Una visitante observa la galería de fotografías de la exposición
Una visitante observa la galería de fotografías de la exposición - C. G.
MARCHENA

Una exposición recoge cien fotografías que definen a la Marchena de hace un siglo

La muestra se puede visistar en la sala Carrera, en horarios de mañana y tarde, al pie de la plaza Ducal

MARCHENAActualizado:

Manuel Castro Baco, un vecino de Marchena, descubrió en 2015 vía internet el legado que dejó Salvador Ramón de Azpiazu Imbert (1867-1927), un perito agrícola de origen vasco que dedicó su tiempo libre a recorrer España para dejar colecciones de fotos únicas de todos los lugares por donde pasó.

Uno de ellos fue esta localidad de la Campiña sevillana, que hasta el 8 de enero reúne en una exposición y catálogo fotografías y dibujos que han hecho historia.

Los originales de esta interesante colección de fotografías están custodiados en el Archivo municipal del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz. A Azpiazu le interesaba la piedra y las costumbres de la sociedad de esa época.

Recaló en Marchena durante los años 1897 y 1898, y por el centenar de imágenes que recogió se sabe cómo era la sociedad de esa época, las calles, plazas y edificios, costumbres, actividades festivas o de labor.

La exposición se puede ver en la sala Carrera, en horarios de mañana y tarde al pie de la Plaza Ducal de Marchena que está conservada casi como hace un siglo.

El Ayuntamiento de la localidad ha editado un catálogo de las imágenes, titulado «Azpiazu y Marchena. Imágenes de una villa entre siglos», fotografías que se pueden bajar libremente desde internet siempre que se cite el nombre del autor y el lugar donde están los originales.

Este funcionario hacía fotos para poder dibujar después lo que en ellas quedaba plasmado. Ahora se puede saber que fue un artista casi olvidado, un hombre formado, cosmopolita e inteligente, que trabajaba para el Ministerio de Agricultura en la oficina de Catrasto en Madrid.

En la muestra se pueden ver las tres facetas del autor: fotógrafo, dibujante e ilustrador. Las fotografías están divididas en seis bloques: biografía, la villa, las devociones, la mañana del Viernes Santo, Feria y los toros, y la siega y la trilla.

El sobrino del autor, Agustín Azpiazu, donó en 1960 al Archivo municipal de Vitoria-Gasteiz lo más importante de su obra, compuesta por un millar de negativos en cristal, y que no fue hasta hace dos años cuando se digitalizaron.

Azpiazu no era fotógrafo profesional, pero sí dibujante, por lo que la falta de formación en este sentido supo sustituirla con la capacidad artística para captar lo esencial de la realidad de esa época.

Su paso por Marchena ha dejado un documento histórico imprescindible para entender la historia del último siglo. Y para conservar cómo fue el pasado de un pueblo.