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Crítica de C’est la vie: Precisión y carcajadas

Aún más divertida que «Intocable», el gran éxito anterior de Olivier Nakache y Eric Toledano, y mucho más ácida, elaborada y milimétrica

La emoción de esta boda de risa
La emoción de esta boda de risa - ABC
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Aún más divertida que «Intocable», el gran éxito anterior de Olivier Nakache y Eric Toledano, y mucho más ácida, elaborada y milimétrica. El argumento es algo trillado y pasablemente bueno: la preparación de una boda en un magnífico castillo en la campiña. Pero la construcción de personajes y los distintos tonos y temperaturas en su relación son insuperables, y por ejemplo se nos describen ejemplares de boda cuyo solo recuerdo nos procura las mismas risotadas que durante la proyección, como ese fotógrafo genial y zampón, el cantante orgulloso, el cuñado holgazán, el novio cursi y anormal, su madre con ganas de pelea… una fauna digna del mejor documental de la jungla salvaje, capitaneada por el único ser sensato (o sea, que sabe que es un poco tonto, y no como los otros) de la función, que interpreta con enorme estoicismo Jean-Pierre Bacri. Además de reírse como hiena en tantas ocasiones que dificulta escuchar bien los diálogos enteros, uno puede asombrarse con el control de los tiempos, los movimientos y los momentos entre los personajes, en un perfecto bordado y una sorprendente coreografía en la que cada pieza, guasa, sarcasmo, sentimiento y carcajada, encaja de modo milagroso. Solo hay algo de lo que hay que prevenir al espectador sobre esta película: que no le apetezca troncharse de risa en público.