Unas niñas juegan en el colegio Angela Guerrero
Unas niñas juegan en el colegio Angela Guerrero - VANESSA GÓMEZ
Educación

La educación diferenciada, una batalla que dura casi veinte años

Los sucesivos varapalos judiciales no hacen retroceder a la Junta en su ataque contra los centros que separan a niños y niñas

SEVILLAActualizado:

Fue Manuel Pezzi allá por 1999 el primero en iniciar en Andalucía la batalla contra la diferenciada. «Si no aceptan la coeducación le retiraremos la subvención». La frase, la misma que hoy mantienen los dirigentes de la Junta de Andalucía, la pronunció hace cerca de veinte años. Lo dijo iniciando una batalla del ejecutivo andaluz contra los colegios concertados que separaban a niños y niñas. Unos centros cuyos dirigentes y los padres que los eligen denominan «diferenciados» y que la Junta tilda de «segregada».

Son muy pocos los que quedan en Sevilla con ese modelo que sí existe en otros países de la UE sin problema y cuyo debate esconde un trasfondo ideológico con defensores y detractores. En Sevilla hay seis concertados con este modelo: Ribamar, Albaydar, Altair, Angela Guerrero, Elcható de Brenes y Nuestra Señora de Lourdes en Carmona.

Son centros que, como dice Javier Delgado, director de Altair, se alejan del concepto que muchos tienen de centro elitista al estar en el distrito Tres Barrios-Amate que engloba «Los pajaritos», uno de los barrios más pobres de España. Y tienen más demanda que oferta. En pleno proceso de escolarización Altair tiene 63 solicitudes para las 50 plazas en 3 años y 35 para 30 en la ESO.

Pero la Junta emprendió su batalla. «Fue el consejero de Educación Pezzi que abrió un expediente a Altair diciéndonos que teníamos que admitir a alumnos y alumnas», recuerda Delgado. En el centro se opusieron, decidieron que no estaban dispuestos a aceptarlo y se fueron a los tribunales a defender el derecho de los padres a defender el modelo de educación que querían para sus hijos.

A partir de ahí todos y cada uno de los titulares de Educación han seguido la misma batalla cuyo punto álgido llegó cuando en febrero de 2017. la anterior consejera, Adelaida de la Calle, decidió retirarles el concierto. Semanas después se veía obligada a rectificar tras la sentencia del Tribunal Supremo que avalaba este modelo y debía devolverles el concierto.

Pese a ello, la Junta de Andalucía se adhería al recurso que presentaron los diputados socialistas a la LOMCE y seguía en sus trece. Esta semana seguía insistiendo en que defenderá una educación «no segregadora». A la Junta le quedan dos recursos: uno del TC prácticamente igual al del PSOE y otro, de 2013, en el TS. Dos tribunales que han avalado la diferenciada y que raramente se pronuncian en contra de sus propios criterios.

Es una maraña judicial de recursos que ha provocado más de cuarenta resoluciones y que esconde un trasfondo ideológico. Por eso Angustias García Guillén, directora de Albaydar, un centro que ofrece bachillerato y FPa chicas, está harta de que la educación esté tan influenciada por las «tendencias políticas» que, a su juicio, «no dejan ver lo bueno que tiene esta educación». Una educación que, como recuerda, se aleja del concepto elitista que tienen. «Nos apena que este tema de la educación esté tan sesgado por las tendencias políticas, que no dejan ver lo bueno que tiene cada opción. A nosotros nos parece bien que se reconozcan derechos y libertades de la escuela, es algo propio de una sociedad moderna y democrática», afirma. Albaydar se considera un centro «que trabaja por y para la mujer» y que lucha por su inserción laboral.