Festival de Cine de Málaga

El trabajo que se oculta tras las cámaras, según la maquilladora Sylvie Imbert

El Festival de Cine de Málaga otorga el Premio Ricardo Franco a la maquilladora por su labor y la de su profesión detrás de la cámara

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«La niebla y la doncella» no fue la única protagonista del domingo del Festival de Cine de Málaga. La película de Andrés Koppel ha compartido las miradas con Sylvie Imbert. La maquilladora recibe el Premio Ricardo Franco que el Festival de Málaga y la Academia de Cine entregan cada año a los profesionales más destacados de los oficios técnicos del cine. «Es muy importante porque es un premio que reconoce los oficios del cine. Somos mucha gente detrás de la cámara», asegura Imbert.

Los maquilladores son un engranaje más dentro de lo que es el cine. «Detrás de una película no solo están los directores, los productores y los actores. Hay un cuero técnico enorme lo que pasa que no se ve, pero ahí estamos todos trabajando juntos», comenta Sylvie Imbert con unos impactantes labios rojos a juego con su manicura y su bolso.

El trabajo empieza antes de la película. «Tienes que hacer un estudio previo, hablarlo con dirección y con vestuario y con todo el mundo para que este personaje tenga una coherencia entre todos», relata. «Tengo que saber que tipos de colores va a tener el decorado o la vestimenta para saber que maquillaje utilizar, o, incluso, con qué calidad se va a grabar la película», añade.

Para saber qué deben hacer cada día, reciben una orden de rodaje. «Ahí nos dicen qué secuencia vamos a rodar, qué actores van a estar y tú ya sabes que tienes que hacer. Pero sabes que maquillar es lo primero. Te puede tocar que sea sentillo o que sea complicado; puede ser una hora de trabajo como pueden ser cuatro», cuenta mientras se coloca el pelo. Son los madrugadores del equipo. «Mañana por ejemplo entro a las seis de la mañana a trabajar y no es temprano en nuestra profesión. Otras veces he tenido que estar a las cuatro en maquillaje», recuerda.

Sin duda, para ella, dentro del rodaje hay unos superhéroes y esos son los actores. «A mí, muchas veces, por la mañana no me apetece por la mañana que me hable nadie. Pues ellos nos tienen que soportar a nosotros. Les tengo mucho cariños a los actores porque aguantan carros y carretas», comenta con gracia.

«Malena es un nombre de tango», de Gerardo Herrero, fue su debut en el cine español. En nuestra industria ha colaborado con una larga lista de directores como Alejandro Amenábar, José Luis Cuerda, Álex de la Iglesia, Fernando Trueba, Paula Ortiz, Isabel Coixet o Pablo Berger, entre otros. Entre las más de cincuenta películas en las que ha trabajado también figura «La llamada», de los debutantes Javier Ambrossi y Javier Calvo. Sin embargo, aún le falta uno: «Almódovar, sin duda. Ojalá algún día quiera trabajar conmigo».

De traductora a maquilladora

Imbert llego a España en los años 80 para un fin de semana. «Está siendo el más largo de mi vida», cuenta sonriente Imbert. Antes, era traductora en la ONU así que comenzó como traductora en los rodajes que hacían los estadounidenses en España. «Hay buen tiempo, platos exterioes maravillosos y unos técnicos de grandísima calidad», comenta. Su evolución de traductora a maquilladora sucedió de forma muy natural, «de estar mirando». «Me atrapó. La aprendí desde abajo, que es de donde yo creo que se tiene que hacer. No hay que querer ser maquillador poque yo he estudiado maquillaje si no yo estoy para llevar tus maletas y luego ya confiarás en mi para limpiar una brocha bien... He aprendido el maquillaje desde la disciplina y por eso estoy donde estoy», afirma.

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