Fernando Rodríguez Lafuente

La magia de las rotaciones

Fernando Rodríguez Lafuente
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Del blanco al negro hay diversos tonos de gris. Por estas tierras, el apego al blanco o al negro o a negarlo todo es un deporte que se practica desde la infancia. Con difícil tratamiento por lo que se ve, se lee y se escucha. De la magia de las rotaciones surgida de la lámpara mágica de Aladine Zidane se pasa, por dos míseros empates en el Bernabéu, al cuestionamiento de las rotaciones. O algo todavía más divertido (divertido si eres el espectador —siempre orteguiano— no el actor) y es lo que uno escuchó a lo largo de la segunda parte del partido frente al Levante el sábado pasado, dos filas, creo, por detrás de mi privilegiado y veterano euroabono. Era una imprecación a Zidane teñida de un humor entre castizo (Chamberí) y «cockney» (East End, londinense): «¡Saca a Morata!» repetía el tío en cada ataque del Madrid. Y así hasta el pitido final. Se repetirán las rotaciones porque no hay otra y porque han ido de fábula.

Otra cosa es las carencias. Y ahí sí que ni Morata, ni las rotaciones, ni la bendición celestial de Di’Stéfano: Sin Modric el Madrid no carbura, no crea juego. Lo del sábado fue un ejemplo brutal. Descolocados, perdidos en el centro del campo, sin creación, ni dirección. Sin Cristiano el Madrid no tiene gol. Benzema no acierta ni con la mira trucada; Bale no es un jugador de muchos goles, lo suyo es la carrera y, pidiéndole demasiado, algún remate de cabeza a la red. Y punto. Con las rotaciones, Mayoral se quedó fuera de la convocatoria. Rota tanto que ni sale. Y como Varane no termina de romper y Nacho, a pesar de su entrega, aún presenta enormes errores de colocación, queda ahora recomponer la cosa y la cosa no es otra que regresar a los titulares como será esta noche europea. Nada permanece estable, de ahí la melancolía. Excesos de confianza, un cierta soberbia de sentirse superiores y los huecos apuntados dieron como resultado dos empates. No es bueno que hoy se repita, por muy modesto y discreto que sea el chipriota Apoel. Oído.

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