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SEGURIDAD

Las diez zonas favoritas de los gorrillas en Sevilla

Los aparcacoches campan por las principales calles de la ciudad imponiendo su coacción

El entorno de los dos grandes hospitales o el núcleo comercial de Nervión, focos principales

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Cementerio y tanatorio

Un gorrilla indica una plaza libre- KAKO RANGEL

El fenómeno de los aparcacoches ilegales está extendido por la inmensa mayoría de las principales calles de la capital de Andalucía, donde los gorrillas se han erigido prácticamente en una seña de identidad de la ciudad. Su coacción constante a los ciudadanos que buscan aparcamiento no ha tenido la respuesta adecuada del Ayuntamiento, que desde hace lustros apenas actúa contra estos individuos que buscan su propina allá donde un coche estaciona. Zonas comerciales, entorno de los dos principales hospitales sevillanos o manzanas enteras con zona azul a partir de las seis de la tarde son los principales focos de esta actividad ilícita pero permitida de manera tácita por los distintos gobernantes.

Arrancando desde el norte, la imagen más funesta y degradante es la que se viene produciendo en el entorno del cementerio de San Fernando y del tanatorio de la SE-30, donde se agolpan los gorrillas con peor aspecto de la ciudad. Que ya es decir. La proximidad del asentamiento chabolista de El Vacie provoca que buena parte de los vecinos del mismo se gane la vida cada día exigiendo un euro a todo el que, lamentablemente, debe aparcar su coche junto a estas instalaciones. Y lo hacen incluso con sus hijos, menores en todos los casos. Las mujeres de estos clanes controlan, por su lado, el pequeño aparcamiento situado frente a la puerta principal del camposanto, donde los aparcacoches de asociaciones regularizadas deben enfrentarse a diario a esas familias. Muchos ya han desistido. «No merece la pena. Al final te acostumbras y sólo aspiras a lo que te van dejando cuando se despistan y tú puedes ayudar a aparcar a uno o dos, pero acabas peleándote con ellos siempre», explica uno de ellos, que echa en falta que «la Policía haga algo cuando patrulla por aquí, pues sencillamente dejan estar este asunto. Quizás les viene bien que estén por aquí y no se acerquen al centro».

Hospital Virgen Macarena y Parlamento

Un guardacoches ilegal, dando instrucciones- JUAN FLORES

Si desde el cementerio se baja por Doctor Fedriani —donde también hay gorrillas de manera irregular— hasta el hospital Virgen Macarena y el Parlamento de Andalucía, se comprueba fácilmente que en todas las calles del entorno surgen de cada esquina los mismos aparcacoches desaliñados si un hueco queda libre para estacionar. En Doctor Marañón o la propia calle José Díaz hasta Torneo y, por supuesto, en las calles interiores del barrio de El Cerezo, al otro lado de la calle San Juan de Ribera. Esta influencia del hospital y el Parlamento lleva hasta los aledaños del albergue municipal, en la calle Perafán de Rivera, y la Torre de los Perdigones. Al haberse instalado en esa zona también varias facultades de la Universidad de Sevilla, la masiva afluencia de público sirve de polo de atracción para decenas de gorrillas, muchos de ellos «sin techo» que usan o rondan el albergue. Los vecinos de esta zona han mostrado muchas veces con vehemencia su queja por el estado de degradación de estas calles y los problemas que generan los aparcacoches con sus peleas, con conductores o, en la mayoría de los casos, entre ellos para controlar una zona de ganancias seguras.

Calle Torneo

Un gorrilla espera entre los coches aparcados- PEPE ORTEGA

Esa última zona conecta directamente con la extensa calle Torneo, copada de principio a fin, desde el Alamillo hasta Plaza de Armas, por los gorrillas más heterodoxos, puesto que los hay locales, pero también africanos o rumanos que deambulan durante buena parte del día por esa margen del Guadalquivir. Tanto esta calle como su vía auxiliar —de Baños a la Barqueta— y las bocacalles próximas son territorio comanche en el que es imposible aparcar sin que aparezca un gorrilla. A la hora que sea, aunque especialmente cuando va cayendo la tarde dada la importante afluencia de público a la cercana Alameda de Hércules.

La Cartuja y Puerta Triana

Un aparcacoches africano acompa√Īa al veh√≠culo- JUAN FLORES

Al otro lado del río, desde Torneo, también ha ido creciendo el fenómeno más recientemente con la puesta en marcha de la Torre Sevilla y la consolidación de la costumbre de aparcar en la Cartuja para atravesar al centro andando. De este modo, tanto Puerta Triana como el entorno del monasterio de Santa María de las Cuevas se han convertido en otro foco de aparcamientos indiscriminados gestionados por aparcacoches de «rango» también muy diverso. Aquí, eso sí, hay menos afección a vecinos.

