Montaje de la portada de la Feria
Montaje de la portada de la Feria - ROCÏO RUZ
Feria de Abril de Sevilla 2018

La Feria, la ciudad efímera que siempre se acaba a tiempo en Sevilla

A seis días de que se enciendan las luces, el Real está casi listo: sólo quedan los últimos toques y farolillos y adornos

SEVILLAActualizado:

Que falta menos de una semana para que se encienda el alumbrado de la Feria es algo que se nota nada más pisar Los Remedios, donde aparcar ya es casi imposible y el tráfico se hace mucho más intenso al acercarse al Real. A simple vista, la portada (que este año se inspira en la antigua caseta del Real Círculo Mercantil por su 150 aniversario) está prácticamente terminada. Y eso que la construcción, denominada «Embajadores de la Cultura y 150 años del Mercantil» y que ha sido diseñada por César Ramírez, tiene el doble arco que da el efecto visual de una doble portada cuando se mira desde lejos.

Aún así, el montaje, cuyas torres laterales tienen un altura de unos 40 metros aproximadamente, está completo y sólo en la fachada que mira a la avenida Flota de Indias quedaba el viernes una grúa desde la que un albañil daba los últimos toques al colorido armazón, un frente que ocupa 50 metros y que pesa aproximadamente 230.000 kilos, según la Delegación de Seguridad, Movilidad y Fiestas Mayores.

Una vez dentro de la Feria, aparentemente el montaje está casi completo. Una vuelta por el Real, en el que a las 12 del mediodía del viernes hacían pruebas de luz permaneciendo muchas bombillas encendidas, da una idea de que la ciudad efímera está casi lista aunque algún trabajador se queje de que falta mucho. «Vamos algo atrasadillos por la lluvia. Este año habrá que correr más» decía uno de ellos. No es para menos. Son 275.000 metros cuadrados (sin contar los 125.000 metros cuadrados de la Calle del Infierno) que hay que ultimar para que todo esté a punto y para que funcionen las 212.000 bombillas que deben iluminarse la noche del sábado, cuando den las 12 de la noche.

Y es necesario que todo funcione, desde la seguridad, hasta la cobertura para los cientos de teléfonos móviles que llevarán los feriantes. Seguramente por eso, otro operario de una compañía telefónica hacía pruebas en una esquina de la fibra óptica que habían instalado. «Como hay muchos teléfonos móviles se cae la cobertura; por eso se instala este dispositivo especial», explicaba el operario mientras revisaba detalladamente el cableado.

Pasear por la Feria estos días tampoco es tan fácil. El Real está aún lleno de camiones y furgonetas que reparten todo tipo de materiales (sillas, mesas, mostradores, farolillos) y los coches circulan por las calles.

Aún así son más las casetas que están casi finiquitadas, con sus lonas puestas e incluso algunas con el mobiliario interior preparado. Sólo de vez en cuando se encuentra algún hueco en el que no está ni el armazón de la caseta y en la que hay que empezar de cero. Por si acaso, para los más rezagados hay carteles anunciando montajes económicos a cargo de una empresa que incluso se compromete a dar un presupuesto previo sin compromiso. Seguramente eso ocurre porque son muchas las casetas que hay que poner en marcha. Concretamente son 1052, de las que 521 son familiares, y el resto de entidades, distritos, municipales o de servicios.

Claro que a muchos no les hace falta ninguna empresa porque se la montan ellos mismos. Como ocurre en «Los palitroques», en la calle Pepe Luis Vázquez, donde dos de los socios montan ellos la caseta y lo hacen a toda marcha. «Es más trabajoso pero es una tradición que la montemos los socios y como somos autónomos podemos hacerlo», explicaba Juan mientras sujetaba el taladro. «Luego no sé si vendré mucho, lo que diga mi mujer», bromeaba con la ropa llena de pintura. En cualquier caso, van muy adelantados; sólo les quedaba la decoración, pintar y alquilar sillas y mesas.

Es la tónica dominante en la mayoría de las casetas. Por fuera están casi todas montadas pero queda lo de dentro. Las lonas y las «pañoletas», están montadas en la mayoría. Luego, cuando se entra, el interior es otra cosa. Queda todavía mucho trabajo por hacer. Se ven furgones descargando sillas y mesas por todo el Real aunque también hay alguna caseta con las sillas y las mesas puestas y hasta con las sevillanas sonando como música de fondo.

David, un joven de 20 años, es uno de los trabajadores que andaba dando los últimos toques a una caseta. Estaba pintando las paredes, que recrean un burladero. Los brochazos los hizo a pulso y no le ha quedado nada mal. «Ahora trabajo montando la Feria, durante la semana de camarero y cuando acabe también estoy con el desmontaje», explicaba el joven que, sin embargo, se quejaba de que han bajado mucho los sueldos. «Antes me pagaban 150 o 200 euros al día, ahora son 800 euros por toda la Feria», explicaba.

En otras casetas varias mujeres se afanaban en poner los farolillos y las flores. «Tenemos que poner unos 10.000 farolillos y ya llevamos 3.000», decía una de ellas mientras seguía abriendo y colocando los adornos en la caseta.

Muy cerca, en otra caseta, hacían un trabajo similar: abrir colgar las flores que adornas paredes y techos de algunas casetas. Flores de papel en blanco o en otros colores como rojo o verde que colocan durante horas estos días. «Vamos bien de tiempo», dice Sara, que reconoce que habrán colocado ya unas 1.000 flores y que espera que el tiempo acompañe: que no llueva durante estos días para que los adornos que están ultimando no se estropeen.

Más avanzada aún estaba el viernes las caseta del Ayuntamiento de Sevilla, prácticamente terminada y en la que sólo quedaban los adornos. «Sólo faltan las gambas y la manzanilla», decía Ángel, el responsable de la obra, que lleva más de veinte años montándola y que conoció a todos los alcaldes desde la época de Soledad Becerril.

Estaba tan avanzada la caseta (con los toldos recogidos e incluso la música sonando) que una casa de moda aprovechó la jornada para fotografiar a sus modelos en la puerta. Una caseta que, como la gran mayoría de las más de mil que componen el Real, apenas cambia de año a año. «Todo sigue igual», decía Ángel, orgulloso de contribuir a un montaje cuyo principal enemigo es la lluvia y el viento y que marcha a un buen ritmo cuando se acerca la fecha. Suelen empezar a mitad del mes de febrero pero es al final cuando «meten el turbo». Si falta algo, estos días lo hacen con más rapidez. Osi llueve y se cae algún toldo, vuelven a ponerlo.

Algo parecido ocurría en la Calle del Infierno donde, pese a que las atracciones comenzarán a funcionar para el público el viernes 13 de abril, también trabajan a todo ritmo. Montando la noria, la casa del terror, la montaña rusa... Había tanta gente que ya han comenzado a pasear por las calles los vendedores ambulantes. Pese a que la Feria no está inaugurada, ya hay venta de tabaco y de bebidas que abastecen a las decenas de trabajadores que cada mañana intensifican su tarea a medida que se acerca el sábado.

Son los últimos toques de un montaje que ha supuesto, según admite el Ayuntamiento. un total de 125. 000 horas de trabajo y que en Sevilla, llueva o truene, siempre acaba a tiempo para su inauguración. En breve los feriantes estarán disfrutando ya de la Feria de Sevilla de 2018.