Los restos fúnebres de David Polvillo fueron llevados al cementerio de Sevilla con música de charanga - ABC
OBITUARIOS

Así era David Polvillo, el estibador sevillano que pidió ser llevado a la tumba con música de charanga

Sus familiares aseguran que pasó sus 54 años de vida «haciendo disfrutar a los suyos» con su alegría y buen humor.

Lo hizo «hasta el último momento», porque durante su funeral en el tanatorio se proyectó un vídeo con sus bromas

SEVILLAActualizado:

Se llamaba David Polvillo López, aunque quienes le conocían lo llamaban «El Polvi». Por su personalidad animada y siempre alegre era muy conocido entre los vecinos de su barrio, y especialmente querido entre sus compañeros del Puerto de Sevilla, en cuyo muelle estuvo trabajando como estibador hasta su reciente prejubilación.

Pero poco tiempo pudo disfrutar de su merecido descanso este sevillano anónimo que se ha dado a conocer póstumamente en buena parte de España después de que las imágenes de su sepelio acompañado por una charanga se hayan viralizado en las redes sociales. La idea no fue una extravagancia o un capricho de sus familiares, sino una petición expresa que el propio David reiteró a sus seres queridos pocos días antes de que un infarto fulminante se lo llevase de este mundo.

David Polvillo, en una de sus habituales imágenes con su eterna sonrisa
David Polvillo, en una de sus habituales imágenes con su eterna sonrisa- ABC

Fue durante un almuerzo familiar en una de sus habituales estancias en el núcleo costero de Costa Ballena cuando manifestó por última vez su voluntad de despedirse de esta vida entre los sones de una banda: «El día que yo falte no quiero lágrimas ni penas. A mí ponerme una charanga con música». Y así lo tuvo que hacer su familiar una semana más tarde «con mucho cariño y respeto», tal y como ha relatado a este diario Benjamín Flores, yerno del difunto, al que «quería como a un padre» y al que siempre recordará por «estar siempre riendo» y por su «talante cercano y cariñoso con todo el mundo».

Benjamín cuenta que su suegro tuvo que dejar su empleo en el muelle del Puerto de Sevilla a los 54 años tan sólo dos meses antes de su muerte. Allí llegó de la mano de su padre para trabajar como eventual. Se marchó ya como oficial de cubierta este verano, cuando empezó a padecer problemas cardíacos. Divorciado y padre de tres hijas – Laura Joana y May–, «El Polvi» vivía junto a su madre en el Polígono Sur. Fue allí donde su corazón dejó de latir tras sufrir un infarto fulminante en la madrugada del pasado viernes.

«El Polvi» trabajaba como estibador
«El Polvi» trabajaba como estibador- ABC

Durante los casi tres días de duelo transcurridos entre su muerte y su incineración pasaron muchas cosas. Como que sus hijas y sus yernos elaboraran, de madrugada y tras muchas horas sin descansar, un vídeo para recordar a David durante su funeral. «Él no era muy creyente, por eso decidimos que no hubiera misa, sino un acto cercano donde todo el que quisiera y pudiera tuviera unas palabras en su recuerdo», cuenta su familia. Tras ello, se proyectaron unas imágenes del difunto a través de un televisor que sus allegados llevaron al tanatorio. Fue un momento «muy emotivo» que sorprendió incluso a una trabajadora de la funeraria Mémora, llamada Cristina Mendoza, a la que la familia está «muy agradecida» por las facilidades y el apoyo que les brindó. «Hasta ella grabó con su móvil el vídeo que pusimos en la tele que me traje de mi casa a las 5 de la mañana. Nunca antes había visto algo así», afirma Benjamín Flores.

«¿Tocar en un entierro, en serio?»

Pero sin duda lo más laborioso fue hacer realidad la particular voluntad póstuma de David en unos momentos tan tristes y difíciles. Primero porque el cuerpo del difunto, que inicialmente fue velado en el tanatorio de San Jerónimo, tuvo que ser trasladado hasta el tanatorio de la SE-30 para que así fuera más fácil cumplir con su último deseo. Y sobretodo, porque sus hijas tenían que encontrar durante el fin de semana un grupo de animación que estuviera disponible para poder tocar horas después. Un lunes por la mañana. Y en un funeral...

Fue así como lograron contactar con los componentes de Charanga Vintage, quienes recibieron la llamada de una de las hijas de David el sábado por la tarde, mientras actuaban en una boda. Al principio pensaban que «se trataba de una broma», como reconoce a ABC el director de la banda, José María Gutiérrez. Pero poco a poco se fueron convenciendo al conocer los detalles. «Acordamos un presupuesto de 250 euros que pagaron de su bolsillo los familiares y nos dieron libertad con el repertorio. Tan solo pedían una canción: "When the saints go marching in", que es la que se toca en los funerales de Nueva Orleans», afirma Gutiérrez, quien ha querido aclarar que «en ningún momento se tocó "Paquito el chocolatero"».

«Los músicos nos dijeron que iban a tocar flojito, pero nos negamos. Les pedimos que actuaran como en cualquier otro evento», dice la familia

De este modo, cinco de los miembros de la charanga acompañaron a «El Polvi» con dos trompetas, un trombón, una caja y un bombo en un último paseo al ritmo de swing, jazz y gospel. Fueron apenas 300 metros, desde la rotonda junto al tanatorio de la SE-30 hasta el cementerio de San Fernando donde el cuerpo iba a ser incinerado. Iban siguiendo al coche fúnebre en un ambiente muy diferente al de las bodas, bautizos o despedidas de soltero en las que el grupo suele actuar. Pero tampoco parecía un funeral. El séquito «nos aplaudían entre canción y canción y había muchos curiosos y expectación en los alrededores», afirman los músicos.

El respeto al duelo de otros difuntos

Para los artistas también tienen palabras de agradecimiento los familiares del difunto. «Fueron extraordinarios. Nos consultaron para tocar a poco volumen, pero les dijimos que nada de eso. Como si fuera para cualquier otra actuación», afirma uno de los yernos de David Polvillo. «Les rogamos que hicieran su trabajo como en cualquier otro evento. La gente ha comentado sin saber, pero en todo momento se respetó el duelo del resto de difuntos. Ni en el tanatorio ni en el cementerio entró la banda», sentencian.

De hecho, uno de los momentos más emotivos se vivió mientras el ataúd se adentraba en el cementerio, dejando a las puertas del camposanto a la banda mientras tocaban «Mambo gitano». Al silenciarse esta rumba creada por la charanga afloraron súbitamente las emociones en recuerdo de «El Polvi». Y se levantaron los aplausos. Tanto de los familiares como del resto de personas que observaban. Tras ello, las redes sociales comenzarían a propagar el singular último adiós de este sevillano anónimo del mismo modo que las aguas de la costa gaditana esparcen ya sus cenizas: hacia el último rincón del mundo y hasta la eternidad.