. Con la premisa por delante de la no salida en procesión si no se garantiza, al menos, el orden público, que conlleve a una tranquilidad a la hora de catequizar públicamente con sus Imágenes. Otra solución a tener en cuenta es que no se debe incluir a las autoridades municipales para que tomen decisiones en las hermandades. A ellas hay que darles los acuerdos que se adopten para que sus profesionales, a los que pagamos todos, los pongan en práctica. Son privativos de las hermandades sus horarios e itinerarios dentro del orden que se establezca por acuerdo de ellas, o por la Autoridad Eclesiástica. No pertenecen al orden civil sino al eclesiástico, y a él se deben.

Tratar las cosas sagradas sin respeto no significa ejercer algún derecho, sino el fracaso de cuantos esfuerzos se han hecho para construir una sociedad en armonía con todas las creencias. El Tribunal Constitucional alemán, en sentencia de mayo de 1995, señaló: «… la Cruz ha constituido siempre el símbolo específico del cristianismo… Para un cristiano, el crucifijo es objeto de veneración… Para el no cristiano, es la representación sensible de una convicción…» Y eso deben ser nuestras cofradías para los sevillanos que no ven en ellas una representación de la Pasión y Muerte de Jesús, si no, al menos, que las sientan como la representación sensible de algo que el resto tenemos desde siglos dentro de una convección profunda y transmitida con todo el cariño y desvelo por nuestros mayores.

Vicente García Caviedes
Exdelegado de la Madrugada