Mindhunter

Kemper, el necrófilo californiano

Uno de los atractivos de «Mindhunter» es Ed Kemper, cuyo testimonio ayudó a perfilar a este tipo de asesinos

Imagen de «Mindhunter»
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En «Mindhunter» (Netflix), David Fincher adapta el libro del mismo título en que el ex FBI John E. Douglas cuenta cómo a base de entrevistas desarrolló el perfil psicológico del «asesino en serie» durante los años 70. Douglas inspira el protagonista, Holden Ford, y ya había sido modelo para el agente Jack Crawford de «El silencio de los corderos». Los derechos del libro los compró Charlize Theron.

Otro atractivo de «Mindhunter» es Ed Kemper, el necrófilo californiano que asesinó y decapitó a varias colegialas autoestopistas. La interpretación de Cameron Britton es sorprendentemente fiel, aunque evita las señales de emoción que Kemper sí manifestaba. Douglas lo corrobora en el libro: sólo al hablar de su madre perdía la tranquilidad.

Lo que Kemper contó de sí mismo contribuyó a perfilar a este tipo de asesinos. De niño mutiló a sus gatos, y ese sadismo con los animales ayudó a confirmar la «tríada homicida», que junto a la enuresis nocturna y la afición al fuego alertan de la violencia en el niño. Su admiración frustrada por la policía y su forma de insinuarse en la investigación también acabaron siendo rasgos reconocibles.

Douglas se plantea en el libro si el criminal nace o se hace, y con Kemper concluye que fue lo segundo. La ira de sus asesinatos era una forma de venganza contra la «dominante figura femenina de la madre», que de niño lo encerraba en un sótano para alejarlo de las hermanas. Después de matarla se entregó. Aplastó su cráneo con un martillo, la decapitó y jugó a los dardos con su cabeza; aunque le arrancó la laringe «siguió oyendo sus gritos». Kemper estaba tan acostumbrado al rechazo que sólo podía «tener» a una mujer si estaba muerta.

Pese a todo, Douglas reconoce que Kemper «le gustaba»: «Era amable, abierto, sensible y tenía sentido del humor. Hasta donde puede decirse, disfruté estando con él». La escena final, cuando los dos se quedan solos, sucedió en realidad, aunque le ocurrió al agente Ressler (el gran Bill Tench). Estuvo a merced de un asesino de más de dos metros. Años después reconoció que fue un error provocado por el «síndrome de Estocolmo». Los agentes temieron todo el tiempo que el «encantador» Kemper, con un CI de 145, fuera más brillante que ellos.

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