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Así son los magos de la ficción en España

Cuatro guionistas y productores ejecutivos de la ficción española hablan para ABC sobre los secretos de su oficio

Ramón Campos («Fariña»), Javier Olivares («El Ministerio del Tiempo»), Aitor Gabilondo («Vivir sin permiso») e Iván Escobar («Vis a vis»)
Ramón Campos («Fariña»), Javier Olivares («El Ministerio del Tiempo»), Aitor Gabilondo («Vivir sin permiso») e Iván Escobar («Vis a vis») - Matías Nieto
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Son los animadores en la sombra de nuestras conversaciones en el trabajo, en el bar y en las reuniones familiares. «Ahora conoces a alguien y le preguntas qué series ve», comenta uno de ellos. La respuesta es más significativas o nos identifica más que la ideología, la música o el equipo de fútbol. ABC reunió a cuatro de los principales creadores de la ficción española, que aúnan el trabajo de escritores y productores ejecutivos. Es casi imposible que el lector no haya sufrido, reído o se haya emocionado con alguna de sus ideas o líneas de guión, de «Los Serrano» a «Fariña», de «El Príncipe» a «Vis a vis», de «El Ministerio del Tiempo» a «Gran Hotel». Aunque todo tiene su lado negativo: «El oficio engorda», aseguran.

Su figura es reciente -con antecedentes ilustres, como Chicho y Jaime de Armiñán- y todavía hay más hombres que mujeres. Por motivos de agenda, de hecho, no pudo venir ninguna. Sí lo hicieron Iván Escobar, Aitor Gabilondo, Javier Olivares y Ramón Campos, quien abre fuego y define su función: «Es una mezcla de guionista y productor ejecutivo. Showrunner no, que parece que nos hacemos los chulos. Una de nuestras primeras labores es la venta. Hay que convencer a unos señores de que nuestra idea es buena para la cadena y que los espectadores la verán. Son dos públicos distintos».

Olivares difiere en parte: «Las cadenas son tu cliente, pero el verdadero cliente es el público. Cuando nuestras series triunfan fuera, suelen ser historias que los ejecutivos miraron de reojo. Y todas tienen un escritor-productor detrás. El boom de la ficción española tiene esas características por las que nos hemos dado con la cabeza en la pared tantas veces».

Vender, por otro lado, puede ser un dramón. «Vales tu último dato. Si vienes de un 8% tienes problemas», explica Escobar. «Es diferente una discusión después de “Tiempos de guerra”, que está bien pero no renueva, que después de “Fariña”», confirma Campos. «El ejecutivo también es una persona, tiene un gusto personal. Debes seducirlo como espectador, como ejecutivo y como parte del negocio». «Hay que convencerlo de que no la va a cagar», resume Gabilondo.

Trucos para vender

«Debes saber a quién vendes», prosigue Campos. «Yo al principio preguntaba a qué se dedicaba el marido o la mujer del ejecutivo. Si era dentista, colocaba uno». «Tiene algo de vendedor de crecepelos del Oeste», suelta Escobar. «Vendes humo que comparan con cosas que ya existen», aporta Gabilondo. Es más fácil proponer «Hispania» como un «Gladiator» cutre o «Gran Hotel» como el «Downton Abbey» español. «Porque cuando un directivo no tiene a qué agarrarse, lo pasa mal», justifica Campos. «Convencer de algo que no se ha hecho nunca es peligroso». «Por algo no se ha hecho, te dicen», remata Gabilondo.

