María del Carmen Rodríguez ha dedicado años a recopilar expresiones populares de Alcalá
María del Carmen Rodríguez ha dedicado años a recopilar expresiones populares de Alcalá - A.M.
Vocabulario

Un tesoro en forma de palabras con acento de Alcalá de Guadaíra

Una profesora recopila en un libro más de 500 términos de uso popular en la localidad

Alcalá de GuadaíraActualizado:

Cómo quien recopila un ajuar para dejarlo a las generaciones venideras María del Carmen Rodríguez Reina ha metido en un cofre en forma de libro uno de esos tesoros que suelen pasar desapercibidos desgastado el brillo de sus piezas por el uso cotidiano: las palabras que definen a una colectividad, las que al pronunciarlas le dan a quien las dicen filiación en un lugar del mundo. Durante décadas esta profesora ha recopilado vocabulario alcalareño y ahora lo ofrece como regalo en forma de diccionario titulado, «Te regalo mis palabras».

En la obra hay palabras de adn puro alcalareño, como términos correspondientes a los gremios que predominaron en la ciudad en el siglo pasado, la panadería y  las aceitunas, así como otros más curiosos. Pero el conjunto no es el estudio etimológico de las palabras que tienen exclusividad de uso en Alcalá, muchas de ellas también se emplean en otros pueblos cercanos. Otras proceden de otros puntos de España, traídas por colectivos llegados a la ciudad y que han hecho fortuna aquí como inmigrantes. Algunas corresponden con la adaptación local de otros términos. Figuran palabras en desuso en general que quedan aquí fijadas para siempre. Es un trabajo de campo de oído y libreta, entre familiares y entre la propia memoria completado luego con la búsqueda de la definición exacta y con ejemplos de uso que dan a la lectura de la obra el gozo del reconocimiento propio y la afirmación como parte de un colectivo con señas de identidad propia. Eso sí todas tiene en común que no aparecen en el diccionario de la RAE y que son o han sido de uso común y reconocido en la localidad.

En el libro hay recogidas más de 500 palabras y la autora piensa seguir sumando términos, de hecho en la presentación realizada en el ámbito del foro de debate y cultura alcalareña Oromana, ya recibió algunas aportaciones.

Encontramos así, palabras o acepciones alcalareñas «puras» en las nombres de las piezas de pan como la «boba», en términos aceituneros como la «rabera», la mujer que en los almacenes de aceitunas recogía las que se caían al suelo, en vocablos cofrades como el «pajineta», niño que forma parte de la «Judea» de la Hermandad de Jesús y que ejercita una danza mostrando la tablilla con la sentencia de Cristo durante el Jueves y Viernes Santo. También son muy alcalareños términos como «espercuío», una persona muy limpia, o «comida» como palabra para llamar a la variante local del cocido, mucha gente mayor pide así aún en las carnicerías los avíos para hacer la «pringá». Hay también algunas de más reciente creación como un «betis» forma de designar en un bar al café con leche y que se ha extendido ya a otros establecimientos o la «gamberra», el autobús urbano de los años 60. Y por su puesto la prueba más fehaciente de que estamos ante un interlocutor de Alcalá, «orillo», que es la forma local de designar al papel de plata. Si se lo escucha a alguien puede estar seguro de que es alcalareño.

En conjunto términos que resultan una delicia de sonoridad porque son creaciones en las que se despliega la gracia para la expresión del pueblo: «gurripato» (niño pequeño), «saltapichango» (persona de pequeño porte, delgaducha, desgarbada, de mal andar), «buitoma» (atracción de feria, que ahora se emplea en Alcalá cuando se circula por una carretera con baches, «parece que vamos en el «buitoma»), «cagalástima» (de poca importancia), «cónchile» (interjección que se usa al equivocarse), «marchante» para referirse al novio, «guachisnao» (con exceso de agua) o «guarnío» (muy cansado).

La autora encuentra también muchas aportaciones traídas por los maestros que llegaron a Alcalá en la segunda mitad del siglo pasado y que aquí se hicieron de uso más o menos común. Términos extremeños como «flete» o «mandilón», gallegos como «sarpullío» o castellanos, «cansino», «chambergo» (abrigo).

Muchas son palabras condenadas a perderse, que aquí se rescatan al menos documentalmente, pero que resultan muy útiles para expresar conceptos como «revenío», (el pan o los frutos secos pasados), «repanchingao», (tumbado cómodamente), «rebañaorzas» (persona que siempre busca su propio beneficio), «matalotaje», (sofrito que a modo de guarnición acompaña a la carne o el pescado), «envarbascar» (poner todo desordenado) o hermosas y sutiles elipsis como decir que una mujer «ha encargado» para referirse a que está embarazada.