Carmen Silva

«Hubo compañeros que salieron a la calle a llorar de angustia»

Una enfermera de Urgencias en el Hospital General Virgen del Rocío relata cómo la dejaron sola con diez contratados de verano

Carmem Silva
Carmem Silva - ABC
AMALIA F. LÉRIDA Sevilla - Actualizado: Guardado en: Sevilla

Carmen Silva lleva 15 años trabajando en Urgencias del Hospital General del Virgen del Rocío de Sevilla, un área en la que se viven situaciones muy estresantes y que registra una media de 350 pacientes cada día. Asegura que la situación de los profesionales es «cada vez peor y más mantenida» y que «no tienen capacidad» para dar un cuidado de calidad a los pacientes «porque lo que priman son los números y los objetivos cumplidos». «A ellos les importan los números y a nosotros, las personas», recalca.

En concreto habla de una noche que teniendo que haber 11 enfermeras (7 en Observación y 4 en la puerta de Urgencias) sólo estaba ella, «la antigua, una de 11». Cuando lo comunicó al supervisor de guardia le contestó: «Estáis todos, no entiendo el problema».

«Pues el problema, señor mío —dice Silva—, es que tenemos una unidad de ocho pacientes críticos, el problema es que el resto de mis compañeros eran contratados de verano, el problema es que yo trabajo con personas y no con objetivos, el problema es que el resto de mis compañeros tenían ganas de sentarse a llorar, al igual que yo, al igual que los médicos que estaban de guardia, el problema es la impotencia que tienes al saber que esta situación se repite por una mala gestión, por una inexistente intención de escuchar a los profesionales que trabajan día a día en una situación de sobrecarga difícil de llevar y que han presentado propuestas para reestructurar la unidad que han sido desechadas directamente».

Recuerda que tras su incredulidad inicial habló con el resto de sus compañeros y los repartió en función de su capacidad, mayor o menor, y se fue a la Unidad de Críticos, que es el sitio más complicado de toda la zona de Urgencias, indicando a todos que la llamaran ante cualquier eventualidad o situación de angustia.

«Esa noche hubo de todo—sigue— como casi todas las noches. Además, de todos los pacientes ingresados en Observación y de los que entraron con patologías varias por la puerta de Urgencias, hubo paradas cardiorrespiratorias, un paciente con un ictus, una mujer con una hemorragia digestiva activa, un intento de suicidio por ingesta de pastillas…». Pero lo que más hubo fue una gran impotencia por parte de todos los profesionales, de los compañeros de Carmen Silva que, según señala, «estaban asustados y no sabían qué hacer».

Añade que también hubo muchas peleas porque «la gente no perdona que no encontremos una vena a la primera o que no sepamos qué responder ante una pregunta, porque es más cómodo hacer un traslado a otra unidad de un paciente inestable con alguien conocido en quién confías».

Recuerda que esa noche hubo «compañeros míos que tuvieron que salir a llorar a los jardines que rodean nuestra unidad de Urgencias por la angustia y la impotencia de la situación que les desbordaba. Recuerdo que hacían cola para preguntarme cosas que no sabían y recuerdo sus caras de felicidad cuando dieron las 8 de la mañana y vieron llegar al cambio».

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