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CÁNCER

Los nuevos fármacos para el cáncer ya comercializados son más caros pero no más eficaces

Solo 35 de las 68 indicaciones frente al cáncer aprobadas por la EMA entre 2009 y 2013 han demostrado mejorar la supervivencia o la calidad de vida de los pacientes

MADRIDActualizado:

Las enfermedades oncológicas son, tras las cardiovasculares, la primera causa de muerte en todo el mundo. De hecho, se prevé que, solo en el presente año, la cifra de fallecidos por los distintos tipos de cáncer ascienda a cerca de 1,4 millones en la Unión Europea. De ahí la necesidad, vital, de desarrollar nuevos tratamientos frente al cáncer. Unos tratamientos que, lógicamente y además de seguros, deben ser más eficaces que los ya disponibles. Y es que según alerta un estudio llevado dirigido por investigadores del King’s College de Londres (Reino Unido), este podría no ser el caso de muchos de los fármacos aprobados en los últimos años en la Unión Europea. Un aspecto a tener muy en cuenta dado que estos fármacos sí son mucho, pero que mucho, más caros.

Como explica Courtney Davis, director de esta investigación publicada en la revista «The BMJ», «cuando se aprueban fármacos caros que carecen de beneficios clínicos significativos y que son pagados por los sistemas públicos de salud, los pacientes individuales pueden resultar dañados, recursos muy importantes para la sociedad pueden ser malgastados, y la prestación de una atención equitativa y asequible se puede ver socavada».

Misma eficacia, mayor coste

En el estudio, los autores analizaron los informes emitidos por la Agencia Europea del Medicamento (EMA) sobre nuevas indicaciones aprobadas en el abordaje del cáncer entre los años 2009 y 2013. Y del total de 68 indicaciones aprobadas en este periodo, el 57% –o lo que es lo mismo, 39– fueron lanzadas al mercado sin ninguna evidencia de que mejoraran la supervivencia o la calidad de vida de los pacientes.

Pero, si no aportan ninguna mejoría ‘real’ a los tratamientos ya existentes o, incluso, al placebo, ¿por qué se aprueban? Pues según indican los autores, «muchos de los fármacos han sido aprobados en la base de parámetros indirectos que no siempre predicen con certeza si el paciente vivirá más o se sentirá mejor, generando así preguntas muy serias sobre los estándares actuales de la regulación farmacológica».

Está claro para mí y para otros millares de pacientes que nuestro actual modelo de investigación y desarrollo ha fracasadoEmma Robertson

Es más; de las 68 indicaciones oncológicas aprobadas por la EMA y transcurrido un promedio de cinco años desde su llegada al mercado, solo 35 (51%) han mostrado una ganancia en la calidad de vida o la supervivencia de los pacientes cuando se comparan frente a los tratamientos ya disponibles o al placebo. Una ganancia que, además y según apunta los autores, «suele ser marginal».

Y llegados a este punto, ¿qué pasa con las otras 33 indicaciones restantes? Pues que, a pesar del lustro transcurrido desde su aprobación, todavía no hay ninguna certeza de que supongan una mayor supervivencia o una mejora en la calidad de vida para los pacientes.

En definitiva, como concluye Courtney Davis, «si bien nuestro trabajo presenta algunas limitaciones que pueden haber afectado a los resultados, nuestros hallazgos sugieren la posibilidad de que los estándares de evidencia para la regulación farmacológica estén fracasando a la hora de incentivar el desarrollo de medicamentos que mejor se ajusten a las necesidades de los pacientes, los médicos y los profesionales sanitarios».

Fracaso del modelo

El estudio se ha publicado en un momento en el que los gobiernos europeos están comenzando –sino llevan ya tiempo haciéndolo– a cuestionarse seriamente el elevado precio de los medicamentos. Como apunta Deborah Cohen, editora asociada de la revista, en un editorial que acompaña al estudio, «el hecho de que tantos de los nuevos fármacos en el mercado carezcan de una buena evidencia en lo que refiere a la mejora del pronóstico de los pacientes pone a los gobiernos en una difícil posición a la hora de decidir qué tratamientos financiar y cuáles no».

Pero evidentemente, no se trata solo de una mera cuestión económica. Debe anteponerse sobre todo la vida de los propios enfermos. A este respecto, como indica Vinay Prasad, de la Universidad de la Salud y las Ciencias de Oregón en Portland (EE.UU.), en un segundo editorial, «el empleo de estudios con diseños no controlados o con parámetros de evaluación indirectos deben ser la excepción, no la regla. El gasto y toxicidad de los fármacos oncológicos nos deben obligar a exponer a un paciente a un tratamiento solo cuando podamos esperar una mejora razonable en su supervivencia o en su calidad de vida. Los resultados de este estudio sugieren que nos podemos encontrar muy lejos de esta situación».

Y en este contexto, ¿qué piensan de la situación los propios afectados por una enfermedad oncológica? Pues como alude Emma Robertson, paciente afectada de cáncer, en un último comentario adjunto al estudio, «está claro para mí y para otros millares de pacientes que nuestro actual modelo de investigación y desarrollo ha fracasado».