El Cachorro por el puente de Triana / JOSÉ GALIANA
El Cachorro por el puente de Triana / JOSÉ GALIANA
PÁSALO

Viernes de ceniza

Ya pesa lo suyo mandar en un paso como para encima echarte un peso muerto sobre tus hombros…
Por  13:02 h.

Más allá de sus fronteras naturales, marcadas por los ceniceros de los bingos y las candelas de las obras que se llevó la crisis, las cenizas suelen tener un uso tópico pero equívoco. Es voz de la calle lo que una señora hizo con las cenizas de su difunto esposo viendo al Cachorro el otro día. Desde aquí, con todo el respeto del mundo a la señora y a esa venerable y venerada hermandad, trataré de defender la sofocada reacción de uno de los capataces y de los costaleros que olieron a chamusquina, sabedores de que no olían a pabilo de candelería, sino a horno y no precisamente de San Buenaventura. Las cenizas que con todo el amor del mundo esparció la señora por la canastilla del Cachorro fue a caer también sobre gente que solo soporta las cenizas de los pitillos de su mujer en el baño. Solo allí. Y no en las hombreras del terno de mando. Que ya pesa lo suyo mandar a un paso como para cargar encima con un peso muerto…. Nooo, que es El Cachorro y no la Canina. Respeto máximo al dolor. Respeto sobrenatural a la hermandad de mi Rosco, de mi Fernando Briones y de mi Luisa Antúnez. Pero me cuesta hacerme al pronóstico climatológico de ver nevar cenizas sobre un paso o sobre los hombres de negro que mandan en los martillos. Quién quiera cenizas ya tiene el miércoles de ídem. Lo demás es acordarse del tetrabrik de Lopera, que llevaba más ceniza que la chaqueta de Isamel

Cuando murió el padre de Paco Lola, que Dios bendiga y lo tenga calentito y cerca de su vera, decidieron arrojar sus cenizas al río. El río lo fue todo para el padre de Paco Lola. Allí se eslomó un hombre trabajador para salir de las fatiguitas y las duquelas de un tiempo donde el ministerio más transitado era el del hambre y la ventanilla mas visitada la del pan negro. Se murió el padre de Paco y Paco y los amigos fueron a tirar las cenizas al río, al muelle de la Sal concretamente, cerca del quiosco que está frente a la Maestranza. Iban Paco, César Cadaval, Pepe el Mosca, El Cani, Álvaro Pozo y José Manuel Soto. Todos en el pantalán de lo más serio y solemnes como exigía la ocasión. Arrojó Paco la urna al río, pero flotaba. Flotaba mejor que el Juan Sebastián El Cano. Y no había manera de hundirla. Se miraron en silencio y decidieron actuar. Caritas blancas; rostros pálidos. Uno intentaba alcanzarla con un palo; otro tiraba piedras por delante de la urna para que las ondas lo devolvieran al pantalán y los restantes empezaban a sentir en la barriga el cosquilleo de las cosas serías que acaban riéndose de sí misma. Al final lograron hacerse con la urna del padre de Paco y Paco la destapó. Por el río sopló aire. Algunas cenizas se escaparon para ver de nuevo el Paseo Colón. Pero otras se estrellaron contra la cara de algún andoba. Que con toda la inspiración que da esta tierra, a mitad de camino entre el neorrealismo italiano y la tragedia griega, comentó:

-Paco, mi arma, tu padre está poco hecho…

Me recuerda el Soto otra muy buena que contaba Eduardo El Traga. Igualita que la que describe Gutiérrez Alea en su película «Los sobrevivientes». Uno que emigró a la Argentina para quitarse la jama regresó en forma de cajita de ceniza a sus familiares de acá. Los de acá sufrían los rigores del periodo especial del franquismo, donde la gente se comían los puños de las camisas porque no se había inventado el brazo de gitano. La cosa fue que, mal aconsejados por la jambre, los familiares de acá interpretaron que las cenizas era una especie de harina criolla con la que se podía cocinar. Y se la jamaron en forma de gachas o poleá. Menos mal que no hicieron croquetas como las de Casa Ovidio… En la película cubana de Gutiérrez Alea pasa lo mismo. Pero hay otros que son más radicales. Keith Richards, el más colgado de los Rolling, nos lo confiesa en sus memorias. Así me lo recuerda Estrella Caballero y, cada vez que puede, también me lo refresca Emilio Vieira: el tipo se metió las cenizas del padre. Desde entonces anda más colgado que el lagarto de la Catedral. Lo del tetrabrik de Lopera es tan conocido como la que lió el Beni después de muerto cuando arrojaron sus cenizas en la caleta. Fijarse bien dónde echáis las cenizas. Porque hay gente que no le coge el punto y lo nota poco hecho…