Curro, la mascota de la Expo92, cumple veinticinco años
La mascota inflable de Curro en la celebración del vigésimo aniversario de la Expo92 - EFE
ANIVERSARIO

Curro, la mascota de la Expo92, cumple veinticinco años

El muñeco de la Exposición Universal vio la luz el 14 de marzo de 1989 en Madrid envuelto en una agria polémica

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Curro, la mascota de la Expo92, vio la luz el 14 de marzo de 1989 en una conferencia de prensa en Madrid a la que acudió su autor, el dibujante checo Heinz Edelmann, envuelto en una agria polémica con el dibujante de ABC Antonio Mingote. Para su bautizo sevillano, apadrinado por Els Joglars en una fiesta multitudinaria en la plaza de España, habría que esperar todavía al 22 de abril.

Hasta llegar a la presentación mundial de la mascota de la Exposición Universal, la organizadora del certamen había recorrido un largo camino a partir de los cuarenta diseños de veintitrés autores invitados que habían tomado parte en el concurso convocado a tal efecto, bajo coordinación de Pedro Tabarnero. Finalmente, el jurado eligió tres mascotas: las de Heinz Edelmann, conocido por haber participado en los dibujos animados de la película de los Beatles «El submarino amarillo»; Miguel Calatayud, ilustrador que había trabajado en los años 80 con el club juvenil de El Monte de Piedad sevillano; y el dibujante de ABC Antonio Mingote. El jurado, en una votación secreta, había establecido un orden de prelación para el caso de que la elegida hubiera tenido problemas en el registro de propiedad intelectual.

La elección de la mascota se vio enseguida envuelta en la polémica, más acerba incluso que la que había envuelto unos meses antes la selección del cartel oficial de la Expo92. El diseño del francés Guy Billot, un naranjo sobre un suelo escaqueado en el que orbitaban los planetas a modo de frutos caídos del árbol, había desagradado casi a todo el mundo, razón por la que la organizadora prefirió esconderlo en adelante. Pero la mascota era otra cosa: estaba en juego el elemento más poderoso de la mercadotecnia en torno a la Expo sevillana y la organizadora no podía permitirse otro patinazo. Pero éste se produjo.

Desde las páginas de Diario 16 Andalucía, el hoy columnista de ABC Ignacio Camacho, aseguraba el día 28 de enero que la mascota elegida por el jurado sería «un pájaro con el pico de colores y un penacho de plumas». El periodista daba cuenta en la misma información que Telemundi, la empresa comercializadora de los derechos de imagen de la Expo, había expresado sus reticencias de cara a su difusión entre el público infantil.

«Mingote renuncia al premio por su mascota de la Expo92» Aquella publicación desencadenó una enérgica reacción de la mujer y representante de Antonio Mingote, que desveló en la portada de ABC de Sevilla del 31 de enero el diseño con el que había tomado parte en el concurso: un angelote con gorrilla que llevaba por nombre Curro, precisamente. El titular de portada no dejaba lugar a dudas del conflicto que le había estallado en las manos a la organizadora de la muestra: «Mingote renuncia al premio por su mascota de la Expo92».

El genial humorista entendía que se habían violado las bases del concurso al establecerse una prelación entre los tres diseños con vistas a su inscripción en el registro de patentes. Finalmente, Mingote reconsideró su postura y permitió que su mascota figurara en la terna de vencedores. Tal vez su anuencia final permitió que se bautizara al pájaro con el pico de colores con el nombre que él había ideado para su mascota: Curro, en lugar de Francis como el diseñador checoslovaco había propuesto.

Con esos mimbres se llegó a la presentación oficial en Madrid a través de un cortometraje de animación de 40 segundos de duración en los que Curro surgía de un arco iris, cuyos colores se le pegaban a la cresta antes de mirarse en un charco donde se refleja el arco iris del firmamento: finalmente, se bebe el agua y los colores se le quedan fijados a la trompa. No hubo muñecos en tres dimensiones por la premura con que se había organizado.

Ese fue el parto de Curro, la mascota de la Expo. Su diseño quedó registrado en 42 clases o modelos de utilidad que abarcaban la práctica totalidad de productos disponibles en el mercado industrial. Arrancaba así una larga vida que hoy cumple sus primeros veinticinco años de vida en los que se ganó a los sevillanos y muy especialmente a los niños.