Sevilla

¿De dónde vienen las cotorras invasoras que hay en Sevilla?

La kramer, una especie grande y muy vistosa, puede poner en peligro los cultivos de girasol y desplazar a cernícalos y murciélagos

Un ejemplar de cotorra argentina en un parque de Málaga
Un ejemplar de cotorra argentina en un parque de Málaga - francis silva
l. rodríguez - Laura_Pancho - Sevilla - Actualizado: Guardado en: Sevilla

Hubo un tiempo en que para ver en Sevilla capital aves diferentes a los gorriones había que ir a los parques. De hecho, la Plaza de América del parque de María Luisa era el lugar favorito de todo niño porque allí podía ver de cerca y alimentar a las palomas. En la actualidad, la superpoblación de estas aves en muchos núcleos urbanos resulta un problema por la generación de suciedad y malos olores.

En la década de los 80, las cotorras argentinas, una de las especies más invasoras del planeta, comenzaron a anidar de forma masiva en el continente europeo y desde hace unos años no es raro ver bandadas de pájaros exóticos en la capital hispalense. Según un estudio en el que han participado la Estación Biológica de Doñana y la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, todas las cotorras invasoras proceden de una pequeña región de Sudamérica, entre el sur de Brasil, Argentina y Uruguay.

Un peligro para otras aves y cultivos

La investigadora de la Estación Biológica de Doñana Martina Carrete ha explicado a ABC de Sevilla que en la ciudad, además de la argentina, existe también la presencia de las cotorras kramer, más grandes y vistosas, muy fáciles de ver en el Parque de María Luisa, en la Cartuja y en los alrededores de las murallas de la Macarena. Estas aves desplazan a otras que nidifican en agujeros, suponiendo un problema de conservación para algunas especies amenazadas, como el nóctulo gigante (un tipo de murciélago) o el cernícalo primilla. También suponen un peligro para la vegetación autóctona: «hemos visto que cuando las kramer se juntan a comer en campos de girasol pueden provocar descensos significativos de las cosechas», asegura Carrete.

Censo y cría en cautividad

Las cotorras kramer comen prácticamente de todo, aunque su alimentación se basa en semillas, frutos, hojas tiernas y flores. No están protegidas de momento por ninguna ley, aunque su captura para la cría en cautividad no está aconsejada, ya que los ejemplares salvajes enjaulados gritan y se vuelven agresivos por el estrés que les causa estar encerrados.

Aunque recientemente la SEO ha organizado un censo nacional de ambas especies -en Sevilla existen unos cien ejemplares solo de cotorras argentinas- desde la Estación de Doñana aseguran que no existe un plan de actuación para controlar la población de cotorras, algo que lamenta Martina Carrete, ya que «estas especies se vuelven muy abundantes, son muy difíciles de controlar y causan daños económicos muy significativos, como está ocurriendo por ejemplo en Israel con la kramer».

Transmisión de enfermedades

Pero ¿cómo han llegado estas aves a los núcleos urbanos? Aunque no se sabe a ciencia cierta, desde la Estación Biológica de Doñana apuntan a que se ha podido deber a escapes accidentales o a sueltas por parte de propietarios. La investigadora Martina Carrete hace hincapié en el peligro de estas prácticas, ya que la liberación de especies exóticas, además de poner en peligro cultivos y a otras especies, facilita la propagación de enfermedades que pueden afectar a los seres humanos y a las mascotas, como la psitacosis, una enfermedad infecciosa causada por una bacteria y que también portan loros, pavos y palomas.

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