Las mascotas de la Expo, apiladas en un almacén de Alcalá
Las mascotas de la Expo, apiladas en un almacén de Alcalá - A. M.
XXV ANIVERSARIO DE LA EXPO 92

¿Dónde vive retirada la mascota de la Expo 92?

Cientos de «Curros» se venden en un almacén de antigüedades en Alcalá junto a muchos elementos de la muestra universal

SEVILLAActualizado:

Su vida fue como la de la leyenda de las estrellas de rock, corta e intensa. Durante la Exposición Universal de 1992 iba de evento en evento, los niños lo querían y acabó ganándose el corazón de Sevilla. Pero cuanto todo acabó cayó en el olvido. Curro, la mascota de la Expo se esfumó de nuestras vidas. Pero el extraño pájaro no se extinguió del todo. Sobrevive en lo que puede considerarse su reserva protegida, su lugar de retiro en Alcalá de Guadaíra, en Romano Antigüedades, junto a otros muchos elementos constructivos y decorativos de la exposición universal.

Allí hay más de cien «Curros» que aún saludan con la mano y lucen el logotipo de la Expo. Son una parte de los balancines para niños que se instalaron por todo el recinto de la Cartuja y que tuvieron mucho uso. Con una moneda de cien pesetas se accionaban y asiento en el que iba el niño se movía a la par que lo hacía también la figura de Curro y hablaba presentándose e invitando a dar un paseo con él. Las máquinas aún funcionan, hay más de cien y están a la venta. Convertidas en atracción infantil y en antigüedad a la par su precio es de: 450 euros. Algo menos si se quiere sólo la figura de Curro.

No son los únicos elementos de la Expo que posee esta empresa. Cuando la exposición cerró se realizó una subasta de las cosas más dispares. Una de las más grandes celebradas en la historia de España. Allí, por lotes se vendió de todo. Esta empresa alcalareña compró muchas cosas además de los balancines infantiles: carteles y paneles explicativos, monolitos, bases para los rótulos, cientos de postes que simulaban botellas de refrescos y que se colocaban para delimitar el recorrido de la cabalgata, varios de los carritos de golf que se usaban para moverse por el recinto, las matrículas que llevaban los vehículos que tenían acceso al interior de la Cartuja o los vasos del pabellón de Japón. También se hicieron con la gran pañoleta de entrada que acabaron vendiendo como chatarra al cabo de los años porque nadie la quiso.

Los soportes de los carteles, hechos de hormigón y con el logotipo de la exposición han acabado sirviendo apilados según su tamaño como el muro que delimita la superficie exterior de la empresa y en la parte superior están los soportes metálicos de los carteles, en algunos aún pueden verse los planos de la Isla de la Cartuja o los nombres de los pabellones que señalaban.

Nostálgicos y hasta colegios

Los balancines eran más de 300. Ahora les quedan unos cien. El resto se ha ido vendiendo a un público de lo más diverso. Los han comprado bares que los mantienen como atracción en funcionamiento, particulares nostálgicos de la Expo, abuelos para sus nietos o incluso algún colegio. Un grupo de amigos acudió en una ocasión a por uno para regalárselo al humorista Manu Sánchez, ya que sabían que le encantaba. Otro de ellos está en la librería Término de Alcalá, fue para la presentación del libro de Manuel Jesús Roldán «Sevilla en 80 objetos» en el que aparece Curro y se ha quedado presidiendo la sección de infantil. También los alquilan, se los ha llevado por ejemplo una discoteca para hacer una fiesta retro, han servido para decorar una caseta de la Feria de Alcalá, «Los ochenteros».

El custodio de los «curros» es Alejandro Rico, un licenciado en Farmacia y doctor en Química que a falta de trabajo en su sector se ha hecho cargo del negocio familiar. Cuenta que su padre supo ver que muchas de las cosas que se vendieron tendrían un valor en el futuro y que era curioso como en muchos casos la compra de los materiales para la construcción y dotación de los pabellones se negociaba a la vez que su venta posterior cuando cerrara la muestra en ocasiones reunido a la vez con la empresa que construía y con la que haría el desmontaje.

En esta empresa, los restos de la Expo no son las únicas piezas sorprendentes. En una gran extensión, en naves y al aire libre hay de todo: muebles, puertas, tejas, cuadros, coches, maquinaria, chapas, ventanas, piezas de aluminio y todo tipo de objetos artísticos. Es un lugar singular que han alquilado en varias ocasiones para hacer rodajes de cine y al que acuden con frecuencia productoras para buscar piezas de atrezzo. Una de las últimas ha sido Juego de Tronos que se llevó candelabros, sillas y varios carros antiguos de madera de los que se usaban para las faenas rurales. Lo alquilaron todo menos los carros, que acabaron ardiendo en una escena por exigencias del guión.