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Crítica de Plan de chicas: Black is beautiful

Lo mejor del filme es Tiffany Haddish, que vendría a ser lo contrario de Audrey Hepburn

Escena de Plan de chicas
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Nadie piense que esta es una buena película; pero puede resultar más interesante que otras mejores, a quien le interesen los llamados estudios culturales (el contexto más que el texto de una película) y, sobre todo, a quien arrostrara el desprecio de cinéfilos serios por disfrutar con La boda de mi mejor amiga» o «Romy y Michele». En el fondo ambas razones convergen: hay toda una generación de grandes payasas (razón segunda) salidas de la tele como Kate McKinnon o Kirsten Wiig a las que solo les faltaría… hacer una película decente alguna vez. Mientras tanto propician (razón primera) un nuevo cine de/para mujeres, incluso con remakes de películas muy de colegas como la reciente versión «todo-chicas» de «Los cazafantasmas».

Aplicando la teórica al caso que nos ocupa: «Plan de chicas» entra de lleno en el masculino terreno del subgénero «resacón en…» con chistes escatológicos de no creer y un tono general de grosería que confirma nuestras peores sospechas sobre lo que pasa en las despedidas de soltera; además, transcurre en Nueva Orleans en el marco de un evento real, el Essence, un curioso retrato de cómo se ve a sí misma la cultura afroamericana.

Y, de final, lo mejor: Tiffany Haddish. Las otras actrices están bien pero todas, incluso la opulenta reinona Latifah, se hacen a un lado para que este incandescente ciclón negro con nombre de joyería famosa, y que vendría a ser lo contrario de Audrey Hepburn, se luzca hasta convertirse en una de las revelaciones de la temporada.