Detalle de algunas de las joyas donadas para la realización de la Corona del Centenario
Detalle de algunas de las joyas donadas para la realización de la Corona del Centenario - MIGUEL A. JIMÉNEZ
LA CORONA DEL CENTENARIO

El valor incalculable del oro de los rocieros

Cada joya donada para fundir la nueva presea de la Virgen del Rocío tiene historias de ausencias convertidas en brillo a la devoción a la Blanca Paloma

ALMONTEActualizado:

Tal y como se hiciera hace 100 años, cuando Muñoz y Pabón consiguió movilizar a los devotos de la Virgen del Rocío para recaudar los fondos necesarios para sufragar los gastos de la coronación y de la propia presea, hoy las hermandades filiales, no filiales y las asociaciones rocieras de todo el mundo han protagonizado un movimiento que más allá de recaudar oro para la Corona del Centenario, está haciendo aflorar cientos de historias de amor y devoción a la Blanca Paloma.

Ya en aquellos primeros años del siglo XX el llamamiento del canónigo y sus colaboradores en las Juntas de Señoras y Caballeros fueron respondidas con donativos realmente conmovedores, aunque más por el sacrificio que suponía en aquellos tiempos, para una persona del pueblo llano, desprenderse de un cartón de huevos o del salario de un día. Sin embargo, hoy día, rodeados de comodidades y de todo tipo de adelantos tecnológicos, los donantes del oro de la que ya se conoce como la «Corona del Amor» no estarán renunciando a un plato de comida o a poder arreglar unos zapatos rotos, pero sí están entregando un pedazo de sus vidas, una experiencia que les ha marcado en su devoción a la Virgen y que, a menudo, esconde la superación de un dolor terrible.

Filial viene de hijo

Es el caso del Miguel Ángel Tenorio, un joven rociero que, además, este año tiene la satisfacción de presentar ante la Blanca Paloma a la hermandad que preside, recién acogida en la nómina de filiales de la Matriz: la de San Sebastián de los Reyes. La nueva hermandad madrileña es la ahijada de la filial de Valverde del Camino, de la que partió la iniciativa de realizar la joya por sufragio popular como regalo de todos los rocieros del mundo. Tenorio, que además entró a formar parte de la Comisión de la Corona del Centenario, invitó a sus cuatro hijos a ofrecer «una cosita para la Virgen», algo que su padre consideró «una forma bonita de que los niños empezaran a ser desprendidos».

Los niños sacaron rápidamente las cajitas en las que guardaban los recuerdos de sus respectivos bautizos y en aquella labor educativa en la que Tenorio quiso convertir el acto de donar dichos recuerdos, afloró también la presencia de un miembro de la familia que hace años partió a las marismas del cielo: su primer hijo, Adrián, que falleció en 2006 en accidente de tráfico cuando Miguel Ángel y su esposa lo llevaban al Rocío para presentarlo ante la Virgen. Allí estaban también sus enseres bautismales, y aunque los cuatro niños conocían la existencia de su hermano mayor, no habían visto nunca antes sus pertenencias.

«Lo bautizamos en San Sebastián de los Reyes y decidimos, como tantas familias, llevarlo al Santuario para ofrecérselo a la Virgen», narra Tenorio. «No hizo falta llegar para que Ella lo acogiera en su seno literalmente y llevárselo al cielo», cuenta con entereza. Así que los cuatro niños escogieron lo que querían aportar, «uno dio una esclava, otro una cruz, la niña dio una esclava y una cadenita y nosotros, de Adrián, dimos una esclava y una Cruz de Caravaca que le habían regalado, además de las alianzas que nos habíamos entregado como novios», desgrana.

Miguel A. Tenorio, presidente de la Hdad. de San Sebastián de los Reyes con su familia rociera
Miguel A. Tenorio, presidente de la Hdad. de San Sebastián de los Reyes con su familia rociera - ABC

Miguel Ángel y su mujer perdieron a su primer hijo cuando tenían tan sólo 25 años, «fue algo tremendo» que podría haber amenazado el futuro de su unión, pero en lugar de eso, «la Virgen y el Señor nos dieron luces para ver más allá del drama, para poder aferrarnos a esa fe, saber dónde está Adrián y quién lo tiene, y que algún día podremos volver a estar juntos», asegura el presidente de la nueva filial de San Sebastián de los Reyes.

