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«Hoy no podríamos soportar los olores y la suciedad de la Sevilla del siglo XVI»

Juan Ignacio Carmona García recoge en su libro «La peste en Sevilla» las condiciones de vida de los sevillanos en la época moderna

El catedrático Juan Ignacio Carmona García es autor de «La peste en Sevilla», «La otra cara de la Sevilla imperial» y «Crónica urbana del mal vivir, insalubridad, desamparo y hambre en Sevilla»
El catedrático Juan Ignacio Carmona García es autor de «La peste en Sevilla», «La otra cara de la Sevilla imperial» y «Crónica urbana del mal vivir, insalubridad, desamparo y hambre en Sevilla» - JUAN FLORES
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La serie «La peste» ha generado gran interés por los efectos de la enfermedad en la capital andaluza en en siglo XVI. «La imagen tenebrosa que nos traslada de la ciudad no es exagerada», según Juan Ignacio Carmona García, catedrático de Historia Moderna en la Hispalense y autor de «Las peste en Sevilla», donde recopila todos los brotes habidos desde 1350. Las ratas deambulando por las chabolas, la pobreza, el hambre, la falta de higiene, el descontrol cuando surgían epidemias de «pestilencia»... Así era la Sevilla del siglo XVI, algo difícil de entender y soportar por un ciudadano del siglo XXI.

P - -¿Por qué un libro sobre todas las epidemias de peste en Sevilla?

R - -Porque no se puede estudiar la Historia Moderna sin tener en cuenta lo que significó la peste en el XV, XVI y XVII, por las indidencias económicas y sociales que tuvo en toda Europa y, por supuesto, en Sevilla. Empecé a trabajar sobre los hospitales y las enfermedades en la época moderna en Sevilla, cuando había tres grandes asesinas: la peste, el tifus y la viruela. Cuando no atacaba una, atacaba la otra. De las tres, la que causó más muertos en los siglos XVI y XVII era la peste. La letalidad de la peste bubónica era del 70% de los infectados.

P - -Es usted el mayor especialista en las epidemias de peste que ha vivido en Sevilla. Sospecho que su obra «La peste en Sevilla» ha sido el libro de cabecera de los guionistas de la serie de Movistar. ¿Se pusieron en contacto con usted?

R - -Un documentalista de la serie se puso en contacto conmigo y me entrevistó en el hospital de la Sangre. Me ha sorprendido y me sigue sorprendido que ni mi nombre ni mi libro sobre la peste hayan aparecido como bibliografía usada porque, salvo la mía, no hay ninguna otra investigación científica que haya recopilado en un solo libro todas las epidemias de peste de Sevilla.

P - -En su libro subraya la falta de higiene en la época moderna moderna en Sevlla.

R - -Es que incluso en la literatura médica de la época había un rechazo al baño y la limpieza en general. La gente no se aseaba porque existía la creencia de que al lavarse el cuerpo se abrían los poros y era más fácil contraer cualquier enfermedad. Para los médicos de la época la limpieza se definía por la ropa. Un individuo era limpio cuando su ropa estaba limpia porque se pensaba que la mugre o suciedad corporal se pegaba a la ropa. La tradición islámica de abluciones y baños se había perdido porque se consideraba que los baños públicos eran lugares de corrupción, de promiscuidad...

P - -Los olores en aquella época debían ser intensísimos. ¿Un ciudadano del siglo XXI podría aguantarlos?

R - -Ni 24 horas (risas). La falta de higiene y salubridad de la época es difícil de imaginar para nosotros. Las calles de la ciudad eran auténticos vertederos, estaban llenas de basura, de mierda, de excrementos, las calles se inundaban constantemente... En mi libro «Crónica urbana del malvivir» explico esas condiciones de vida que se daban en Sevilla en los siglo XV al XVII. El libro «El perfume», de Patrick Suskind, describe muy bien los olores en el siglo XVIII, cuando olía mal en todos lados, en los palacios y en las chabolas; olía mal el rey y el pobre, el campo y la ciudad. Había una alcantarillado pero deficiente. El agua venía de determinadas manantiales pero las conducciones eran lamentables y el agua llegaba contaminada, en las fuente bebían animales y personas... Los ciudadanos del siglo XXI no serían capaces de vivir en la Sevilla del siglo XVI porque no podríamos asumir esas condiciones de sanidad, alimentación, salubridad, higiene...

P - -La peste la traían las ratas y las pulgas eran el mecanismo de infección a humanos. ¿Los efectos eran menos devastadores en las familias ricas que en las pobres?

