Amalia Serrano y Jesús Candau tienen cinco hijos de edades entre 5 y 13 años
Amalia Serrano y Jesús Candau tienen cinco hijos de edades entre 5 y 13 años - ABC
DEMOGRAFÍA

Las familias numerosas de 5 hijos o más suben casi un 15 % en Sevilla, pese a la caída de la natalidad

Reivindican su contribución al mantenimiento de las pensiones y piden más guarderías públicas y mayores ayudas fiscales

SEVILLAActualizado:

Aunque la tasa de natalidad en Sevilla mantiene un descenso sostenido desde hace años (en 2012 era de 9,86 nacimientos por cada mil habitantes y ahora está en torno a los 8,99, por debajo de la llamada «tasa de reposición»), se da la paradoja de que durante los últimos cinco años el número de familias numerosas no deja de crecer.

Nacen menos niños pero cada vez hay más familias de tres o más miembros. Resulta especialmente llamativa la evolución de las familias numerosas de categoría especial en la provincia (5 hijos o más) cuyo número creció casi un 15 por ciento en 2017 (de 2.380 a 2.796).

El número de familias numerosas de categoría general (de 3 a 5 hjos) también creció en la provincia de Sevilla a ritmo de dos dígitos en 2017 y pasó de 27.746 a 31.263. Este incremento no es flor de un año sino una tendencia consolidada durante el último lustro, según datos de la Consejería de Igualdad y Políticas Sociales.

En 2013 había 25.242 familias numerosas de categoría general y no ha dejado de incrementarse desde entonces. En 2015 eran 27.343 (casi un 8 por ciento más) y en 2016 ascendieron a 27.746. El mayor salto estadístico, no obstante, se produjo el pasado año hasta las 31.263, casi un 14 por ciento más.

Más ayudas

El sostenimiento de las pensiones futuras depende de la población activa y las más de 34.000 familias numerosas de la provincia de Sevilla reivindican su aportación al mantenimiento del sistema de bienestar social pidiendo ayudas fiscales, más becas educativas y alguna mejoras en los suministros básicos de luz, gas y agua, unas reivindicaciones que Blanca Civantes, gerente de la Asociación de Familias Numerosas de Sevilla, considera justas: «La natalidad no deja de bajar y a este paso no habrá suficiente población activa para pagar las pensiones y ésa es una razón de peso para apoyar desde las administracines públicas a las familias numerosas».

En España hay ayudas fiscales y deducciones pero son bajas comparadas con otros países como Francia, Alemania, Holanda, Dinamarca, Irlanda, Luxemburgo o Australia, donde se dan ayudas mensuales de 200 a 300 euros mes por hijo. Para las familias numerosas de 5 hijos o más las deducciones son insuficientes para el elevado gasto que estas familias tienen que afrontar , las cuales, por añadidura, no distinguen, a las familias que tienen 5 hijos de las que tienen 8 ó 10 porque se aplican por «unidad familiar» y no por el número de hijos, como en casi toda Europa.

La Asociación de Familias Numerosas de Sevilla también está detectando retrasos de hasta tres años en el pago de ayudas por nacimientos, lo que ha motivado la intervención del Defensor del Pueblo. «Hay ayudas de 2013 aún por abonar en Sevilla», asegura Civantes, madre de cinco hijos, que ha mantenido reuniones con representantes de la Junta que justifican los retrasos por «problemas de tesorería», aunque existe un compromiso verbal —afirma a ABC— «de liberar 6 millones de euros para hacer frente a estas ayudas que contempla la ley».

También piden las familias numerosas sevillanas una normativa escolar como la de la Comunidad de Madrid que facilita el reagrupamiento de hermanos en el mismo colegio, algo que consideran «elemental» pero que no siempre es posible en Andalucía en virtud de la «ratio» de alumnos por aula. «Hay que actuar con más flexibilidad para que ningún hermano esté en un colegio diferente», pide la asociación.

Otro problema al que se enfrentan estas familias es el de los suministros energéticos. «El bono social de la luz nos lo querían quitar pero al final logramos evitarlo, aunque nos han puesto un límite de consumo de 3.000 kwh que no tiene en cuenta los hijos que vivan en la casa, da igual si son 3, 6 ó 9», comenta Civantes, que pide que ese tope se ajuste a los miembros de la unidad famililar. Con el agua sí han podido evitar con Emasesa y Aljarafesa la penalización por elevado consumo.

