Voluntarios que dan forma al Proyecto Samuel de Caritas en La Inmaculada de Alcalá
Voluntarios que dan forma al Proyecto Samuel de Caritas en La Inmaculada de Alcalá - A.M.
Proyecto Samuel

Una parroquia en lucha contra la exclusión de niños y jóvenes

Un grupo de voluntarios desarrolla un completo programa de actuación social en la feligresía de La Inmaculada

Alcalá de GuadaíraActualizado:

En Caritas de la parroquia de La Inmaculada de Alcalá han puesto el foco en los menores del barrio que están en riesgo de exclusión social en una zona de la ciudad donde son muchas las necesidades en esta materia. Con este objetivo han dado forma al Proyecto Samuel, un programa integral que trabaja a través de profesionales voluntarios cada caso para dar a los niños y jóvenes del barrio un impulso hacia un futuro mejor.

La iniciativa lleva catorce años en marcha y sus frutos son muchos. Han logrado que jóvenes que iban camino de una vida de exclusión se normalicen en la sociedad.  Pero ahora han decidido darle un nuevo enfoque, más especializado y centrado en las necesidades concretas de cada caso. Cuentan con la experiencia de estos años en los que han afrontado situaciones muy duras, carencias que por su cercanía ellos detectaban mientras pasaban desapercibidas para las administraciones. Hasta ellos han llegado cientos de casos de familias desestructuradas,  menores que llegan tarde al colegio porque no saben a qué hora empieza o que tienen problemas de higiene. Otros con problemas de agresividad y con dificultades para manejarse en ámbitos públicos. La feligresía abarca también zonas marginales en el extrarradio con asentamientos chabolistas incluidos.

El programa comenzó centrándose en el refuerzo educativo a modo de clases de apoyo, pero ha ido tomando una dimensión mucho mayor. Ahora los objetivos se centran en un desarrollo integral de las personas que atienden. Se trata de cuestiones como mejorar la autoestima, la capacidad para trabajar en grupo, lograr la aceptación de normas cívicas y de comportamiento social o la creación de hábitos saludables. Una de las cuestiones que detectaron los responsables del proyecto como carencia en muchos de estos menores era que no conocían más que la realidad de un entorno muy reducido. Por ello en la nueva etapa del programa incidirán en cuestiones como darles a conocer otras formas de ocio, como el deporte o a que entren en contacto con la naturaleza. Algunos niños no han ido nunca a un parque. Llegan a plantearles retos como coger un autobús a Sevilla e informarse de algo. Y también organizan campamentos de verano y salidas extraordinarias.

La metodología que quieren implantar a partir de ahora tiene un enfoque individual por lo que han reducido el número de personas a las que van a atender. Llegaron a ocuparse de más de cien. Ahora se centrarán en los casos más graves. Esto les permitirá también trabajar con las familias, un aspecto que han descubierto que es una de las claves para que el resultado sea efectivo. Las herramientas que emplean son talleres socioeducativos, refuerzo escolar muy necesario en un barrio con colegios con altas tasas de fracaso escolar, grupos de resolución de conflictos o talleres grupales con las familias. Atienden a niños y jóvenes de los 6 a los 18 años.

De todo ello se encarga un equipo de 20 personas voluntarias entre las que hay trabajadores sociales, educadores sociales, maestros, licenciados en Pedagogía, personal cualificado en Sanidad, educadores de calle, animadores o integradores sociocomunitarios.

Cuentan con las dependencias parroquiales, pero tienen problemas de espacio. Su objetivo es lograr construir un centro específico para el proyecto en los terrenos aledaños a la parroquia que sea un espacio a disposición de los niños y las familias del barrio.

Sin cerrar la puerta a nadie, ya que han tenido también niños musulmanes, en toda su labor se basan en los valores cristianos, que intentan también inculcar. Y tienen  como máxima un lema de Don Bosco: «el niño tiene que sentirse amado».