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Música

Amaia y Alfred, no hay futuro para las víctimas de Eurovisión

Para los artistas españoles el festival no es un trampolín, es una maldición que deja estigma

Vídeo: Amaia dedica un emotivo vídeo a Alfred - Reuters
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Bueno, pues ya está. Hemos vuelto a hacer el ridículo. ¿Por quedar cuartos por la cola? Qué va. Al menos a eso ya estamos acostumbrados. Es por la canción. Resulta incomprensible que los responsables de elegir la tonada que nos representa en la cita sigan sin entender que lo que gusta en Eurovisión son las canciones que generan emociones, las que por un motivo u otro, hacen que te lata bien fuerte el corazón. No las que hacen que se te pare de aburrimiento. En este festival vale incluso la vergüenza ajena, pero nunca el sopor. En comparación con «Tu canción», una composición quizá válida para un musical infantil, hasta el gallo de Manel fue emocionante.

El rubio de Sabadell sigue dando conciertillos por ahí, tratando de recomponer los trozos de una carrera musical que estalló en mil pedazos en una milésima de segundo. ¿Y qué hay de Barei, la chica que nos representó en 2016? Si no le suena de nada el nombre no es sólo por mala memoria: ahora mismo está de promoción presentando un nuevo disco y tampoco se ha enterado, ¿verdad? Es porque (lo siento, Bárbara) no interesa a nadie. Hace mucho tiempo que Eurovisión, para los nuestros, no es un trampolín. Es una picadora de carne.

Al menos, a Manel y a Barei antes no los conocía nadie. Pero a Amaia y a Alfred sí. No les hacía ninguna falta ir a Lisboa. Es más, ha sido un marrón para ellos. Sobre todo por la canción que se han visto obligados a defender, un tema tan soso que resulta imposible creer que les gustase lo más mínimo, y que al pobre Alfred no le iba nada bien. No hay vez que no lo cante fuera de tono.

No son pocos los que creen que el novio de la ganadora de OT no tiene futuro. Aunque miren a Pablo López. Nadie daba un duro por él, y ahora mismo es una estrella del pop nacional. Suerte que no le enviaron a Eurovisión.

A galeras

Alfred ya ha empezado a grabar su primer disco, del que ya dio algunas pistas en su reciente entrevista con ABC. «Quiero que tenga una sonoridad diferente, que beba de las producciones acústicas de Rick Rubin. Pero también tengo mucha influencia del rock argentino. Hay grandes músicos como Alejo Stivel, Leiva o Rubén Pozo, que tienen esa sonoridad de himno que yo quiero buscar», explicaba el cantante catalán. Habrá que esperar a ver cómo cocina el mejunje en el estudio (sin Rick Rubin, obviamente: si el productor estadounidense escuchase «Mi canción» le mandaría a galeras), pero también a cómo cuaja el boicot a su carrera que ya tiene preparado el sector del público que no tolera su ambigüedad con el independentismo catalán. No lo tiene nada fácil, el muchacho.

Amaia lo tiene mejor, eso es evidente. Aunque no tenga la labia de su compañero, su talento vocal y su carisma es infinitamente superior. Pero en su contra está el estigma del enésimo fracaso en Eurovisión y el hecho de que no parece tener nada claro por dónde tirar. Todo dependerá de cómo la moldeen, y de hasta qué punto aguante el manoseo de los creativos de su discográfica. A ella tampoco le gusta «Mi canción» (¿eres fan de Exnovios y pretendes hacernos creer lo contrario? Venga ya...), y si pretenden ir por ese camino de gominola el proyecto puede irse al garete en cuestión de meses.

Mientras, Aitana y Ana Guerra siguen subiendo como la espuma. Qué alivio no haber tenido que subir al escenario de Lisboa, ¿eh chicas?