El canal de Alsonfo XIII, canal que atraviesa Sevilla
El canal de Alsonfo XIII, canal que atraviesa Sevilla - ABC

Así domó Sevilla al Guadalquivir

Tras dos semana de intensísimas precipitaciones, el río no se ha desbordado. El trabajo durante décadas de la ciudad hace que las riadas de antaño sean ya historia

SEVILLAActualizado:

Sevilla es víctima y producto del Guadalquivir. Para lo bueno y lo malo, el río que los árabes llamaron «Al-wadi al-kivir» es la mayor fortuna de la ciudad y también uno de sus grandes problemas. El río da salida al mar a la ciudad, la ubicó en el mundo como centro del comercio con América, es fuente de riqueza, de pesca, de higiene como desagüe natural de Sevilla... Pero también es la cruz que carga: inundaciones y riadas, contaminación por la polución que baja por él...

Las lluvias y lo irregular de su caudal -con picos de agua altísimos que ponen en peligro a Sevilla- han hecho que durante cientos de años, los sevillanos hayan intentado cambiar su curso y domar sus aguas. ¿Qué hubiera pasado hace 400 años tras dos semanas de lluvias tan abundantes como las que ha vivido la ciudad? Más cerca aún: ¿Habría aguantado sin desbordarse el río y anegar la ciudad hace 60 años?

Primeros asentamiento de Sevilla
Primeros asentamiento de Sevilla- urban-networks

Los primeros asentamientos en lo que hoy es Sevilla se sitúan entre un brazo del Guadalquivir y el arroyo Tagarete. Con el tiempo, se extenderá sobre este brazo hasta llegar al cauce principal, más occidental. El cauce fluvial sobre el que creció la ciudad fue desecado e incorporado ala ciudad -sería el eje que forma la calle Calatrava, Alameda de Hércules, Trajano, Campana, Sierpes, Tetuán y, desde la Plaza Nueva, hacia el Arenal, donde se incorporaba al río otra vez.

Más tarde, ya en el siglo XIX y cuando la ciudad tiraba sus murallas para expandirse, se soterró otro de los afluentes del Guadalquivir que más problemas provocaba: el Targarete. Discurría por la zona sur de los límites entonces de la ciudad -por la actual calle San Fernando-. Con ese problema solventado, la ciudad pudo crecer libre de esta corriente de agua que atravesaba sus puertas.

A primeros del siglo XX se empezó con una política más agresiva con el río. Se procedió a las cortas -canales artificiales que acortan el recorrido del río y reducen los meandros, de modo que aumenta la profundidad del río y gana en caudal, es decir, en velocidad de navegación-. La primera que se lleva a cabo es la de Tablada, del ingeniero Luis Moliní, según relata el geógrafo Leandro del Moral y recogen diversas publicaciones como el magnífico blog Urban Networks.

En oscuro, la corta de Tablada
En oscuro, la corta de Tablada- urban-networks

Con esta corta se produjeron dos efectos inmediatos: una zona portuaria amplia y moderna (lo que hoy es el Arenal) y, por otro lado, un desarrollo urbano ordenado hacia el sur, lo que fueron los terrenos de la Exposición Iberoamericana de 1929. Dicho crecimiento, cabe recordar, hubiera sido mucho más difícil, si no imposible, si antes no se hubiera soterrado el Targarete.

Ya en 1950 se produce otro de los hitos de Sevilla en relación a su río: la creación del tapón de Chapina, la corta de la Vega de Triana y la esclusa de la Punta del Verde. Los intereses portuarios son el motor de estos cambios, opina Del Moral. En todo caso, el casco urbano se alejaba así de las crecidas, pero seguía expuesto en algunos casos. Los muros de defensa ayudaron en este aspecto y redujeron, sobre todo en el último cuarto del siglo, las inundaciones por el Guadalquivir.

A la izquierda, Sevilla originalmente. A la derecha, los cambios actuales del río (en rojo, Se-30 y autovías)
A la izquierda, Sevilla originalmente. A la derecha, los cambios actuales del río (en rojo, Se-30 y autovías)- urban-networks

Con la llegada de la Expo'92, Sevilla vivió el cuarto cambio fundamental de su anatomía y de su relación con el río: la incorporación de La Cartuja a la ciudad. Se eliminó el tapón de Chapina -donde hoy está el puente del Cristo de la Expiración- y se llevó a San Jerónimo; se realizó al corta de la Cartuja; se eliminó la vía de tren que discurría paralela a la calle Torneo y que cerraba a la ciudad el acceso al río; por último, se incorporó la isla de La Cartuja a la ciudad como un distrito más.

Desde que los romanos se asentaran en el cruce del Guadalquivir con sus afluentes hasta el canal de Alfonso XIII, los muros de defensa y las esclusas que cierran las aguas vivas a Sevilla, mucho ha cambiado la ciudad y el Guadalquivir. Desde hace varias décadas no hay inundaciones en la ciudad -sí en las zonas limítrofes con el cauce real, junto al Aljarafe-. Sevilla, parece, por fin ha domado a su río.