Sevilla

Las «embajadas» de la Expo 92 de Sevilla

Cinco pabellones de la muestra universal, tres autonómicos y dos internacionales, funcionan aún lejos de Sevilla tras desmontarse y reconstruirse

El Pabellón de Galicia es propiedad de la Xunta y alberga sedes administrativas en Santiago de Compostela
El Pabellón de Galicia es propiedad de la Xunta y alberga sedes administrativas en Santiago de Compostela - ABC

Una parte importante de la arquitectura que brilló en la Exposición Universal de 1992 en Sevilla puede todavía presenciarse y disfrutarse en la zona de la ciudad donde se celebró la muestra, la Isla de la Cartuja. Pero existe también un leve porcentaje de aquellos edificios que pueden aún contemplarse lejos de la capital andaluza. Hasta seis. Una vez finalizada la Expo, algunos de los pabellones fueron desmontados y regresaron a los países o a las comunidades autónomas propietarios, en los que se han intentado aprovechar con otros usos. Allí siguen dando testimonio del éxito de aquella exposición que simbolizó también una etapa de enorme progreso.

Alguno no conocerá siquiera en su actual destino que esos edificios estuvieron originariamente en Sevilla, especialmente en los casos internacionales. Más fácil lo tienen en los casos españoles, ya que hasta cuatro de los pabellones autonómicos fueron desmontados y trasladados a su región correspondiente para otros menesteres. Son los casos de Galicia, Asturias y Aragón, los tres que no se quedaron junto al Lago de España pero tampoco fueron demolidos.

Hecho para regresar

El Pabellón de Galicia en la Expo, obra del arquitecto José Antonio Franco Taboada, fue trasladado con posterioridad a la capital de esa comunidad. Se trata de un edificio de 21 metros de altura y de arquitectura abierta, a modo de templo hipetral, organizado en tres plantas y un semisótano. Desde la planta baja se tiene acceso al sótano y al edificio central, levantándose éste como un gran volumen cúbico acristalado que domina el conjunto.

Se diseñó a base de unas láminas de granito de Lugo y pizarra de Orense ya con la idea de un fácil transporte y un regreso para ser reutilizado, como se hizo. Desde su propia concepción, se construyó para volver a abrirlo en otra ubicación tras la muestra. Tras la Expo 92, de esa forma, el pabellón fue desmantelado y trasladado a Santiago de Compostela, concretamente a la zona de San Lázaro, donde se convirtió en 1996 en la sede de la sociedad Xestión do Plan Xacobeo, albergando parte de su contenido (destaca la gran maqueta en poliéster a escala 1:25 de la catedral de Santiago, uno de los principales atractivos que Galicia presentaba en el 92).

Eso sí, la fusión de entidades vinculadas al turismo gallego emprendida en 2012 ha terminado por cerrarlo precisamente en enero de este año y se está a la espera de que la Xunta de Galicia lo destine a otros servicios públicos; lo que probablemente se hará porque el gobierno gallego quiere reducir gastos de sedes alquiladas y este edificio es de su propiedad. Su pervivencia parece asegurada.

Pabellón de Asturias

El Pabellón de Asturias, por su lado, también sigue en pie lejos de Sevilla. Obra de los arquitectos Ramón Muñoz y Antonio Sanmartín, que fueron elogiados por el mismísimo Frank Gehry por este trabajo, fue trasladado en 1994 para convertirse en la sede central del recinto denominado Museo del Pueblo de Asturias, en Gijón, muy cerca del estadio del Sporting y del recinto ferial de la ciudad.

En Gijón, el Pabellón de Asturias es ahora la sede central del Museo del Pueblo Asturiano
En Gijón, el Pabellón de Asturias es ahora la sede central del Museo del Pueblo Asturiano- ABC

En una superficie de 2.466 metros cuadrados distribuidos en tres plantas, acoge exposiciones de larga duración, además de una sala de exposiciones temporales y otros servicios, como el área recepción y el salón de actos. Permanece, por tanto, funcionando, aunque con escaso «gancho». Llegó a albergar un negocio de hostelería, pero la idea no logró atraer a la gente y sus gestores acabaron por echar la persiana, por lo que se mantiene infrautilizado.

Pabellón de Aragón

El Pabellón de Aragón, obra de José Manuel Pérez Latorre, fue también trasladado a Zaragoza, donde puede contemplarse junto al mismo Ebro y es sede de la Confederación de Empresarios de Aragón desde 1998. Antes, a diferencia de los anteriores, estuvo a punto de ser demolido; un día antes de que ello ocurriese, la sociedad del parque tecnológico de Cartuja se hizo con él por el simbólico precio de una peseta. De ahí llegó a la Junta de Andalucía y, después, al ente empresarial, que se lo llevó a la capital maña readaptándolo para oficinas.

El Pabellón de Aragón es sede de la Confederación de Empresarios de esa región
El Pabellón de Aragón es sede de la Confederación de Empresarios de esa región- ABC

La participación de la comunidad aragonesa en la Expo sevillana fue una de las más valoradas entre los pabellones autonómicos. Con la presencia de diez obras de Goya, la contundencia del edificio (con su gran bóveda de 26 metros sobre el suelo en dos muros de alabastro) y el restaurante aragonés con una terraza que brindaba una de las mejores vistas del lago, recibió enormes elogios.

Pabellones internacionales

También ha ocurrido lo mismo con un par de pabellones internacionales, ambos escandinavos. El caso más paradigmático es el del Pabellón de Suecia, que fue desmontado al poco de concluir el certamen universal y fue levantado de nuevo para convertirse en la Escuela Superior de Restauración del país escandinavo, en la localidad de Grythyttan. El edificio, con 1.600 metros cuadrados de superficie y 20 metros de altura, fue proyectado por un grupo de jóvenes arquitectos (Alenius, Silfverhielm y Ahlund), que en la portada del edificio intentaron recordar los bosques de abedules con columnas estilizadas de madera. Ahora, precisamente, se alza hermoso junto al bosque y presenta plena actividad.

El Pabellón de Suecia alberga la escuela de restauracion de ese país y el de Dinamarca se vendió a Japón

Otro país nórdico, Dinamarca, también desmontó y trasladó su pabellón de 1992. Eso sí, los daneses acabaron vendiendo el edificio a Japón y éste ocupa ahora una zona ajardinada al noreste de la ciudad de Kyotanba. Obra del arquitecto Jon Sondergeerd, aquel recinto blanco de 25 metros de altura destacaba por su forma de velas de barco y por el sistema interior de refrigeración natural, al evaporarse el agua y caer luego por unas láminas de cristal laterales que rebajaban la temperatura. Jugando con las velas se creó un multiespacio en el que se proyectaron películas producidas especialmente para la ocasión, una especie de prehistoria del actual «mapping».

El Pabellón del Reino Unido, una magnífica obra de Nicholas Grimshaw, ha estado desmontado y almacenado en contenedores a la espera de que se concretara un proyecto (el Century City) para reconstruirlo en Londres como una especie de centro comercial con módulos anexos de vanguardistas viviendas, pero dicha iniciativa sigue pendiente y no se ha vuelto a levantar. Fue llamado «la catedral del agua» por el agua que caía por la cortina de cristal» que servía de fachada, en un ejemplo arquitectónico que causó furor en Sevilla. Peor fueron las cosas para el Pabellón de Holanda. Éste fue trasladado a ese país tras la Expo y durante un tiempo formó parte de las instalaciones de un parque arqueológico, pero finalmente fue demolido por los costes de mantenimiento que suponía y su progresivo deterioro.

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