Carlos Ríos con su referente tutelar, la educadora que vigila sus cuidados de la Fundación TAU
Carlos Ríos con su referente tutelar, la educadora que vigila sus cuidados de la Fundación TAU - ABC
Reportaje

¿Qué fue de Pasoslargos, el cautivo del palomar?

Carlos Ríos estuvo años encerrado en condiciones infrahumanas por sus hermanos en un cuartucho de Dos Hermanas; hoy su vida es completamente distinta... y digna

SEVILLAActualizado:

Unas piernas largas, escuálidas y acabadas en unos pies cubiertos de mugre. El protagonista de esta imagen estaba tumbado sobre un sucio camastro. De la minúscula estancia, que bien podría pasar por la celda de un país tercermundista, apenas se veía un viejo ventilador cubierto de amarillo roñoso y las telarañas que unían las esquinas de las paredes del palomar.

La fotografía de ese camaranchón, tomada por la Policía Nacional, es la imagen que viene a la cabeza cuando se recuerda a Carlos Ríos Rivas, alias Pataslargas o Pasoslargos como le llamaban en su localidad de Dos Hermanas. De 61 años, este nazareno fue liberado en diciembre de 2015 de un inmundo encierro que los policías descubrieron de casualidad.

Su hermano Guillermo, de 78 años, y su hermana Águeda, de 63, fueron detenidos por la Policía Nacional. Pasoslargos estaba desnutrido, no recibía ningún tipo de asistencia a pesar de sufrir una discapacidad mental. Su aspecto evidenciaba un abandono absoluto por parte de su familia, que sin embargo sí disponía a su antojo de los 1.000 euros que el más pequeño de los Ríos tenía reconocidos de pensión por una incapacidad mental.

Un caso de intervención ejemplar

Ha pasado un año y medio de la difusión de aquella imagen perturbadora que incluso hizo a la jefa de la Fiscalía de Área de Dos Hermanas, Mª Ángeles Calvo, plantearse abrir diligencias por un posible atentado a la dignidad de Carlos. Esta vez la historia tiene final feliz, tanto que se ha expuesto en algunos foros y seminarios especializados como ejemplo de intervención urgente en personas incapacitadas que deben ser tutelados por instituciones.

La coordinación entre las administraciones y los recursos disponibles funcionó. En poco más de una semana de su liberación, Carlos Ríos estaba lejos de un entorno pernicioso y acomodado en una residencia de la tercera edad de Alcalá de Guadaíra.

La residencia de la tercera edad, situada en Alcalá de Guadaíra, donde reside Carlos
La residencia de la tercera edad, situada en Alcalá de Guadaíra, donde reside Carlos

Su vida ha recuperado la dignidad que le robaron. Ha ganado peso, las heridas por la falta de higiene han desaparecido y su día a día transcurre tranquilo, cuidado y sin haber protagonizado ningún incidente derivado de su estado mental. Ni rastro de aquella supuesta agresividad que alegaron sus hermanos para justificar que lo tuvieran encerrado con candado y pitón.

El caso de Pasoslargos removió a la Fiscalía de Dos Hermanas, cuya responsable decidió asumir el procedimiento civil para designarle un tutor que garantizara su bienestar. Carlos había sido incapacitado judicialmente años atrás pero ningún familiar tenía asumida la tutela. La fiscal jefe impulsó que dicha responsabilidad recayera en una de las fundaciones tutelares que funcionan en Andalucía después de entrevistarse con la familia directa de Carlos: «Nadie mostró interés en hacerse cargo de él, aunque tampoco vimos que estuvieran capacitados», señala Mª Ángeles Calvo. Así llegó TAU a la vida de este nazareno.

La fundación TAU ha asumido la tutela de Carlos por orden judicial y vigila su bienestar a través de los ojos de una educadora

Esta organización sin ánimo de lucro es una de las cinco fundaciones que tienen encomendada en la provincia de Sevilla la tutela de personas que son incapacitadas judicialmente por enfermedad mental, discapacidad o porque ya son muy ancianas y no tienen a nadie que pueda velar por sus intereses. TAU nace en 1994 en el seno de la asociación Paz y Bien que fundó el fraile capuchino Rafael Pozo.

Su director Israel Montes recuerda la primera vez que vio a aquel hombre que acababa de ser liberado de un palomar. Le sorprendió el nivel de desnutrición, «cómo se podía haber dejado a a una persona llegar a ese límite». Carlos salió de su encierro para ingresar en el área de psiquiatría del hospital de Valme, donde permaneció una semana. «Es el tiempo que tardó la delegación provincial de Políticas Sociles en encontrarle una plaza en una residencia concertada».

TAU promovió que se le reconociera una prestación por dependencia y en actualizar su expediente médico. El último informe databa de 1998 y era un diagnóstico de trastorno por esquizofrenia. Anteriormente sólo había una valoración médica de salud mental de los años 70. Ésa era toda la atención médica que había recibido.

La entrada al palomar donde permaneció recluido durante años
La entrada al palomar donde permaneció recluido durante años- ABC

Lo siguiente fue establecer el cordón sanitario que impidiera alteraciones en la vida de Carlos. Ya bajo la tutela de TAU y acomodado en la residencia de Alcalá, se comunicó a la residencia qué visitas no estaban autorizadas. «En este caso no fue complicado porque había una orden judicial que imponía una orden de alejamiento a los dos hermanos que habían detenido». Las cautelas son máximas con una víctima del abandono absoluto «y todo aquel que viene a verlo siempre está controlado».

Una educadora es el referente tutelar de Carlos, la persona que tiene encomendada la atención del nazareno, quien vigila sus cuidados. Es lo más parecido que tiene a una familia.

Ellos han sido los testigos de cómo un hombre a quien habían encerrado porque supuestamente era un riesgo en si mismo, se adaptó a las rutinas de la residencia en apenas un mes y medio y la relación con el personal que le asiste «es magnífica», detalla el presidente de TAU; aunque con las limitaciones que impone su oligofrenia. Una discapacidad mental severa que le impide mantener una conversación coherente. Unas secuelas que se desconocen si son fruto de la desatención temeraria que sufrió o son propias del avance de la patología. Su edad no ayuda, como reconocen desde TAU, a perfilar el diagnóstico.

La limitación en la comunicación obligó a desistir a la Fiscalía de tomarle declaración de cara al procedimiento penal que se sigue contra sus dos hermanos, que se enfrentarán a un juicio por los delitos de detención ilegal, apropiación indebida y trato denigrante. El juzgado de Instrucción 1 de Dos Hermanos ha cerrado la investigación y en los próximos días la Fiscalía va a presentar su acusación en un caso que desterró las situaciones de abuso que pueden sufrir personas sin capacidad de obrar, de defenderse cuando el enemigo convive con ellas. Unas realidades invisibles, pero que existen aunque como ocurriera con Pasoslargos ni sus propios vecinos fueran conscientes de lo que ocurrió durante años en la vivienda familiar.