Real Madrid Casemiro, tarjeta blanca

El brasileño supera los cien partidos con el Real Madrid y presume de no haber visto ni una sola cartulina roja

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Casemiro, tarjeta blanca

Semana muy importante para el Real Madrid, y para Casemiro, dichoso tras atravesar el puente de los cien partidos. No todos los días un futbolista puede presumir de ser centenario en el club blanco, y el pivote brasileño lo ha logrado con tan solo 25 años: «Cuando eres un niño ni siquiera imaginas llegar a esta marca», confiesa con orgullo y humildad el mediocentro, señalado por sus detractores en estas últimas semanas. El estilo de juego de Casemiro obliga al brasileño a caminar por el alambre más veces de las que le gustaría, situación que le ha podido mandar a la ducha antes de tiempo en algún que otro partido, pero su elevado rendimiento y los datos son su mejor escudo: «No voy a cambiar mi forma de jugar. Acabo de superar los cien partidos con el Real Madrid y nunca he visto una cartulina roja», recuerda el brasileño tras una nueva polémica.

Ante el Celta, Casemiro vio la amarilla al filo del descanso, por una clara zancadilla a Aspas. Mediada la segunda mitad, los locales reclamaron la segunda, tras una falta táctica del pivote blanco. Reglamento en mano, no lo era, pero eso no fue óbice para que el aficionado vigués y culé, indirectamente condicionado por el resultado de Balaídos, mostraran su amargor: «La primera falta sí que es cartulina, pero la segunda no. Entiendo que el equipo que va perdiendo se enfade, pero el árbitro lo ha hecho bien y no ha tenido influencia», reflexionó Casemiro.

28 amarillas en 101 partidos

Ante los gallegos, el «14» blanco sumó su partido número 101 con el conjunto blanco y vio su cartulina número 28. Nunca una doble amarilla, tampoco una roja directa. Cierto es que en ocasiones echa a un lado la prudencia y no mide la repercusión de su acción defensiva, pero el balance general es muy favorable al futbolista y, sobre todo, al equipo. A caballo entre Donato y Mauro Silva, gracias a Casemiro el Madrid de Zidane ha edificado lo que hoy es un rascacielos imponente: «Es muy importante en nuestro centro del campo. Un jugador fuerte físicamente y que nos da equilibrio. Él sabe que debe evitar ver amarilla en los primeros minutos, pero nada más. Yo no le voy a decir que cambie su manera de jugar», explica Zidane.

El entrenador francés está encantado con Casemiro, y no solo futbolísticamente. Desde el primer día quedó gratamente sorprendido por sus modales. Nunca tiene una mala cara, tampoco una palabra fuera de tono y, lo más importante, escucha con pasión. Abandonado por su padre a los tres años y con una madre que ejercía de empleada del hogar para sacar adelante a sus tres hijos, Casemiro aprendió muy pronto las curvas de la vida, forjando en él una personalidad obrera que transmite en su día a día y en su fútbol. Pelea cada balón dividido y acude a cada cobertura con fiereza, pero lo hace con nobleza y bastante más atino del sambenito que le quieren colgar.

Y en mitad de un debate de recorrido sesgado, Casemiro continúa sacándole brillo a su mono de trabajo, ajeno a las críticas de quien le quiere en la lona. No solo su trabajo de destrucción está siendo decisivo en el camino hacia el doblete. El brasileño ha explotado esta temporada de cara a portería. Cuatro goles en Liga, algunos de oro, como el logrado en San Mamés, y uno más en Champions. Tarjeta blanca para Casemiro.

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