La teoría de los 10.000 pasos nos aleja del riesgo cardiovascular

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La obesidad relacionada con el sedentarismo genera el desarrollo de enfermedades como diabetes, hipertensión arterial y dislipemia aterogénica por lo que, según indican los expertos en cardiología, en los próximos años asistiremos a un repunte de la morbimortalidad cardiovascular. Según un estudio presentado durante la 19ª Reunión Nacional de la SEH-LELHA, el 47% de la población española se declara sedentaria, por lo que cada vez cobra mayor importancia la prescripción de ejercicios físicosa pacientes con riesgo cardiovascular (RCV) por parte del médico.

«Hay una evidencia tipo A I, es decir, incuestionable, y es que en todos los estudios controlados, la población que realiza ejercicio físico vive más tiempo y goza de mayor calidad de vida, es decir, tiene menos enfermedades crónicas cardiovasculares. Los adultos deben ejercitarse durante 150 minutos a la semana y los niños, 420», asegura José Abellán, Director de la Cátedra de Riesgo Cardiovascular en la Universidad Católica de Murcia (UCAM).

En cuanto a los beneficios, añade, «se ha comprobado que la práctica regular de ejercicio entre los pacientes hipertensos logra reducciones de 2 a 7 mm Hg de su presión arterial a medio plazo, ayuda a controlar el peso entre los obesos cuando se asocia a programas dietéticos, mejora el perfil lipídico al aumentar el HDL colesterol y disminuye las necesidades de insulina entre los diabéticos».

Prescripción individualizada

A pesar de que cada patología tiene sus particularidades, es necesario adaptar y prescribir ejercicio físico a cada paciente según su situación. «A día de hoy, esta prescripción se maneja con un alto grado de empirismo y generalmente se limita a aconsejar aumentar el volumen de ejercicio de los pacientes sin más consideraciones», asegura Abellán, para quien «se está desaprovechando una herramienta muy útil, porque una indicación mal efectuada lleva al abandono».

Los expertos abogan por una prescripción individualizada de ejercicio físico para cada paciente. En este sentido, Abellán cree que el cardiólogo y el resto de médicos que atienden a pacientes con riesgo cardiovascular tienen que conocer las bases de una prescripción correcta y así beneficiarse del empleo adecuado de una herramienta eficaz. «Su prescripción supone unas ventajas pero también unos riesgos. Es preciso asegurarse antes que el paciente puede realizar ejercicio y que está en las condiciones adecuadas para hacerlo». La prescripción del ejercicio físico supone unas ventajas pero también unos riesgos

Este es el caso, por ejemplo, de las personas hipertensas, quienes antes de practicar ejercicio deben tener sus cifras controladas. En cuanto a los dislipémicos se tiene que reforzar la periodicidad de las sesiones y vigilar la coexistencia de fármacos que potencialmente pudieran dañar sus músculos; a los diabéticos se les debe ajustar los requerimientos de insulina y tal vez suplementar con una pequeña ración de hidratos de carbono tras cada sesión de ejercicio; y entre los ancianos hay que tener en cuenta que a veces no tienen la suficiente fortaleza para hacer toda una sesión seguida, pero si pueden fraccionarlas en mini-sesiones de 10-15 minutos porque así suman y se alcanzan los beneficios esperados.

Por último, este experto aclara que «con poco esfuerzo podemos cambiar nuestros hábitos y mejorar nuestro RCV. La teoría de los 10.000 pasos es fácil de cumplir y es la barrera que nos separa del sedentarismo. Equivale a andar unos 7 Km/día».