Dos artefactos flotantes esperan en el río a una nueva campaña de pesca - Vanessa Gómez

El río Guadalquivir: kilómetro cero del tráfico ilegal de angulas

La demanda del mercado asiático impulsa una mafia angulera internacional con origen en municipios ribereños de Sevilla

SEVILLAActualizado:

En el carril de la droga, que desemboca en la carretera del Práctico, sólo se escuchan las chicharras cuando aprieta el calor al mediodía. Un sol de justicia y la presencia de una patrulla uniformada del Pacprona de la Guardia Civil han vaciado esa orilla del Guadalquivir, que discurre cuando el brazo de agua pasa por Lebrija. Estamos en la frontera fluvial con Cádiz y también en el kilómetro cero de un lucrativo negocio que ha atraído hasta este punto de la provincia de Sevilla a una mafia internacional.

ABC viaja al origen del tráfico ilícito de angulas, que está creciendo enteros año tras año para dar respuesta a la demanda creciente de China. Un país superpoblado capaz de desequilibrar cualquier sector económico cuando busca en los mercados internacionales satisfacer sus necesidades internas.

La angula es una especie protegida, cuya pesca está vedada en el Guadalquivir desde 2010 y con una moratoria de 20 años. La UE cerró sus fronteras a la exportación de la Anguilla Anguilla (nombre científico de la especie común o europea) en 2011 al constatar que había descendido su población en un 90%. Hoy está dentro del listado de especies amenazadas que se recoge en el convenio Cites.

En España hay otras zonas de pesca de la angula como Asturias, Valencia o Galicia, pero allí se han establecido cupos y se ha regulado la actividad. «Aquí como está todo prohibido, ha atraído a los furtivos que no tienen que esconderse de los pescadores con licencia», señala José María Boniquito, sargento de la patrulla del Seprona de la Comandancia de Sevilla (Pacprona) y que sirve de experimentado guía a los periodistas.

La angula del Guadalquivir es muy demandada porque es más pequeña
La angula del Guadalquivir es muy demandada porque es más pequeña - ABC

El Servicio de Protección de la Naturaleza del Instituto Armado ha liderado el último gran operativo internacional en el que han participado cuerpos policiales de varios países. La «operación Lake» se ha desarrollado durante la última campaña de pesca de esta especie en peligro de extinción, que va de noviembre a los meses de febrero-marzo. 48 personas fueron detenidas y se recuperaron antes de que llegaran a Asia más de 4.000 kilos de angulas que fueron devueltas a su hábitat natural para que completaran su ciclo natural. Italia, Grecia o Francia se han unido en este frente común contra la mafia angulera y para la próxima campaña previsiblemente se sumarán Holanda y Suecia, según confirmaba el Ministerio del Interior.

Viaje de miles de kilómetros

Los investigadores de la Comandancia de Sevilla son una pieza fundamental en estas investigaciones que organiza Europol porque aportan información sobre el origen de este tráfico ilícito, al que acuden estas organizaciones internacionales porque la mercancía más solicitada que cruza el continente europeo hasta llegar a China se pesca de manera furtiva en el Guadalquivir. «La angula de aquí es muy preciada porque es más pequeña que otras que crecen en Europa».

La angula es el alevín de la anguila, un producto preciado en China donde se paga 7.000 euros el kilo

El interés del mercado chino no está en este alevín sino cuando pasa a su fase adulta y se convierte en anguila. «Lo que se pesca aquí lo envían a China y allí lo engordan y cuando un ejemplar supera el kilo, lo manipulan para hacer un producto ‘delicatessen’ que se vende a precio de oro», señala el sargento.

Cuanto más pequeños son los ejemplares, más entran en los viveros móviles que se utilizan para transportarlos hasta empresas legales de distribución de pescado fresco, las cuales han sucumbido a las comisiones que oferta este lucrativo negocio. Desde estas instalaciones, acondicionadas para el mantenimiento de especies vivas, el preciado alevín viaja miles de kilómetros por carretera hasta llegar a puertos de Grecia e Italia donde hace su última escala antes de emprender viaje en avión hasta China. Este tráfico ilícito se oculta bajo la declaración del transporte de un producto legal.

Beneficio: 7 millones al año

Estas son las rutas que descubrieron los agentes durante el desarrollo de la «operación Abaia», que se conoció este pasado mes de marzo. 17 personas fueron arrestadas en España y Grecia y se destapó una organización que compraba sus angulas a furtivos de los municipios ribereños del Guadalquivir para exportarlas a China mediante un engranaje empresarial muy profesionalizado.

De la documentación intervenida, la Guardia Civil supo que la organización pudo haber obtenido un beneficio de siete millones al año con una actividad que no requiere una gran inversión inicial como ocurre con otras actividades ilegales como el tráfico de hachís. Sólo hay que estar dispuesto a pagar bien por el producto en origen y contar con el circuito para sacar la mercancía del país.

