El monasterio de San Isidoro del Campo
El monasterio de San Isidoro del Campo - ROCÍO RUZ

¿Cómo pudieron robar 240 kilos de azulejos de San Isidoro del Campo?

La Asociación de Amigos de la Cerámica cree que el expolio estaba «bien ordenado» para una «colección privada o mercado fuera de España»

SANTIPONCEActualizado:

El robo perpetrado en agosto de 2016 en el monasterio fortificado de San Isidoro del Campo, ubicado en Santiponce y declarado bien de interés cultural (BIC), se saldó con la sustracción de 392 piezas de azulejo, cenefas y rodapiés con un peso aproximado de 240 kilogramos si se tiene en cuenta el mortero adosado a los materiales, según un estudio de la Asociación de Amigos de la Cerámica Niculoso Pisano, según la cual el robo fue cometido por verdaderos «profesionales».

Así lo expone Jesús Marín García, presidente de la Asociación de Amigos de la Cerámica Niculoso Pisano, en un artículo publicado en el boletín de noviembre de la Asociación Ben Baso de Profesores para la Difusión y Protección del Patrimonio Histórico.

En dicho artículo, recogido por Europa Press, Jesús Marín García analiza pormenorizadamente el conocido expolio perpetrado el pasado 17 de agosto de 2016 en el Claustro de los Muertos del monasterio de San Isidoro del Campo, donde «recortes radicales en el gasto público» han «afectado gravemente a la conservación del patrimonio y han propiciado el estado de precariedad» del enclave.

La propiedad del monumento, recordémoslo, está dividida entre la Junta de Andalucía y la Casa Álvarez de Toledo y Mencos, toda vez que merced a un convenio firmado entre ambas partes en 1991, la Administración andaluza cuenta con los usos de la mayor parte del sector del recinto perteneciente a la citada institución nobiliaria. En virtud de dicho convenio, de hecho, la Junta acometió hace ya años la rehabilitación de la parte del monumento perteneciente a la Casa Álvarez de Toledo y Mencos, quedando pendiente la restauración del resto del monasterio.

En cualquier caso, el presidente de la Asociación de Amigos de la Cerámica Niculoso Pisano analiza en su artículo el mencionado robo perpetrado con «nocturnidad y alevosía», en este enclave monumental marcado por las «limitaciones de personal» y la «falta de recursos».

En concreto, y siempre según Jesús Marín García, fueron sustraídos «seis modelos distintos de azulejería de arista del siglo XVI, atribuida a Niculoso Pisano según el historiador Pedro Respaldiza, y a los hermanos Polido según el profesor Teodoro Falcón». El total de piezas de azulejería sustraídas, según el estudio expuesto por Marín García, se eleva a 392, concretamente 300 azulejos, 65 cenefas y 27 piezas de rodapiés.

Robados unos 240 kilos de azulejos

Partiendo de la premisa de que «cada azulejo tiene un peso de 495 a 510 gramos», que podría llegar a los 600 gramos contando con el mortero adosado» a cada pieza, «el peso total retirado está en torno a los 240 kilogramos», según Jesús Marín García, cuyo artículo expone que «parece ser que los ladrones cargaron todo el material en sacos y lo sacaron a hombros por la parte del Claustro de la Hospedería, y de ahí pasarían a la zona no rehabilitada (del monasterio), lugar abandonado y con escasa vigilancia».

En ese sentido, el presidente de la Asociación de Amigos de la Cerámica Niculoso Pisano considera que «quienes hayan podido encomendar el robo han sabido elegir bien las piezas, han aconsejado cómo extraerlas sin excesivos daños y han sabido dejar sin tocar otros azulejos de data posterior y formato diferente».

Así, expone que los autores materiales del expolio «sabían a lo que iban» y «no responden al perfil de ladronzuelos». «La tranquilidad con la que trabajaron (cuatro horas) revela que tenían conocimiento de los lugares en los que están colocadas las cámaras y sensores de movimiento, así como un conocimiento exacto de por dónde hace guardia el vigilante nocturno. La alevosía y sangre fría para salir con los azulejos sin ser detectados apunta a que el robo fue perpetrado por profesionales», razona Jesús Marín García.

Finalmente, este especialista en cerámica considera que «el robo no parece ir dedicado al menudeo de piezas, cada vez más cotizadas en el mercado de antigüedades, sino a alguna colección privada o a algún mercado fuera de España». «El hecho de que los cuatro paños robados tengan unas dimensiones determinadas, en torno al metro cuadrado cada uno de ellos, parece indicar que el encargo estaba bien ordenado», concluye este experto.