Juan Domínguez Bendala en la nueva librería Isla de Papel
Juan Domínguez Bendala en la nueva librería Isla de Papel - RAÚL DOBLADO
ENTREVISTA

«Conozco muchos científicos muy pagados de sí mismos, como los que salen en mi novela»

El biólogo molecular sevillano Juan Domínguez, puntero en la investigación mundial sobre la diabetes, publica «El ciervo de Robson», un libro de aventuras y humor

SEVILLAActualizado:

Juan Domínguez Bendala (Sevilla, 1970) dirige el Laboratorio de Células Madre del Diabetes Research Institute de Miami, uno de los centros de referencia a nivel mundial en el desarrollo de terapias celulares para la diabetes en el que trabajan científicos de todo el mundo. Autor de numerosos trabajos científicos, acaba de publicar ahora su primera novela, «El ciervo de Robson» (Samarcanda).

¿Dudó alguna vez entre ser biólogo molecular o escritor?

Siempre me gustó escribir. Hacía obras de teatro para mis hermanos y para el colegio pero nunca me planteé ser escritor. Siempre me encantó la biología y lo de escribir siempre me lo tomé como una afición.

Los científicos tienen fama de no ser muy claros en sus explicaciones y usted escribe, sobre todo, sobre células. ¿Se ha esforzado para que eso no ocurra con su novela?

Sí. Cuando uno tiene que dar una conferencia ante una audiencia no muy lega en la materia tiene que esforzarse para hacerse comprensible pero no todo el mundo lo consigue. Hay científicos muy buenos que no saben conectar con el público. Hay que ser claros en la explicación de las cosas científicas y para eso me ha ayudado mucho mi trabajo en la fundación para obtener financiación. He tenido que explicarme muchas veces y cuando he sido yo público y no me he enterado de algo siempre he preguntado.

Su novela tiene aventuras y humor. Es surrealista la disputa por un ciervo que aparece cada 600 años tras un deshielo planetario entre Alaska y California. ¿Cómo se le ocurrió?

No leí nada que me inspirara. El planteamiento es original y muy extraño. Demasiado surrealista para haberlo leído en ningún sitio, pero la estructura se asemeja a las novelas de Julio Verne. Me gustó mucho «La vuelta al mundo en ochenta días» y algunas novelas de Conan Doyle. Me gusta mucho su toque de humor y la interacción con los mayordomos y los criados, que son más listos que sus patrones.

Los científicos que sale en ella son muy pagados de sí mismos. ¿Es así en realidad su gremio en Estados Unidos?

Sí, hay muchos personajes que están inpirados en personas reales, aunque no voy a decir los nombres. En el libro se mueven por ponerle su nombre a la criatura y luchan por eso. Hay cien animales diferentes con el nombre de cada uno que lo descubrió. Hay mucha crítica a la sociedad científica de la época y mucha puñalada trapera, algo muy similar a lo que ocurre en la realidad.

Tiene dos hijos pequeños, ¿cómo sacó tiempo para escribir, fuera del trabajo?

Lo escribí antes de que nacieran. Ahora no tengo tiempo para escribir. Lo hacía mucho con mi portátil en un tren que me llevaba al trabajo: cuarenta minutos ida y cuarenta minutos vuelta. Ahora los fines de semana estamos ideando cosas para evitar que los niños no destruyan la casa.