Sandra García y José Miguel Valero
Sandra García y José Miguel Valero - ABC

El 7% de los bebés nacidos en Sevilla son de madres de más de 40 años

Ese porcentaje era del 1,9% hace veinte años, cuando la edad media a la que se tenía el primer hijo era de 26 años

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En la década de los 90, las mujeres sevillanas tenían su primer hijo a los 25 años y la tasa de fecundidad se situaba en 3,2 hijos por mujer. Dos décadas después, la edad media en la que se estrenan como madres las sevillanas se ha retrasado hasta los 30,5 años y la tasa de fecundidad se ha desplomado hasta los 1,4 hijos, según el Instituto de Estadística de Andalucía. Hay mujeres que por razones laborales, económicas, sociales o sentimentales son madres a partir de los cuarenta años, precisamente cuando son más maduras pero también cuando su reloj biológico les dificulta en ocasiones quedarse embarazadas porque la fertilidad cae bruscamente a partir de los 35 años y al menos la mitad de los embarazos se pierden, por lo que tienen que recurrir a técnicas de inseminación artificial o fecundación in vitro.

En Sevilla, en 2016 nacieron un total de 1.418 niños de madres de más de 40 años. Se trata del 7,4% de los 19.119 bebés que vinieron al mundo en esta provincia el pasado año. Ese porcentaje no hace sino crecer. De hecho, era del 1,9% en 1996 y del 4,1 en 2010. Quiero decir que en sólo siete años ha crecido tres dígitos el número de nacimientos de madres «añosas». A este ritmo, todo indica que ese porcentaje podría situarse en el 10% en breve, lo que ha llevado ya a mujeres de 30 años a congelar sus óvulos con la intención de usarlos diez años después.

¿Tiene más ventajas o inconvenientes para las madres o los niños retrasar tanto la maternidad? Según Alejandro Macarrón, autor de «El suicidio demográfico», «estamos en una espiral de muerte demográfica. O aumenta el número de hijos por mujer o, si no, nacerán menos niños en el futuro porque cada vez habrá menos mujeres en edad fértil». Para Cayetano García-Castrillón, psiquiatra y psicoterapeuta, «la edad a la que una mujer tiene un hijo no es un inconveniente emocional a la hora de educarlo. No está demostrado que los niños de madres de más de 40 años vayan a ser más conflictivos que otros».

Este psiquiatra afirma que un momento delicado puede llegar cuando las madres llegan a la menopausia coincidiendo con la adolescencia de sus hijos. «Se juntan dos edades de cambio para la madre, que se enfrenta a cambios en su cuerpo, lo su supone un duelo, y para los hijos, que se despiden de la infancia y se resisten a ello adoptando actitudes infantiles. Los dos pueden estar de malhumor porque están pasando un mal momento y es más probable que cualquier conflicto que surja termine en bronca o enfado».

Educar hoy es más difícil

Cayetano García-Castrillón no ve, sin embargo, problemas en que la adolescencia de los hijos coincida con la jubilación laboral de los padres, a pesar de que existe la creencia de que los hijos de padres mayores terminan descontrolándose. «Ser padres más allá de los 40 puede hacer que éstos estén más tranquilos gracias a su experiencia. Eso se ve en quienes vuelven a ser padres a esas edades. Cuando llegan la adolescencia de sus hijos más pequeños ya les coge con experiencia y más temple».

No obstante, este psicoterapeuta familiar admite que «educar hoy a un adolescente es más difícil que hace veinte años porque los niños entran en esa fase de la noche al día, con un grado de desafío muy brusco, y a los padres nos cuesta ir a tanta velocidad, lo que provoca una indigestión psicológica».

Ante todo, García-Castrillón recomienda precaución en el uso de las nuevas tecnologías por parte de bebés, niños y adolescentes, por los efectos que su uso tiene en la educación de nuestros hijos. En este sentido, da un consejo a los padres de todas las edades: «Cuanto más tarde lleguen los móviles y las tabletas a las manos de nuestros hijos, mejor. Hay que cambiar el regalo estrella de la comunión y sólo permitir los móviles a partir de los 13 o 14 años».