La falta de plazas en las guarderías públicas es otro de los obstáculos que sufren estas familias y que frenan la natalidad en parejas que desearían tener una mayor descendencia. «Son más caras que las privadas», dice Civantes. También piden que se aumente el permiso de maternidad y paternidad en el caso de las familias numerosas.

«A más del 50 por ciento de las mujeres en edad de procrear les gustaría tener más hijos pero ante esa perspectiva se echan a temblar —asegura Civantes—. No se puede permitir que ninguna mujer tenga que elegir entre tener un trabajo y un hijo, o entre una hipoteca y un bebé», A su asociación han llegado denuncias de mujeres que se encontraron con el despido en su empresa tras incorporarse de la baja maternal.

Otra petición unánime es la rebaja del IVA de los pañales, idéntico (21 por ciento) al de las bebidas alcohólicas y las joyas. «Es una indecencia que se considere un lujo», dicen.

Casi el 90 por ciento de las familias numerosas de Sevilla tiene 3 hijos. La legislación actual reconoce esta categoría a las familias con dos hijos si uno de ellos tiene una discapacidad, aunque estadísticamente su número no es relevante, según la Consejería de Igualdad y Políticas Sociales. Son familias de barrios populares como Polígono Norte, Los Príncipes, El Cerezo y Macarena Tres Huertas las que cuentan con un mayor número de miembros.

Ayudas para familias de economía sumergida

Amalia Serrano, dermatóloga, y Jesús Candau profesor de FP, tienen cinco hijos de entre 5 y 13 años (Cari, Juan Pablo, Jesús, Amalia y Reyes). Ninguno de los dos tenía la idea de formar una famillia tan numerosa. «Vinieron uno a uno y todo fue encajando. Es importante estar enamorado de tu pareja para plantearse una familia de siete miembros;si no, sería una locura», comenta.

Amalia trabaja en el hospital Virgen Macarena y echa de menos para todas las madres una mayor flexibilidad en los horarios laborales. «Veo que no está del todo conseguido pero las cosas van mejorando. Yo con mi segundo hijo me quedé en paro unos meses porque me cogió la baja maternal y no me renovaron el contrato», recuerda.

Esta joven dermatóloga echa de menos más ayudas para guarderías públicas «que se las llevan casi siempre familias con economías sumergidas, igual que casi todas las ayudas sociales», se lamenta.

También pide más facilidades en los colegios y en los gastos escolares «porque hay muchas cosas que comprar, libros, ordenadores y otras cosas». Amalia ha ido cambiando mucho de trabajo buscando conciliación familiar. Cuando nació su primera hija trabajaba sólo de tarde y cuando entraron sus hijos en el colegio pudo acumular jornada y criar «bastante bien» a sus hijos librando lunes y viernes.

Buscando esas jornadas compatibles con el cuidado de sus hijos fue a Constantina: «Siempre he optado por los hospitales y centros de salud que me ofrecían los mejores horarios».

Reconoce que «los niños mayores ayudan mucho y cuidan de los pequeños y que en su familia comparte más. Mis hijos son una piña, van todos a una». Como otras muchas familias numerosas, afimra que «el mejor regalo que se le puede hacer a un niño no es un juguete sino un hermano».

A pesar del aumento de familias numerosas de categoria general y especial, la tasa de natalidad no remonta. En Sevilla nacieron el último año menos niños que durante la Guerra Civil, a pesar de que la población era entonces la mitad de la actual. En 1975 nacían tres niños por cada persona que fallecía y ahora apenas nace uno (1,2).

La catedrática de Geografia Humana de la Universidad de Sevilla, Josefina Cruz Villalón, advierte que «la ciudad se encuentra al límite del relevo generacional» y el sociólogo Alejandro Macarrón alerta en «El suicidio demográfico de España» de los riesgos de la caída de nacimientos a medio y largo plazo. También pide medidas de fomento de la natalidad que eviten lo que algunos expertos vaticinan ya como un «invierno demográfico» de dimensiones apocalípticas, aunque eso será, o sería, dentro de ochocientos años.