R - -La pulga no era selectiva y la peste no hacía distinción entre ricos y pobres. La población de Sevilla en la época moderna estaba constituida en las tres cuartas partes por una población muy humilde, empobrecida. Eso explica que la inmensa mayoría de afectados fueran gente pobre, entre las que había una mayor presencia también de ratas. No era lo mismo una casa señorial que una chabola. Las condiciones higiénicas y el hacinamiento no determinaban el contagio pero si influían mucho en la propagación. En el momento en que había la más mínima alerta de que podía darse un brote de peste, la gente rica se iba de la ciudad, pero ni eso les salvaba porque un arzobispo salió de Sevilla y murió también de peste. No por estar más alimentado o estar más grueso se estaba en mejores condiciones para enfrentarse a la peste. De hecho, murieron reyes, arbzobispos... de la peste.

P - -Algunas fuentes apuntan a que la peste de 1649 la trajeron a Sevilla unos gitanos desde Cádiz.

R - -Yo no me atrevería a decir eso con la documentación que existe. Es muy difícil aclarar cuándo se produce el momento exacto de infección y por qué. Una evidencia histórica es que Triana fue la primera afectada por ese brote de peste pero eso se explica por su tradición marinera. Triana era normalmente casi siempre el kilómetro cero de los brotes de peste que llegaban desde el Mediterráneo. Se puede decir que la peste llegaba por el río. De hecho, la peste se propaga en los puertos a través de las ratas que vienen infectadas. La peste bubónica no se contagiaba por contacto ni por el aire, sino fundamentalmente por las pulgas de las ratas.

P - -Hasta finales del siglo XIX no se descubre el microorganismo que provoca la peste. ¿Daban los médicos palos de ciegos?

R - -Los trabajos médicos del siglo XIX siguen hablando de la teoría miasmática porque se creían que la infección se producía por el aire. Como no se sabía la causa que producía la peste, los médicos daban palos de ciego. Es más, se detecta en la documentación la impotencia de los médicos al admitir que no saben qué hacer. Limpiaban los bubones, hacían sangrías, ponían pomadas... y poco más. La medicina de aquella época era, con perdón, asquerosa, ya que se llegaban a usar polvos de rana y excrementos. La medicina no tenía ningún medicamento apropiado para combatir la peste. Como se creían que la peste se contagiaba por la infección del aire, se intentaba purificar el aire quemando hierbas aromáticas, algo que era absolutamente inútil.

P - -Muchos ciudadanos enfermos se encomendaban a Dios en las epidemias de peste.

R - -Claro, porque la idea más generalizada es que la peste era un castigo divino. De ahí que hubiera en los brotes de peste muchas procesiones y rogativas para pedir el perdón de dios, que precisamente favorecían más los contagios por la alta concentración de personas. El Corpus de 1649 se celebró porque se impuso el criterio de la Iglesia, aunque en un ambiente desolador, de tristeza, porque muchas de las personas que participaban en la procesión habían muerto.

P - -En la serie televisiva «La peste» se ve a un chaval matando ratas y recibiendo dinero por ello. ¿Era para quitarlas de en medio porque sospechaban alguna relación con la enfermedad o porque proliferaban?

R - -En el siglo XVI, XVII y XVII nadie sospechaba que las ratas tuvieran alguna relación con la peste. En la serie no se explica si es que esas ratas son para comerlas o para eliminarlas.

P - -Cuando se declaró finalizada la epidemia hubo directrices sobre lo que se tenía que hacer con la ropa y joyas de los muertos. ¿Se cumplían?

R - -Se consideraba que todo lo que había estado en contacto con apestados estaban infectados pero a pesar de ello las joyas y el dinero se robaban. Era tal el nivel de pobreza y necesidad que mucha gente no dudaba en asaltar las casas de los muertos por peste. Se dijo que la ropa de los difuntos debía arrojarse a la calle y organizar las hogares para quemarlas, pero generó una controversia importante porque había bastante gente que pensaba que el humo producía una mayor infección del aire. Las normativas se sucedían pero no se cumplían porque había mucha desorganización y descontrol con las epidemias, lo que hacía que gente que vivía en harapos la robara para ponérselas o para revenderlas. Se cerró la ciudad pero había escombreras tan altas, llamadas muladares, que la gente las usaba para subir por encima de la Muralla, que además tenía agujeros. Para comprender todo esto hay que situarse en un año de la peste en que la gente estaba muriendo a mansalva, las autoridades se quitaban de en medio, no había jerarquía social, no había moralidad ni ética ni comportamientos normales... No hay forma de racionalizar aquello con la mentalidad de hoy.