Steve Kahn (centro) junto a Diego del Gastor y Joselero
Steve Kahn (centro) junto a Diego del Gastor y Joselero - FLAMENCO PROJECT
MORÓN DE LA FRONTERA

El californiano que llevó el flamenco a todo el mundo

La muerte en febrero de Steve Kahn quedará en la memoria de Morón de la Frontera como el cronista visual de la época

MORÓN DE LA FRONTERAActualizado:

A veces pasa que la rutina llega a hacer de lo extraordinario algo común, que no remueve las entrañas como debería. Ocurre con monumentos y edificios que, de tanto pasar cada día a su lado, pierden esa condición imponente y se pierden en el paisaje.

O con los vecinos talentosos, aunque se llame Diego del Gastor y sea una leyenda de la guitarra flamenca. Por eso es tan importante la mirada del forastero, la del que llega con ojos nuevos y recuerda la importancia que tienen estos emblemas para los pueblos, incluso aunque eso ya estuviese asimilado.

Si ello ya es algo muy reseñable, que estos ojos, además, se posen tras el objetivo de una cámara que se transforma en una ventana para el mundo multiplica su valor.

Por eso es tan importante la figura de Steve Kahn, el fotógrafo californiano que, en los años sesenta, llegó a Morón de la Frontera y se convirtió en un testigo privilegiado de la época de platino del flamenco.

Steve Kahn falleció hace poco menos de un mes, pero su huella no se borrará nunca. Gracias a su labor, el mundo identifica a los grandes de la época: Juan Talega, Fernanda y Bernarda de Utrera, Joselero y el hombre en el que está el origen de todo: Diego del Gastor.

«En el mundo del flamenco, Morón no es un lugar de paso: a Morón había y hay que venir»

El joven Kahn, en el año 1967, era un estudiante de Matemáticas en Nueva York, pero quiso venir a Morón, a aprender del maestro. De sus numerosas venidas a la localidad, se llevó algo más que lecciones: un relato sobre arte, sobre flamenco, pero, especialmente, sobre Morón de la Frontera.

«En el mundo del flamenco, Morón no es un lugar de paso: a Morón había y hay que venir», dice Alfonso López, miembro de la tertulia flamenca El Gallo. Y eso se debe, en gran parte, a Diego del Gastor.

Steve Kahn fue uno de los rostros visibles de un gran grupo de americanos que, enamorados del flamenco, venían a aprender. Diego los acogió a todos, «porque él era así, no dejaba de lado a nadie, daba igual su condición y procedencia», afirma Ignacio Zambrana, nieto del mítico cantaor Joselero.

De hecho, una de las fotos más míticas de la colección de Kahn le muestra a él tras Diego del Gastor y Joselero, con quienes entabló una relación muy especial a lo largo de los años.

Kahn contaba en el portal tertuliaandaluza.com, en una entrevista realizada por Cecilia Bogaard, su primer contacto con Diego: «Caminaba calle abajo con un traje de riguroso negro y camisa blanca, y las manos en las respectivas cabezas de dos niños rubios. Era una estampa espectacular. Me acerqué y le dije que me llamaba Esteban y que un amigo me había hablado de él. Se le iluminaron los ojos. Me encontró un lugar donde dormir y me llevó a una fiesta increíble».

Autores aficionados

De esas fiestas y muchas más hay horas y horas de grabaciones, así como numerosas fotografías, que Steve Kahn recopiló en el «Flamenco Project», en el que también hay fotos de otros autores, todos ellos aficionados.

El material fue donado al pueblo de Morón y constituye un tesoro, un testimonio único, no solo por su valor artístico. «Hay un vídeo de una fiesta con Diego en una venta», explica López, «y la cámara pasa a enfocar a gente que estaba allí: gente humilde, pobre, con la cara chupada».

«El hambre, al fin y al cabo», apostilla Diego Cano, también de esta tertulia. Ambos coinciden en que, si bien el legado a nivel cultural es vital, este encuentro entre culturas sirvió para reflejar las enormes dificultades que se pasaban en España, especialmente en el mundo del flamenco.

«Sí es verdad que se ganaban algún dinerillo, pero todo esto lo hacían porque Diego acogía a todo el mundo»

«Los gitanos no fueron conscientes en su momento de lo que estaba suponiendo que los americanos les grabasen», comenta López. «Sí es verdad que se ganaban algún dinerillo, pero todo esto lo hacían porque Diego acogía a todo el mundo y era feliz con que le escuchasen».

La relación de Morón de la Frontera con los EE.UU. siempre ha estado marcada por la base aérea, cierto. Pero la música ha sido el principal motivo que ha unido a estas dos regiones. El legado de Steve Kahn es una clara prueba de ello, y por este motivo, Morón de la Frontera y su flamenco han perdido, en lo físico, a una gran figura. Pero, en el imaginario colectivo, podrá estar siempre presente como el hombre que ayudó a globalizar a la localidad de Morón de la Frontera y su toque flamenco por excelencia.