Manuel Rodríguez durante una de las sesiones del juicio
Manuel Rodríguez durante una de las sesiones del juicio - EFE
Tribunales

El jurado declara culpable al acusado del asesinato de María del Castillo Vargas en Lebrija

De manera unánime, el tribunal considera que Manuel quiso matar a su exmujer y le causó un sufrimiento innecesario

SEVILLAActualizado:

El jurado ha declarado culpable este miércoles a Manuel Rodríguez, de 41 años y vecino de El Cuervo, de haber acabado con la vida de su exmujer en diciembre de 2015 en Lebrija. Un crimen ligado estrechamente a la violencia machista que se ha venido juzgando en los últimos días en la Audiencia Provincial de Sevilla.

La víctima, María del Castillo Vargas, de 37 años e hija de la conocida cantaora Juana Vargas, fue asesinada de cuarenta cuchilladas que le propinó el acusado, después de que éste se internase en la que fue su casa hasta la separación conyugal, trepando por la fachada y colándose por un balcón. La víctima intentó escapar del agresor, descolgándose por el mismo balcón. Pero ya caída en la acera, Manuel se subió encima de ella y empezó a apuñalarla.

El ahora condenado cometió la agresión mortal de madrugada, sorprendiendo a la víctima que en ese momento se encontraba durmiendo en el sofá del salón. Manuel quebrantó la orden judicial que tan sólo días antes le había impuesto un juzgado y que le impedía acercarse a su exmujer, de la que estaba separado desde el mes de septiembre.

Ni cocaína ni arrebato pasional

Éste es el relato que defendió al final de la vista oral las acusaciones y que el jurado lo considera probado por unanimidad, sin ningún voto discordante. Los nueve miembros del tribunal tampoco han mostrado división alguna a la hora de rechazar las atenuantes que reclamaba la abogada de Manuel.

La defensa había calificado los hechos de «crimen pasional» y entendían que el acusado había cometido un homicidio influenciado por el consumo de cocaína y el arrebato emocional porque no aceptaba que su exmujer iniciara una nueva relación. Para el tribunal popular no hay ninguna prueba que acredite esas circunstancias; por lo que se cierra la posibilidad de una rebaja en la pena final que ahora debe fijar la magistrada presidente.

Aunque en la última sesión del juicio Manuel aseguró estar arrepentido por lo ocurrido, durante su declaración, en la que sólo respondió a las preguntas de su letrada, negó haber apuñalado a su exmujer y dijo que las heridas se las causó en el transcurso de un forcejeo.

El acusado le asestó a la víctima 40 puñaladas, la golpeó repetidamente y le arrancó varios mechones de cabello

Sin embargo, su versión no ha cuajado en el jurado que concluye que actuó con el único objetivo de acabar con la vida de María del Castillo, a la que cogió de sorpresa, reduciendo así las posibilidades de defensa, y causándole «un sufrimiento innecesario». En la lectura del veredicto realizada este miércoles, el tribunal se ha basado en los informes forenses. La autopsia reveló que la mujer no sólo había recibido 40 puñaladas, también fue golpeada y le faltaban mechones de pelo que le había arrancado el acusado.

Estas circunstancias conllevan una condena por asesinato en lugar del homicidio que solicitaba la defensa. El jurado se opone a la concesión del indulto o de beneficios penitenciarios.

La Fiscalía solicita la imposición de la «pena máxima en cada delito», ha afirmado su representante. Así, pide una condena de 31 años por asesinato con ensañamiento, maltrato habitual, allanamiento de morada y quebrantamiento de medida cautelar, además del pago de una indemnización de 150.000 euros para cada uno de sus hijos y de 60.000 euros para la que fuera su suegra, la cantaora Juana Vargas. El progenitor de María del Castillo ha sido excluido al fallecer durante la tramitación del caso.

El resto de las acusaciones, que representan a la familia de la víctima y a la Junta de Andalucía, se suman a la calificación de los hechos que realiza el Ministerio Público.

Por su parte la defensa se ha limitado a pedir que se le imponga al acusado las penas mínimas por cada delito sin anunciar si la sentencia será recurrida.