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ENFERMEDAD DE PARKINSON

El café no alivia los síntomas motores asociados al párkinson

Contrariamente a como sugerían investigaciones previas, la cafeína no mejora los déficits motores ni la calidad de vida en pacientes con enfermedad de Parkinson

MADRIDActualizado:

Cada vez son más numerosos los estudios que constatan los beneficios del consumo de café para la salud humana. Es el caso, entre otros, de un efecto ‘curador’ del hígado graso, de un efecto ‘protector’ frente a la diabetes tipo 2 y, sobre todo, de una mayor esperanza de vida de los consumidores. Y a todo ello se aúnan las bondades del café a la hora de prevenir la enfermedad de Parkinson. Es más; parece que la cafeína incluso alivia los síntomas motores de los pacientes afectados por esta enfermedad neurodegenerativa. Pero, ¿es realmente así? Pues según revela un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad McGill en Montreal (Canadá), no.

Como explica Ronald B. Postuma, director de esta investigación publicada en la revista «Neurology», «la cafeína, que resulta tan segura y barata, se ha asociado a un menor riesgo de desarrollo de la enfermedad de Parkinson. Por tanto, resulta ciertamente excitante pensar que, posiblemente, podría ayudar a los pacientes que ya padecen la enfermedad».

Sin beneficio

En 2012, los propios autores publicaron en el mismo número de la revista un estudio que sugería que la cafeína podría ayudar a reducir los déficits motores asociados al párkinson. Sin embargo, se trataba de un estudio muy pequeño –el número de participantes era ciertamente limitado– y muy corto –la duración fue de tan solo seis semanas–, por lo que se requería la realización de investigaciones ulteriores que, más grandes y duraderas, confirmaran los resultados.

En el nuevo estudio, los autores contaron con la participación de 121 mujeres y varones con una media de edad de 62 años y cuyo periodo promedio desde el diagnóstico de la enfermedad de Parkinson se estableció en cuatro años. Y con objeto de evaluar el posible efecto beneficioso de la cafeína sobre los síntomas motores, recibieron la administración dos veces al día –durante el desayuno y tras la comida– de una cápsula con 200 miligramos de cafeína –cantidad equivalente a la contenida en tres tazas de café– o con placebo –‘grupo control’– durante nueve semanas.

La cafeína no puede ser recomendada como terapia para los síntomas motores en la enfermedad de ParkinsonRonald Postuma

En este contexto, debe destacarse que los participantes en el grupo ‘activo’ no recibieron la dosis de 200 miligramos de cafeína desde el primer día de estudio. La dosis, que en el primer día fue totalmente nula, fue incrementada progresivamente hasta alcanzar los 200 miligramos en la novena semana. Pero dio igual. Los resultados no mostraron ninguna mejora de los síntomas motores asociada al consumo de cafeína. De hecho, tampoco se observó ninguna mejoría en la calidad de vida entre el consumo de cafeína o de placebo, hasta el punto de que si bien el periodo de seguimiento previsto inicialmente en el estudio se había establecido en 6-18 meses, los autores decidieron parar la investigación inmediatamente.

Como refiere Ronald Postuma, «si bien nuestro trabajo previo había mostrado una posible mejora de la sintomatología, se trataba de un estudio corto, por lo que es posible que la cafeína pueda tener un beneficio a corto plazo que se disipe rápidamente. Sea como fuere, nuestro hallazgo principal es que la cafeína no puede ser recomendada como terapia para los síntomas motores en el párkinson».

Buscar otras ‘alternativas’

En definitiva, y si bien es posible que el café pueda prevenir el párkinson, no parece que sea eficaz una vez la enfermedad ya se ha desarrollado. O cuando menos a la dosis empleada en el estudio, dado que como puntualizan los autores, es posible que a dosis más elevadas pueda tener unos efectos ‘diferentes’. Sin embargo, y aunque los resultados no hayan sido positivos, se trata de un trabajo ciertamente útil.

Como concluye Charles B. Hall, de la Facultad de Medicina Albert Einstein en Nueva York (EE.UU.), en un editorial del mismo número de la revista, «es importante estudiar los hallazgos prometedores. También es importante que los hallazgos desalentadores, como este, sean compartidos, para que así las nuevas investigaciones se centren en otros posibles tratamientos».