Pero el oficio también apunta «hacia dentro». Campos resume en una línea fantástica cómo explicó a los suyos el tono que buscaba en «Gran Hotel»: «Les enseñé un cuadro de Sorolla de dos chicas caminando por la playa y les dije: id por ahí». Gabilondo añade otra cualidad imprescindible: «Al principio necesitas sangre muy caliente para levantar un proyecto de la nada, pero luego te tienes que enfriar, tomar distancia, ir reconduciendo». «Sé que suena muy metafórico», interviene Iván Escobar, «pero para mí es tener una mirada». «Es como un equipo de rugby. La democracia no funciona. Hay que tener una mirada, sea errónea o no, imponerla, tomar decisiones». «También hay que darse cuenta de que no puedes caer bien a todo el mundo. Si ves que un capítulo no funciona, no puedes ser políticamente correcto». «Es cuando te empiezan a dejar de invitar a las fiestas de rodaje», apunta Campos entre risas. «La primera vez es demoledor. Preguntas dónde están todos y piensas: ¿por qué nadie me avisó? Y organizas tu fiesta con dos pringados».

Un momento del encuentro en ABC con Campos, Olivares, Gabilondo y Escobar
Un momento del encuentro en ABC con Campos, Olivares, Gabilondo y Escobar-F. M. B.

Los resultados compensan. «Cuando comencé a hacer series de televisión en los 90, eran un subproducto que no se valoraba, las ligas inferiores del cine, de los que empezaban», recuerda Gabilondo. «Con el paso del tiempo y los avances, ahora hay televisión que parece cine y las plataformas han abierto aún más el mercado. El público y la industria lo han ido valorando».

«A mí me sorprende el paso cultural del concepto serie, que antes tenían los libros, la música o las películas», añade Escobar. «Para mí, la manifestación cultural que representa el último siglo son las series», declara el creador de «Vis a vis», quien sin embargo critica algunas exageraciones convertidas en lugar común: «De forma megalómana se dice que Shakespeare hoy escribiría culebrones, pero es un poquito pretencioso».

Escasez de mujeres

Ramón Campos cree que es «casual» que no haya más creadoras. Él mismo fundó Bambú y parió todas sus series con Teresa Fernández-Valdés. El cuarteto cita excepciones (Laura Belloso, Pilar Nadal, Laura Caballero...), pero el porcentaje es menor que el de directoras o guionistas. Alguno se pregunta si «les resulta más difícil o solo les apetece ser guionistas». «Yo tengo muchos escritores que no quieren ser productores ejecutivos ni hartos de vino», dice Campos.

«La mayoría no quiere», corrobora Gabilondo. Escobar expone que el cargo conlleva «dos mil disgustos»: «Como guionista te llevas menos y estás más cerca del texto, que es lo que más me gusta. Me resultan ajenas esas reuniones monetarias». A cambio, admite, «la mirada sobre la obra se logra desde la producción ejecutiva; discutes montajes, música, directores...». «Tienes mayor autoría, si se puede hablar de eso en televisión».

Pero ni siquiera ser «un simple guionista» es fácil, menos aún mantenerse. El siguiente diálogo entre los invitados es una pequeña clase magistral:

–Ramón Campos: Yo tengo chavales nuevos que alucino, pero luego ves a otros con un currículum muy largo que empieza a pesarles. A sus capítulos les falta amor y vida.

–Iván Escobar: Hay gente que lo ve todo, pero es diferente ver y escribir. Algunos lo ven todo y no saben nada.

–Aitor Gabilondo: Hay que vivir, leer el periódico, que te pasen cosas...

–J. O.: Yo les mandaría leer ensayo, la Poética de Aristóteles, el mejor guión de la historia. Hay que tener un pensamiento. El guionista tiene que imaginar, no replicar.

–A. G.: Al final todas las series se parecen. Lo que cambia es el punto de vista, y eso te lo da tu individualidad.

¿Las series son arte o industria? «Para mí una industria», salta Campos. «Yo sé la serie que haría y la que tengo que hacer, y la segunda gana casi siempre». Olivares replica de nuevo: «Entiendo la industria, pero yo estoy aquí porque me interesa crear y eso debe tener un sello. Entiendo el mecanismo, pero no me influye tanto». ¿Hay fracasos que saben a éxito? «Si fracasa de público, yo, como Ramón Campos, creo que no está bien hecha, que no he cumplido mi objetivo».