Hoy en Cuatro (22.30)

«Grupo 2», la magnética e impactante historia de los precursores de «CSI»

La nueva serie de Cuatro, con toques de documental, recuerda la labor de los agentes que en los años ochenta trabajaban en la brigada de homicidios de Zaragoza

Los actores de Grupo 2 están inspirados en agentes reales CUATRO
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Antes de que «CSI» nos sumergiese en el mundo de la investigación criminal, ya había unidades especializadas en resolver homicidios. Trabajaban con herramientas de análisis forense rudimentarias, en comisarías llenas de humo, con el sonido de fondo de las Hispano Olivetti y bajo la luz de unos tenues flexos. En este ambiente, el Grupo 2 de homicidios, afincado en Zaragoza, logró resolver durante los años ochenta hasta el 90% de los casos que caían en sus manos. Ahora, en pleno boom de la ficción criminal, se convierten en los protagonistas de «Grupo 2», la nueva serie con toques de documental de Cuatro (hoy, 22.30).

«La televisión y la literatura están llenas de crónica negra y nos apetecía hacer ficción policiaca. Tras nuestro primer contacto con los agentes de homicidios, vimos que la realidad escribe las historias más duras, y que poco tienen que envidiar a los grandes casos. Como no queríamos hacer un documental con reconstrucciones ni una ficción basada en hechos reales buscamos un híbrido que mezclase dos géneros antagónicos. Se ha hecho poco, que en medio de un capítulo aparezca el personaje real aportando información complementaria. Así surgió esta serie, que tiene sus tramas y sus actores pero introduce un protagonista nuevo: la realidad», explica Roberto Roldán, creador de la ficción cuya primera entrega se estrenó con gran éxito en Aragón TV (casi 200.000 espectadores y un 22,4% de cuota de pantalla). El equipo, que eligió esta zona y época porque eran muy «cinematográficas», no se dejó deslumbrar por el brillo de los casos mediáticos, sino que buscó temas resueltos y que hubieran tenido cierto recorrido, como el del secuestro de Quini. «No queríamos superpolicías de serie americana, sino agentes reales con los que se pudiera identificar el espectador», añade el director.

Uno de estos agentes es Luis Arrufat, el inspector Miguel Barea (Rubén Martínez) en la ficción. «Es indescriptible que alguien esté haciendo de ti estando vivo. Aún no me he adaptado del todo, pero es muy emocionante cuando mis hijos ven la serie y me dicen “Pero si eres tú, papá», cuenta Arrufat, ya jubilado, que tras estudiar en un seminario decidió hacer las oposiciones a policía. «En cada episodio les destripaba todo lo que pasó. Entonces ellos hacían el guión, y lo corregía, se lo pasaban al actor y luego nos reuníamos a tomar un café y lo comentábamos. Así Rubén no solo veía lo que pasó, sino también mis sentimientos», añade. «Los intérpretes se han ido impregnando con nuestro carácter. Esta profesión es muy profesional, imprime carácter. Yo ahora los veo y pienso que son un policía más. A veces los actores tienden a sobreactuar, pero esto es mucho más reflexivo», añade Andrés Martín, en la serie Alberto Campo (Jorge Usón).

Al igual que sus nombres han sido cambiados, también han protegido la identidad de víctimas y asesinos. «Los crímenes dejan secuelas tremendas para la víctima, su entorno y también para la familia de los autores. Dejan tras de sí otra tragedia, una huella imborrable. Yo me acuerdo de casi todos los casos. Esta serie nos ha removido mucho, nos hemos reencontrado con familiares, madres e hijos de las víctimas», apunta Martín. «Las muertes que no se resuelven se quedan con nosotros. Te preguntarás cómo se puede vivir con eso. Pues igual que el que trabaja en otro sitio. Enseguida pasamos a otro caso, renaces. No es tan traumático porque igual estábamos tres o cuatro días con cada crimen», recuerda Arrufat. Pese a todo, ambos coinciden en que nunca se deja de ser policía. «¿Tú dejarás de entrevistar?»

Moda criminal

«Making a murderer», «The jinx», «Amanda Knox», «Capturing the Friedmands» e incluso más cerca de la ficción «American Crime Story: El pueblo contra OJ Simpson». La crónica negra que asalta la televisión es imparable. «Es cierto que nos gusta lo truculento, pero es que en estas aventuras empiezas de cero, reconstruyes la vida de la víctima, la vives con él otra vez, ves en qué ha fallado su asesino, y eso es el cúlmen del placer, poderlo detener. Y eso lo puede vivir el espectador desde casa», cuenta emocionado Arrufat. En la ecuación perfecta de los creadores, esta serie incluso podría ayudar a resolver algún caso. «Aportar un granito de arena estaría muy bien, pero es muy complicado, estos casos ya están resueltos y han pasado cerca de treinta años», reconoce el creador. Quién sabe, el actual Grupo 2 de homicidios acaba de resolver un caso de 1992.

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