Festival de Cine de Málaga

Álex de la Iglesia: «El problema de esta sociedad es que somos personas de principios, no de finales»

El director bilbaíno fue el encargado de inaugurar la vigésima edición del Festival de Cine de Málaga con su película «El Bar»

Álex de la Iglesia, en el Festival de Cine de Málaga
Álex de la Iglesia, en el Festival de Cine de Málaga - FRANCIS SILVA

El Festival de Cine de Málaga abrió «El Bar» para reírse, asustarse e, incluso, ilusionarse. Tras un reconfortante paso por la Berlinale, la nueva película de Álex de la Iglesia inauguró la vigésima edición del festival malagueño entre aplausos y alguna que otra broma de Fran Perea y Manuel Vellés, los encargados de presentar la gala de inauguración ante un Teatro Cervantes lleno. La ceremonia contó con la actuación de Roko, el grupo Alto Voltaje Crew y el cantautor Jorge Drexler, además de la presencia de la bailarina y coreógrafa Luz Arcas. Entre el público, vimos representantes institucionales quisieron mostrar su apoyo como el ministro de Cultura, Íñigo Méndez de Vigo, la consejera andaluza Rosa Aguilar o el líder de Ciudadanos, Albert Rivera.

Álex de la Iglesia lo ha vuelto a hacer, ha vuelto a reinventar un género que ya había reinventado. Y para enseñárselo a Málaga no estuvo solo. Le acompañaron sus principales actores: Blanca Suárez, Mario Casas, Jaime Ordóñez, Secun de la Rosa y Carmen Machi. Con este «thriller» coral del cineasta bilbaíno, cominezan nueve días de cine en español.

Ha dicho que «El Bar» es su mejor película, ¿por qué?

No es nada nuevo. Los directores intentamos pensar que vamos hacia delante y creo que es la película más redonda que he hecho. Hacer un filme es como una especie de salto acrobático, tienes que hacer que todos los detalles encajen y esta vez creo que he llegado más lejos que con las anteriores, por el conjunto, no por nada en concreto.

¿De dónde sale esta idea?

Uno de los detonantes surgió en plena crisis por una enfermedad importante que no hace falta que diga cuál es. Justo el día en el que no me atreví a darle un beso a una amiga a la que veía todos los días y que estaba trabajando en el hospital donde se estaba haciendo todo. Ahí fue cuando pensé «¿qué me está pasando?». Otro fue el disfrute de contar una historia en un entorno cerrado. De pronto estábamos trabajando en «Las brujas de Zugarramundi» Jorge (Guerricaechevarría) y yo en el bar Palentino, en pleno Malasaña. Empezamos a pensar en qué ocurriría de pronto si se cerrara la puerta y no pudiera salir nadie porque estuvieran disparando fuera. Pero ¿quién está disparando? Piensas... un terrorista. Bueno, ¿y si no es un terrorista? ¿Y si es la Policía y el terrorista está aquí dentro? Pero qué ocurre si no es nada de eso y es otra cosa... Fue muy divertido.

¿Por qué en un bar?

En todos los lugares hay bares al igual que todo el mundo tiene miedo. Todos sabemos que esta sensación de seguridad en la que vivimos no es real.

¿Podemos decir que es un reflejo de la sociedad actual?

No intento hacer una película alegórica. Quiero hacer una película que cuente una historia, lo que pasa es que esa historia encaja con lo que yo siento en este momento. Era la sensación de que todos estamos atrapados en una situación sin salida en la que parece que no hay solución porque no nos ponemos de acuerdo, porque ponerse de acuerdo con el otro supone traicionarse a uno mismo, significa pensar algo distinto a lo que pensaba antes porque necesito llegar a un acuerdo con este señor. Entonces, lo que pensemos juntos no va a tener nada que ver con lo que pensaba él ni con lo que pensaba yo. Cada uno nos quitamos una parte de nosotros mismos y añadimos a nuestra personalidad una parte de la suya. Eso es el pensamiento común y eso es algo que nos cuesta muchísimo. Digamos que somos personas de principios y no de finales. Esa frase que decimos: «Sé fiel a ti mismo» a mí me parece un error. Hay que ser fiel al conjunto de la sociedad, no a uno mismo. Hay que entender que hay que aprender y el aprendizaje supone cambios y eso significa ir convirtiendo tu identidad en una distinta todos los días de tu vida.

El miedo tampoco ayuda

El miedo es el mecanismo de control más grande que hay, es el que te hace tomar decisiones que no tomarías. El origen del conflicto siempre es el miedo. Tú no tienes nada en contra de ese señor. Pero como ese señor te da miedo piensas «¿y si me traiciona él antes de que le traicione yo? Voy a traicionarle yo vaya a ser que me sorprenda». Ese es el origen de todas las guerras.

Entonces, todos podemos ser el malo

Sí. Soy bastante misantrópico a ese nivel.

¿Qué queda del Álex de la Iglesia de «El día de la Bestia»?

Queda prácticamente todo. No creo en la madurez, creo en el desgaste. Creamos nuestra personalidad entre los 18 y los 25 años y mantenemos la esencia, pero a partir de ahí vamos aprendiendo. Es la historia del perro apaleado.

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