Real Madrid Cristiano dispara en tierra hostil

El jugador elogia a Zidane: «Ha gestionado muy bien y me he resguardado para rendir mejor a final de temporada»

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Cristiano dispara en tierra hostil
TOMÁS GONZÁLEZ-MARTÍN - Actualizado: Guardado en:

La regulación de minutos del Balón de Oro ha sido un éxito. El portugués no jugó en Leganés, en Gijón, en La Coruña y en Granada. Zidane nunca ha querido apuntarse el tanto del descanso del portugués, que a sus 32 años ha sabido graduar esfuerzos. «El descanso de Cristiano fue una cuestión consensuada entre los dos, con diálogo. Yo no soy quien ha conseguido que Cristiano descanse».

Casemiro se suma a la posición de Zidane: «Cristiano se merece su quinto Balón de Oro»
El luso sí alabó al técnico: «Zidane ha gestionado muy bien. Yo me he resguardado este año para rendir más y mejor a final de temporada». Autor de dos goles, erró el más fácil: «Soy humano y también puedo fallar». Suma veintitrés en el campeonato nacional, 39 en la temporada. Y ha sido más determinante que nunca.

Ronaldo habló de la final de Málaga: «Allí iremos a ganar». Ha marcado trece goles en sus últimos diez partidos y quiere superar ese récord de fin de campaña: «Tenemos que acudir a Málaga con la intención de vencer, no pensar en el empate. Nos mediremos a un equipo que juega muy bien, pero debemos demostrar que somos mejores y ser campeones». Casemiro elogió a Ronaldo con la misma sinceridad subjetiva expresada por Zidane: «Cristiano se merece su quinto Balón de Oro. Deben dárselo».

Aspas llamó a Martínez Munuera «cagón» en el descanso y no puso en el acta. Le expulsó en el segundo tiempo
El enfrentamiento de Balaídos fue muy tenso, rudo. La dura entrada a Cristiano nada más comenzar el partido definió el ambiente generado en Vigo contra el Real Madrid. El equipo de Zidane jugaba en tierra hostil por culpa de declaraciones de cargos deportivos y políticos que calentaron esa caldera a conciencia. Mouriño, presidente del Celta, departió cordialmente con Florentino Pérez en la comida de directivas después de manifestarse barcelonista confeso. Abel Caballero, alcalde de la ciudad, que se jactaba de haber decidido la suspensión del partido el 5 de febrero, como si hubiera conseguido una bicoca para Pontevedra, volvió a la carga al exponer que había que vencer al Real Madrid por encima de todas las cosas. Sentado en el palco, Caballero le quitaba protagonismo al dirigente del club, menos populista y más sosegado.

El himno celtista, cantado a capela, añadió adrenalina a la afición celeste. Enfrente, un millar de seguidores madridistas se desgañitaban desde un córner para apoyar al nuevo líder de la Liga. El golazo de Cristiano frenó la inercia de los seguidores locales. La celebración del tanto con el banquillo, todos jubilosos dentro del campo, reafirmaba su importancia.

Superado el golpe del Balón de Oro, los incondicionales del Celta reanudaron sus cánticos de ayuda a sus ídolos. Pero fue un apoyo de agresividad controlada. En el ambiente del vetusto Balaídos, sin arreglar desde hace un lustro por los enfrentamientos entre los políticos locales para ver quien pone los centollos en forma de euros, se palpaba un ambiente falseado, encendido artificialmente. Los aficionados vigueses asumían que habían perdido la oportunidad de dos finales, la Copa del Rey y la Europa League, y ganar al Real Madrid no podía satisfacer todas esas decepciones.

En el fragor de la noche galaica, media hora tardó la grada en corear el clásico así, así, así gana el Madrid». Si no se canta es que no hay partido.

El nuevo golazo de Ronaldo, esta vez nada más nacer el segundo tiempo, acabó con la ilusión celtiña dentro y fuera del campo. Los simpatizantes del líder contestaron con el mismo cántico escuchado veinte minutos antes: «Así, así, así gana el Madrid». El semblante de Abel Caballero en el palco era una metáfora del silencio de los corderos. Hubo algunos forofos celtiñas que se marcharon del estadio, desilusionados.

Se escuchaba la alegría de los madridistas en las tribunas y la expulsión de Aspas acabó por desquiciar a los hinchas gallegos, que ovacionaron al ayudante de Berizzo cuando fue echado por sus protestas. La explosión popular del 1-2 la anuló Benzema con su diana inmediata. El Madrid sobrevivió a la caldera.

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