Algunos sevillanos nos abren las puertas de sus casas para mostrarnos sus mascotas - ABC
MEDIO AMBIENTE

Cuando los animales exóticos se convierten en mascotas

El abandono de mascotas exóticas es una grave amenaza para las especies autóctonas en peligro de extinción y pueden transmitir enfermedades

SEVILLAActualizado:

Un efecto colateral de la globalización es la introducción de animales éxoticos en países alejados de su área natural. Cuando estas especies se escapan o son liberadas al medio y logran sobrevivir, pueden desplazar a las especies autóctonas o incluso transmitir enfermedades. En España, las leyes protegen tantos a los autóctonos como a los «invasores».

Nadie se sorprende que un vecino tenga un hámster o una tortuga como animales de compañía, pero si hablamos de una tarántula, una mofeta o un cerdo vietnamita puede sembrar desconfianza.

En la provincia de Sevilla hay registrados 604 mascotas exóticas, según los últimos datos de la Junta de Andalucía. Los que más hay son: el loro gris (136) procedendes de África; tortugas mora (60) de Asia; y el guacamayo azulamarillo (30) de Sudamérica. Los sevillanos también tienen en sus casas pitones de la Índia, monos ardilla e incluso tigres.

En general, las personas compran un animal porque les gusta o porque se han puesto de moda, pero sin la información necesaria sobre los comportamientos y necesidades.

Los animales «salvajes» criados en cautividad no se pueden abandonar a su suerte. Según el Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil, «no comunicar la fuga de estos ejemplares se considera una infracción leve, cuya multa podría llegar hasta los 600 euros. Y grave hasta 60.000 euros, si introducen ejemplares no permitidos».

Pilar García: «Cuando la compré medía 30 centímetros y ahora mida metro y medio»

Murphy en brazos de su dueña Pilar
Murphy en brazos de su dueña Pilar - PEPE ORTEGA

Murphy es el nombre de la simpática iguana de Pilar. Esta administrativa de 43 años natural de Sevilla lo tenía muy claro desde el principio. Vive sola y quería compañía. «No me apetecían perros ni gatos y me encantaban los reptiles. Estuve un año investigando sobre ellos para estar preparada», confiesa Pilar.

Cuando lo compró medía treinta centímetros y pesaba veinte gramos. Seis años después mide más de metro y medio y pesa más de seis kilogramos. «Yo quería que creciera porque se me escurría de las manos. Hasta los siete años puede seguir creciendo hasta el metro ochenta. Y pueden vivir durante veinte años», dice.

«Es fundamental informarse sobre ellos, porque después llegan las sorpresas y son abandonados. Los animales sufren, no son juguetes y dependen únicamente de nosotros», manifesta Pilar.

Las iguanas son hervívoras y su dieta está basada en rúculas, brotes verdes, judías o calabarzas. Necesitan doce horas de radiación y mucho calcio. Reconoce que «hay que estar muy encima, pero es mi bebé».

Jaime Gastalver: «Las aves rapaces pueden llegar a pensa que el cuidador es su pareja»

Una de las águilas de Jaime posada en el guante de cetrero
Una de las águilas de Jaime posada en el guante de cetrero - RAÚL DOBLADO

Este joven sevillano de 33 años ha convertido su ocupación en su pasión. Desde hace diez años trabaja como cetrero en el Aeropuerto de Jerez y su mejor compañero de rutina es el halcón. Su función es ahuyentar a las aves para evitar que impacten contra los aviones en el aterrizaje.

En su casa tiene doce aves rapaces entre águilas de harris —en la imagen— y azores. «Se pueden convertir en veinte porque están en época de crianza», recalca. Las aves viven en unos cuartos adaptados en un piso de Su Eminencia pero «dependiendo de la época del año, duermen conmigo en el tiempo de amansamiento» y asegura que los vecinos están más que acostumbrados a ellos.

«En ocasiones, el animal puede pensar que su cuidador es su pareja. Las hembras se dejarían hasta inseminar. Para evitar esto, las encierro y les doy de comer sin que me vean para que acepten al macho», explica el joven cetrero.

Jaime sale a cazar dos veces por semana, como mínimo, a un coto privado de Carmona. «Este tipo de caza es más selectiva. Éstos se comen una codorniz diaria», dice.

Daniel Siero: «Un pitbullo o un rottweiler puede ser más peligros que una serpiente»

La pareja de serpientes «hocico de cerdo» no son venenosas
La pareja de serpientes «hocico de cerdo» no son venenosas - PEPE ORTEGA

Daniel, de 26 años y estudiante de Veterinaria, tiene en su casa una pareja de heterodum nasicus, o lo que es lo mismo, serpientes «hocico de cerdo». Le gusta los animales desde pequeño,sobre todo, los reptiles y anfibios y ha tenido: tortugas, ranas, geckos, erizos, entre otros.

Este tipo de serpiente, que no es venenosa, se permite en los hogares si se cuenta con un «núcleo zoológico y siempre y cuando en su estado adulto no pese más de dos kilogramos», explica Daniel que además regenta una tienda de mascotas en los Remedios.

«Es cierto que con una serpiente no puedes interactuar como con un perro o un gato, pero me gusta cuidarlos, observar su comportamiento,... son como peces. Es otro tipo de relación animal», dice.

El joven estudiante minimiza el peligro de estos reptiles. Dice que «un pitbull o un rottweiler puede ser más peligro que una serpiente. La clave está en el cuidado que se tenga con ellos desde que nacen”. Lo bueno de estas mascotas es que comen ratones congelados cada cinco días y «te puedes ir unos días de vacaciones».

José Luis Parladé: «Los cerdos vietnamitas son como los perros y además son muy limpios»

José Luis junto a un trabajador en su finca de Alcalá de Guadaira
José Luis junto a un trabajador en su finca de Alcalá de Guadaira - ALBERTO MALLADO

Hubo un tiempo que estuvieron de moda. Los cerdos vietnamitas se convirtieron en una nueva «especie de perro» en los hogares, sus ventas se multiplicaron y se usaron como mascotas.

Cuando la gente los compra les parece muy simpáticos, pero cuando crecen pueden llegar a pesarmás de 150 kilogramos. En la búsqueda de alimentos pueden hacer trizas las alfombras o el césped del jardín y muchos son abandonados.

No es el caso de José Luis Parladé, un empresario jubilado de 71 años. Vive en una finca de Alcalá de Guadaira y ha llegado a tener hasta diez cerdos vietnamitas. Actualmente tiene dos en una parcela de su inmueble. «Los tuve que vender porque me tenían toda la arena revuelta», asegura.

A pesar de eso, confiesta que les resultan muy «graciosos». Desde siempre ha estado rodeado de animales. «Con veinte años tuve alrededor de cien mil pollos de engorde. Pero ahora los que tengo son para entretenerme», dice. «Los cerdos son guarros cuando ven un charco, pero para el resto no. Además no suelen oler. Dentro de la casa están mejor que en la parcela».