Plaza de Armas y su entorno

Uno de los numerosos gorrillas de la zona de Plaza de Armas- PEPE ORTEGA

No ocurre lo mismo en el entorno de Plaza de Armas, la antigua estación y ahora centro comercial. En este sector los vecinos han protestado en múltiples ocasiones por las molestias y el mal ambiente que generan los gorrillas cuando concluye el horario de zona azul y se llenan de aparcacoches en Marqués de Paradas, Julio César o Reyes Católicos. La portavoz de la plataforma Estación de Córdoba, Dolores Dávila, ha mostrado su malestar «porque no se aplica la ordenanza, que prohíbe estas prácticas y, sin embargo, nada se hace por evitarlas. En esta zona el fenómeno es muy evidente y también muy molesto porque actúan hasta altas horas de la noche».

Arenal y Lope de Vega

Un ciudadano paga a un gorrilla tras aparcar- JUAN FLORES

Otras dos zonas vinculadas al río forman parte del mapa de los gorrillas, especialmente de noche. De un lado, el barrio del Arenal, donde verdaderos ejércitos de cazapropinas, entre ellos los indigentes del entorno del mercado, asedian a los conductores que buscan plaza. «Esto de noche es la jungla, sobre todo en la parte que da al mercado, en Pastor y Landero y todo eso. Pero la Policía sólo actúa contra la botellona, no contra los gorrillas», explica el responsable de uno de los bares. El otro gran foco de movida nocturna cercana al Guadalquivir es el entorno del teatro Lope de Vega y del pabellón de Chile, donde los aparcacoches se agolpan también prácticamente todo el día y son legión cuando cae la noche. En este caso, el asunto se extiende hasta la propia avenida de la Palmera y Eritaña.

Triana y Los Remedios

Un par de gorrillas, en la misma zona- RA√öL DOBLADO

Los dos grandes barrios al otro lado del río tampoco se libran de este tipo de buscavidas a causa de la proliferación de bares o de oficinas que generan una importante demanda de aparcamientos. Y éstos escasean especialmente en esta área. Las rondas de Triana y de los Tejares, especialmente esta última, presentan gorrillas cada cinco metros, así como López de Gomara o Salado. En los Remedios, donde más se nota la presencia es en el entorno de la calle Salado y, al otro lado, rodeando el parque de los Príncipes y en las calles Flota de Indias y Virgen de la Cinta, junto al campo de la Feria, lugares con más plazas para aparcar.

Viapol y Cros Pirotecnia

Indicaciones de un aparcacoches en medio del asfalto- JUAN FLORES

Precisamente las oficinas, y en este caso también un núcleo universitario, es lo que convierte en zona cotizada para aparcar tanto en el entorno del edificio Viapol -donde además hay juzgados- como la Cros Pirotecnia, dos espacios en los que, para paliar el fenómeno de los gorrillas, el Ayuntamiento ha instaurado este mandato la zona azul, con descuentos para estudiantes y tarjetas de residentes. Pero cuando finaliza el horario de estacionamiento regulado, ambos sectores se ven desbordados de gorrillas. Y los vecinos, se quejan. «Es penoso el ambiente que se genera al caer la tarde, da mucha inseguridad, hasta miedo», comenta una vecina de la calle Camilo José Cela.

Zona comercial de Nervión

Momento del pago de una de las propinas- JUAN FLORES

El centro comercial Nervión Plaza —como El Mirador o Los Arcos en menor medida—, supone quizás el principal foco de gorrillas lejos del casco histórico en la actualidad. Ese eje comercial atrae a decenas de aparcacoches ilegales por las calles de alrededor del propio edificio comercial (Santo Domingo de la Calzada, Eduardo Dato...) y ha provocado protestas airadas de un vecindario harto. «Hace unos años teníamos también prostitución y eso al menos se ha eliminado. Pero lo de los gorrillas es cada vez peor», exponen. Los días en que juega el Sevilla, el estadio Ramón Sánchez-Pizjuán es el epicentro de esta actividad pero de manera acentuada, con individuos al asalto de cada vehículo que busca sitio para aparcar y estacionamientos en los lugares más inverosímiles.

Bami y Virgen del Rocío

Gorrillas en el entorno del Virgen del Rocío- JUAN FLORES

Como en el Macarena, el hospital Virgen del Rocío es un imán para los gorrillas, que, por cercanía, proceden sobre todo del Polígono Sur en este caso. Se ha implantado la zona azul en buena parte del barrio de Bami, pero en cuanto ésta deja de funcionar, las calles se pueblan de aparcacoches que buscan sus monedas a toda costa. Como pasa en Nervión, el entorno del estadio del Betis, el Benito Villamarín, se convierte en un verdadero enjambre de gorrillas hasta la misma avenida de Las Razas por el oeste y el Polígono Sur por el este intentando cazar su propina y llenando de coches hasta las aceras de Heliópolis, Bami y Los Bermejales.

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