Un coche de la Policía Local aparcado en el Ayuntamiento de Pedrera - C. G.
PEDRERA

En busca de la serenidad que un accidente quebró

La comunidad rumana está representada por 20 familias que llevan años en el pueblo

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Entrar en Pedrera esta última semana es sentir miradas de desconfianza en calles, tiendas y bares. A los habitantes de este pueblo de la Sierra Sur sevillana no les hace ninguna gracia ser calificados de xenófobos en todos los medios de comunicación

Es lo primero que dicen los vecinos, muy preocupados por la imagen y por lo que pueda pasar en un futuro. Pedrera tiene un problema concreto que se repite en casi todos los pueblos a la redonda y que no ha sido tenido en cuenta por las autoridades hasta que llegó la gota que colmó el vaso el día de Reyes Magos, cuando un accidente pudo acabar en tragedia.

Todos coinciden en afirmar que el enfrentamiento del fin de semana pasado con algunos componentes de la comunidad rumana que viven en Pedrera no estuvo bien. No obstante, parte de la población, tanto en las redes sociales como en las calles y negocios de la localidad, coinciden en afirmar que «hay un grupito de inmigrantes a los que se les deja hacer de todo» y la población ha dicho basta.

«A las familias que viven aquí desde hace al menos 15 años se les ha ayudado mucho, con ropa, comida y dinero», asegura una señora mientras desayunaba, «pero nos hemos cansado de los que vienen sólo para dar problemas». El rechazo a la comunidad se centra en ellos, pero no en las familias que viven en el pueblo y están integradas, con niños en los colegios y domicilio habitual.

Lo que pasó ese día fue «que, ante la agresión a una familia del pueblo, no pensaron más que en defenderla». La pareja implicada en el accidente es un ganadero y su mujer, ama de casa. El accidente fue algo «leve» y ocurrió cuando venían del tanatorio, pero se inició una discusión con tres inmigrantes también implicados, y dos de ellos lo increpan y agreden. Los mismos vecinos que estaban cerca salen en su ayuda.

Era el sábado 6 de enero a última hora de la noche y, en ese momento, se inician una serie de altercados que acabaron con 10 vehículos volcados en la vía, de familias rumanas que no habían tenido nada que ver con el accidente; además de varias concentraciones, una de ellas en la misma puerta del Ayuntamiento, donde los agentes de la Policía Local tenían retenidos a los tres inmigrantes que participaron en el accidente.

El cura Enrique Priego
El cura Enrique Priego-C. G.

Una parte de los vecinos siente que se ha llegado a esta situación porque la vara de medir «no es la misma para todos». Una señora, que no quiere ser identificada, decía en la puerta de la cafetería Juana, junto al Ayuntamiento: «¿A ti qué te pasaría si no llevaras seguro en el coche o no hubieras pagado algún impuesto? Pues ellos (algunos rumanos) no tienen y se lo dejan pasar». Ni seguro, ni pasan ITV, ni impuesto de circulación, aseguran.

Además, apuntan, que no es el primer incidente, «llevamos años aguantando problemas con algunos miembros de esta comunidad». Entre ellos cuentan, que hace unos meses «le dieron un guantazo a una joven que los increpó porque estaban robándole el anagrama de coche Mercedes». Y aseguran que el accidente del sábado 6 de enero no es el primero.

A pocos metros, detrás del edificio consistorial, está la pescadería Fernandito en una pequeña plaza junto a la calle Pedro Paloma. Unos operarios a esa hora recogen naranjas amargas y se muestran afables con el visitante. «Para mí, la vida no cambia, estoy siempre en alerta naranja», bromea. Ninguno de los consultados ha mostrado rechazo a las preguntas, pero sí preocupación por lo que se escribirá.

Fernando Pareja en la pescadería atiende a esa hora a varias clientas y a un proveedor. A poco que se le pregunte dice que «hay que ir con la ley a todo el que agreda a alguien, sea rumano o no, aquí hay muchas familias rumanas buenas y han pagado justos por pecadores». Él y su mujer tienen desde hace once años a una niña rumana acogida. «Prácticamente la hemos criado porque sus padres tienen que irse a trabajar; si sus padres fueran malos, ¿los iba a meter en mi casa?», se cuestiona.

Él mismo cuenta que hace años tuvo problemas con la comunidad rumana. «Se ponían en esta plaza todas las madrugadas, yo me levanto a la 1.30 y a mis padres, con más de 90 años, no los dejaban descansar. Me tuve que poner bien serio, pero se acabó el problema». El pescadero asegura que los problemáticos son unos cuantos y contra ellos tiene que actuar la ley, «igual que si fuera uno de nosotros».

Pedrera es un pueblo de la Sierra Sur de Sevilla en el que la emigración ha sido un dato social dominante. Seis meses al año, muchas familias y jóvenes se van a trabajar en el sector servicios a las islas o costas españolas y llevan años haciéndolo. Por esa razón, consideran que es «un pueblo abierto y acogedor» que sabe lo que es buscarse la vida fuera de su lugar de nacimiento.

Plaza del Ayuntamiento de Pedrera
Plaza del Ayuntamiento de Pedrera-FERMÍN CABANILLAS

Su actividad es principalmente agrícola, no hay empresas para crear puestos de trabajo. En los años del «boom» de la construcción hicieron falta jornaleros para recoger la aceituna, fue entonces cuando empezaron a llegar los primeros inmigrantes. No hay sólo de procedencia rumana, también conviven con familias chinas y marroquíes y nunca hubo problemas con ellos.

La comunidad rumana está representada por 20 familias que llevan años en el pueblo. Pero en la campaña de aceitunas se incrementan hasta dos centenares de jornaleros que vienen a trabajar. En estos meses es cuando aumentan los problemas de seguridad y, sobre todo, los robos, aseguran los vecinos.

La casa del cura

Muy cerca está la casa del cura, Enrique Priego Díaz, al lado de la única iglesia del pueblo, la parroquia de San Sebastián. Lleva 47 años en Pedrera. Llegó como seminarista acompañado del afamado Diamantino García Acosta y otros dos compañeros, Juan Heredia y Miguel Pérez. Se emociona antes incluso de comenzar a preguntarle, pero de momento se recompone y empieza a contar.

Cuando comenzaron a llegar a Pedrera las primeras familias inmigrantes les ayudó a gestionar la cartilla médica. Y ahora dice que la gente le acusa de hacer eso para que estas familias voten a IU. «Es fácil averiguar si eso es así, pero aquí ayudamos a todo el que lo necesita, ahora lo hace Cáritas y de las 40 familias, la mitad son rumanas porque ellos cuando terminan de trabajar, la mayoría no tiene derecho al desempleo».

La noche de los altercados fueron un grupo de vecinos y «aporrearon la puerta». Dice el párroco que van en su contra «porque mi actitud es de acercamiento a los pobres y necesitados». Desde hace 11 años, vive con el párroco un matrimonio de rumanos y sus tres niños pequeños y cuenta que la primera vez que ayudó a una familia de inmigrantes: «Los encontré de madrugada en la puerta metidos en un coche».

También reacciona en contra de la actitud de los concejales socialistas que estuvieron en la concentración espontánea de los vecinos. «Vinieron a pedirme explicaciones y les pregunté qué hacían con la gente que estaba dispuesta a linchar a los inmigrantes, en ese momento no estaban detenidos sino protegidos». Y no entiende como dicen «que sólo iban a acompañarlos. Su trabajo tiene sentido porque a las familias rumanas no las defiende nadie».