Juan Sánchez junto a un palé de coliflores listas para ser comercializadas
Juan Sánchez junto a un palé de coliflores listas para ser comercializadas - ALEJANDRO HERNÁNDEZ
Lebrija

El pimiento abre la puerta del futuro agrícola lebrijano

Cooperativa Las Marismas de Lebrija firma un contrato con Frudéco que generará en tres años 85.700 jornales

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Las explotaciones agrarias de regadío de Lebrija siguen buscando una alternativa a los tradicionales cultivos de algodón, remolacha y trigo, muy dependientes de de las ayudas concedidas por la Política Agrícola Común (PAC) de la Unión Europea (UE) sobre las que pesa la incertidumbre de su futuro una vez finalice el período vigente 2014-2020. El inicio del cultivo de tomate industrial en 1986 y su consolidación diez años después abrió la puerta a la alternativa hortícola. Este año puede ser decisivo para el comienzo del cambio productivo y la apuesta hortícola como alternativa rentable y generadora de empleo. En esta línea se mueve la Cooperativa Las Marismas de Lebrija (CML), que aglutina a 580 socios, en su mayoría lebrijanos, que se reparten las 12.000 hectáreas del Sector B-XII del Bajo Guadalquivir.

Tras dos años de prueba, primero en 40 hectáreas y luego en 80, el pimiento de asar se presenta como el producto que puede revolucionar el regadío lebrijano, generar miles de jornales y volver a hacer rentable una explotación de 12 hectáreas, dimensión de las parcelas en las que se dividió el Sector B-XII y que fueron entregadas a familias de agricultores a finales de los 70 del siglo pasado.

«El pimiento se perfila como uno de los productos más importante para llevar a cabo el cambio económico y de producción, y para crear empleo en una zona tan deprimida como Lebrija», señala a ABC de Sevilla el presidente de la Cooperativa Las Marismas de Lebrija, Juan Sánchez. Esta apuesta de futuro pasa por hacer efectivo el contrato firmado con la multinacional de la congelación Frudéco, que opera desde Murcia. Según este acuerdo a desarrollar en tres años, durante 2018 se tienen que cultivar 400 hectáreas de pimiento de asar, «lo que va a suponer 6,4 millones de euros de facturación de los que 2,4 serán en mano de obra, más de 34.000 jornales repartidos en tres meses, de julio a septiembre», explica el presidente de CML.

El contrato estipula además que en 2019 se aumente a 600 hectáreas la superficie cultivada, lo que conlleva más de 9,7 millones de euros en facturación de los que 3,6 se destinarán a mano de obra, casi 51.500 jornales. En 2020, «la superficie cultivada ocupará 1.000 hectáreas que implicará una facturación de 16,2 millones de euros, seis en mano de obra, es decir, 85.700 jornales», subraya Juan Sánchez.

Pero para que este plan se lleve a cabo es imprescindible contar con la suficiente dotación de agua para el riego de las explotaciones que permita el normal desarrollo del cultivo. El presidente de los cooperativistas anuncia que en unos días mantendrá una reunión con representantes de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir y de la subdelegación del Gobierno de España «en la que pediré que nos aseguren el agua para el riego de las primeras 400 hectáreas, que comenzarán a ser sembradas a finales de este enero». Sanchez advierte que «si se pierde el contrato del primer año, peligra los de los dos años posteriores», insiste en que el acuerdo «es vital para la economía de Lebrija y el Bajo Guadalquivir» y asegura que el B-XII «cuenta con la tecnología adecuada para garantizar que la dotación de agua concedida para el pimiento vaya directamente y en exclusiva a esta producción».

Si todo marcha como esta previsto, al pimiento se unirá el año que viene el boniato y la calabaza cacahuete con una acuerdo con la misma empresa. Según los cálculos del responsable de la cooperativa, «en cuatro años, con el pimiento, el boniato, la calabaza y el pimiento en fresco que ya envasamos para Mercadona, la facturación en las marismas por estos productos rondará los 30 millones de euros». Además, a estas hortícolas hay que sumar las 200 hectáreas cultivadas de coliflor y las 100 de brócoli, «que en tres años pasarán a 400 hectáreas cada una», apunta Juan Sánchez.