Locas de alegría (**): Asomarse al exterior

El trabajo de Valeria Bruni es un motivo objetivo -pero ya ven que yo no lo soy- para ver esta película

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Los cinéfilos que frecuentan festivales admiran a la actriz y realizadora Valeria Bruni Tedeschi por verla en películas que luego no siempre llegan a las pantallas comerciales. Es, un poco como ocurría Monica Vitti, esa mujer de aspecto un poco lánguido o desvaido que a veces se anima y nos sorprende con su vitalismo mediterráneo. Pero Valeria no es una esfinge: si su hermana Carla Bruni va de top model, Valeria es una belleza de Botticcelli.

Sirva este breve desahogo descriptivo como prólogo para explicar porqué el personaje que aquí encarna le viene como anillo al dedo a nuestra estimada Valeria: Beatrice es una loca, una loca «de cine» llena de aires de pasada grandeza que anda por el asilo psiquiátrico que la acoge como si paseara por la terraza de una mansión que sin duda alguna vez tuvo. Y ese lado distraido, esa como miopía existencial que siempre proyecta la actriz le viene aquí como anillo al dedo para encarnar a una mujer con una relación desenfocada con el mundo real.

El trabajo de Valeria Bruni es un motivo objetivo -pero ya ven que yo no lo soy- para ver esta película. ¿Lo demás? Hay otra loca, la interpreta la pareja del director pero no por eso mala actriz Micaela Ramazzotti, menos interesante: es loca porque sufre y es más de Ceesepe que de Botticcelli. La amistad entre las dos mujeres, su fuga del manicomio para asomarse al exterior y ver que el mundo que las hizo ensimismarse sigue siendo igual de cruel, todo eso, se plasma con competencia pero sin grandes alardes de inspiración.

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