Los agentes registran una empresa legal que comercianba con angulas del Guadalquivir
Los agentes registran una empresa legal que comercianba con angulas del Guadalquivir - ABC

Pero los investigadores tienen constancia de que estas rutas no son las únicas en servicio. La mafia angulera también tira de envíos más pequeños camuflados en los equipajes de ciudadanos asiáticos que viajan desde aeropuertos de mucho tráfico como Heathrow (Londres). Por eso, el peso se vuelve trascendental para que el envío resulte rentable. De un kilo y medio de angulas del Guadalquivir salen más de 4.000 kilos de anguilas adultas.

En marzo llegaron hasta Alcalá del Río 75 kilos de angulas que habían sido decomisadas en el aeropuerto británico a dos ciudadanos chinos. Iban en grandes bolsas con agua y oxígeno metidas en maletas. La mercancía, que había hecho escala de un vuelo con destino a Hong Kong, fue interceptada antes de que saliera de Europa. Los alevines regresaron al río Guadalquivir para que continuara con su proceso natural de crecimiento.

A cuánto se pagan

Este negocio internacional requiere de intermediarios entre los pescadores y el consumidor final lo que encarece el precio de la mercancía hasta convertirlo en un producto de superlujo. Antes de que se impusiera la veda en el río, la angula ya era un pescado sólo para paladares pudientes debido al descenso de las capturas por la sobreexplotación y otras causas medioambientales como la contaminación de los ríos y la construcción de presas que cortan el paso de una especie que busca la desembocadura durante su ciclo natural.

El kilo lo cobra el pescador a un precio que oscila entre los 180 y los 250 euros y en el mercado asiático se llega a pagar hasta 7.000 euros

El kilo lo cobra el pescador a un precio que oscila entre los 180 y 250 euros. El intermediario que se encarga de sacar las angulas de la provincia puede ganar hasta 1.500 euros limpios por cada viaje. Cuando el producto se exporta desde España, el kilo ya se paga a 1.600 euros y alcanza los 7.000 euros en los mercados asiáticos.

La profesionalización de la mafia angulera, capaz de cruzar fronteras, deja un reguero que el Seprona de Sevilla detectó por primera vez en 2012. En un control rutinario identificaron al conductor de una camioneta que transportaba un vivero con 25 kilos de alevines de la anguila. Una cantidad que sólo se consigue tras semanas de pesca. «Ésa fue la señal inequívoca de que algo estaba pasando. Como era posible que se llevara dos años de veda y ya encontráramos a alguien transportando esas cantidades».

Blanquear angulas

Con esa primera pista se abrió una investigación que acabó con la inspección de una empresa de Isla Mayor «que blanqueaba angulas». El sargento del Pacprona se refiere al proceso de adquirir ejemplares a los furtivos y declararlos como producto de origen legal, de zonas donde la pesca está permitida pero limitada a cupos.

Las siguientes pesquisas llevaron a los agentes a reconstruir toda una cadena de distribución creada al margen de la ley, con intermediarios y empresas que vive de «un negocio muy lucrativo e internacionalizado», que poco o nada tiene que ver con los riacheros que trabajaban en los ochenta para satisfacer «principalmente una demanda interna y el autoconsumo», describe el agente de la Guardia Civil mientras se acerca a un barco varado en la orilla.

Dos agentes del Seprona revisan un barco angulero que está varado
Dos agentes del Seprona revisan un barco angulero que está varado - Vanessa Gómez

A simple vista pura chatarra que cuesta creer que pueda flotar. No tiene folio, matricula ni nada que lo identifique como una embarcación dada de alta en Capitanía Marítima. Son los llamados artefactos flotantes o barcos anguleros, que se utilizan para la pesca de esta cotizada especie. «Oficialmente no son de nadie porque no hay ni un papel que los vincule a un propietario», pero todos tienen dueño y con el aumento de la demanda se han convertido también en objeto susceptible de ser vendido para quien esté dispuesto a entrar en el negocio. «Uno de lo últimos investigados, cuando fuimos a por él, nos dijo que había pagado por tres artefactos unos 6.000 euros».

La Guardia Civil tiene censados entre 81 y 100 artefactos flotantes que están operativos para la pesca con red

La proliferación de estos barcos con sus redes caladas en el río fue la otra señal que puso en alerta a la Guardia Civil. El sargento Boniquito recuerda como en las inspecciones que hacían por mar y aire pasaron de contabilizar ocho artefactos en un caño a 30 faenando a la vez. El Servicio Marítimo de Cádiz decidió identificar a esta flota pirata de alguna manera y pintó en el casco de cada embarcación un número correlativo. En estos momentos, el Instituto Armado tiene geolocalizados un centenar de barcos que siguen en el río.

Cuando llegue el invierno regresará una nueva campaña furtiva en el Guadalquivir. Los pescadores lanzarán sus redes de persiana y regresarán cuando la marea sea propicia. Normalmente no se acercan al río hasta que cae la noche. Eso les permite compaginar esta actividad con otra porque no tienen que embarcarse y echarse a la mar. Sus barcos no se mueven. En localidades como Lebrija o Isla Mayor justifican esta pesca furtiva por la necesidad. En la Guardia Civil advierten: «son la punta de lanza de una mafia que gana mucho dinero».