Así lo sienten cuando están junto a la Virgen. «Cada vez que hemos ido a presentar a uno de nuestros hijos ante la Blanca Paloma y estamos en el camarín, José Antonio Romero, santero de la Virgen, nos recuerda que allí volvemos a estar todos juntos», y ahora, cuando sus hijos le preguntan si podrán ver lo que han donado «colgando de la Virgen», Miguel Ángel sonríe ante la ocurrencia de los pequeños y les explica que no, pero que «cuando vean los brillos de la corona, ahí estaremos todos los Tenorio juntos, junto a Adrián, fundidos en un gran abrazo».

Porque lejos de sentir vacío y ausencia, la fe y la devoción a la Virgen del Rocío ha llevado a Miguel Ángel y a su familia a ponerse al frente de la hermandad que ahora ha llegado a ser filial, un momento inolvidable para él, que el día que la Matriz hizo público el nombramiento no dejó de recordar a su primer hijo, que «para nosotros y para la historia de la Hermandad de San Sebastián es un pequeño rociero muy importante».

Rociero de corazón

Y si a Miguel Ángel Tenorio la Virgen le ayudó a afrontar la pérdida de su primogénito, a Rodolfo Romero, natural de Zalamea la Real, le dio un corazón, literalmente. Romero era una persona completamente agnóstica, según cuentan Luis Fernando Morián, presidente de la Comisión para la Corona del Centenario y Pilar Corralejo, presidenta de la Hermandad del Rocío de Valverde del Camino, quienes tuvieron la oportunidad de conocerlo bien. Enfermo del corazón y a la espera de un trasplante, Rodolfo perdió hasta dos oportunidades de conseguir el órgano que necesitaba por estar convaleciente de otras dolencias en el momento en el que surgieron los donantes. A la tercera fue la vencida: fue un sábado del Rocío cuando lo llamaron, hay un corazón disponible y compatible y la operación culminó con éxito.

Más tarde Rodolfo Romero se entera de que aquel corazón que late en su pecho y le permite vivir perteneció a una joven que sufrió un accidente camino del Rocío. Aquello le impresionó de tal manera que supuso un punto de inflexión en su existencia: «empieza a visitar a la Virgen, surge su fe y se involucra, con su familia, en la devoción rociera hasta el punto de organizar una asociación rociera en su pueblo que empieza a hacer el camino con la Hermandad de Valverde», explican.

Un corazón llevó a Rodolfo a la devoción Rociera
Un corazón llevó a Rodolfo a la devoción Rociera - ABC

«Vivió 20 años con un corazón rociero y curiosamente falleció también un sábado del Rocío, hace ahora dos años», recuerdan. Luis de la Banda, un amigo de Zalamea con el que compartió muchos caminos andando, fue el encargado de hacer llegar a la Comisión la placa de oro en la que se especificaba que Rodolfo estaba trasplantado. «Su familia no ha sido capaz de hacerlo personalmente y tras su partida, la asociación de Zalamea prácticamente ha desaparecido, porque era él el que la impulsaba», lamentan.

Javier Herrezuelo fue prioste de la Hermandad de Valverde del Camino
Javier Herrezuelo fue prioste de la Hermandad de Valverde del Camino - ABC

También tenía un corazón rociero Javier Herrezuelo, pero se paró demasiado pronto. Falleció hace diez años, con 22, en un campo de fútbol, cuando jugaba con la Olímpica Valverdeña. «Era un atleta, una persona sana, vitalista y rociero de cuna», recuerdan Morián y Corralejo. «Con meses su madre ya lo llevaba al Rocío, su padre fue prioste de la Hermandad del Rocío de Valverde, él también lo fue y ahora es su hermano el que desarrolla esta función», detallan. La tradición rociera, que alcanza también a su hermana, Rocío Herrezuelo, que este año ha sido la pregonera de la filial valverdeña, empujó a su madre a donar una esclava que había pertenecido a su difunto hijo y que encontró casualmente mientras realizaba una limpieza.

Señales de la Virgen, casualidades convertidas en historias de fe y devoción, un motivo para superar una pérdida irreparable, muestras de amor incondicional hacia una imagen venerada por millones de personas en todo el mundo… todo ello quedará fundido en una joya única en la que los peregrinos podrán encontrar también el recuerdo de los suyos, que serán ya para siempre ángeles de la Blanca Paloma.