Antonio Cedillo posa con su hijo José Miguel
Antonio Cedillo posa con su hijo José Miguel - Jaime García

Un huérfano sevillano de un asesinado por ETA agradece a Marlaska su llamada de teléfono

José Miguel Cedillo reclamó en una carta al ministro del Interior que reconozca a los hijos de los fallecidos como «víctimas»

SevillaActualizado:

El sevillano José Miguel Cedillo, hijo del Policía Nacional Antonio Cedillo Toscano, asesinado por ETA en 1982, ha agradecido en una carta dirigida al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, que «que el ministro del Interior en su primer lunes te llame a las 9.30 horas como reacción a un mensaje difundido el domingo en redes sociales, en el que le pedía que no nos fallara a los huérfanos de ETA que necesitamos del Estado, te reconcilia con que de verdad hay otras formas de ser y estar en política».

En su misiva, José Miguel Cedillo apela que «detrás de las formas claro que tendrá que venir el fondo y solucionar la precaria situación que tenemos los huérfanos con secuelas acreditadas a los que la vida se nos hizo una cuesta arriba insuperable cuando siendo niños asesinaron a nuestros padres, y a los que 40 años después se nos sigue negando el reconocimiento de pleno derecho dejando sin sentido las palabras dignidad, justicia y reparación».

Según ha recalcado, «nosotros nos las creímos. En mi casa nos creímos a quienes antes que usted iban de homenaje en homenaje, de tuit en tuit, de foto en foto repitiendo dignidad, justicia y reparación».

«Siempre creímos -afirma- que en algún momento nos llegaría. Entendimos que el país tenía otras urgencias. Y mientras tanto, dignidad, justicia y reparación se repetían en los telediarios, en los tuits de condolencias, en los homenajes, descubrimientos de placa, fotos, muchas fotos.

Cedillo recuerda que «en los últimos cinco años hemos querido cambiar el orden de las cosas y ser nosotros, mi madre que enviudó con 25 años y ahora tiene 61, y yo huérfano desde los 3 (ahora con 39), los que repitieran ‘dignidad, justicia y reparación’ hasta convencer a quienes antes que usted ocuparon ese cargo de que hay una deuda de paz pendiente con las víctimas de segunda generación».

«Somos de Sevilla -asegura- así que imagínese las dificultades de hacer esto en Madrid. Entonces las formas fueron radicalmente otras. Desaires, ninguneo, mentiras y el vacío. Y el doble discurso de tuits, homenajes, placas y fotos, muchas fotos para calmar conciencias». «Por eso, porque he vivido y sufrido la inexplicable experiencia de que un político te desprecie en lugar de servirte, aún doy más valor a su llamada de hoy, quién sabe si su primera llamada desde el Ministerio», añade.

En su opinión, «hay mucho trabajo que hacer, sobre todo, para que la Oficina de Víctimas vuelva a ser un instrumento útil y sé de lo que hablo como psicólogo que soy. De su boca sé que está por la solución de que los huérfanos de ETA tengamos el reconocimiento de pleno derecho y las coberturas que nos hagan cada paso de la vida menos difícil».

Cedillo agradece en su carta al ministro «tu llamada que tomo como síntoma de que está más cerca el momento en que dignidad, justicia y reparación vuelvan a ser palabras de nuevo llenas de sentido y sensibilidad».

Primera carta

En un primer mensaje publicado el pasado fin de semana en las redes sociales y dirigido al ministro del Interior Fernando Grande-Marlaska, José Miguel Cedillo, pidió al nuevo ministro que «no falle» a los«huérfanos de ETA» y reclamó el reconocimiento «de pleno derecho» como víctimas de la banda terrorista.

En ese mensaje, Cedillo señaló que los «huérfanos de ETA» necesitan al Estado porque son «el cabo que no puede quedar suelto para que España cierre heridas en paz» y «algunos de los niños a los que ETA le mató a sus padres» hoy son «personas con secuelas físicas y psicológicas acreditadas».

Serían las nueve y media de la mañana de este lunes cuando José Miguel Cedillo recibió una llamada en su teléfono móvil del titular de Interior, después de que publicara una carta abierta en sus redes sociales pidiendo atención a los huérfanos de la banda terrorista ETA.

La Ley 29/2011 de Reconocimiento y Protección Integral a las Víctimas del Terrorismo señala que las víctimas directas de ETA, como su madre, tienen derecho a una pensión de viudedad de por vida. Sin embargo, los hijos de las víctimas perciben una pensión sólo hasta los 24 años. Él asegura que su vida sigue estando marcada por ese asesinato y sigue recibiendo asistencia psiquiátrica.

José Miguel Cedillo no tiene reconocido el estatus de víctima del terrorismo, a pesar de que sólo tenía tres años cuando voló por primera vez acompañando el féretro de su padre. Junto a su madre, Dolores García, regresaba a Sevilla a bordo de un avión del Ejército para enterrar al cabeza de familia en su localidad natal de Olivares.

«No quiero una pensión, quiero que el Estado reconozca que las víctimas no son sólo los que mueren sino los que nos quedamos aquí soportando en muchos casos las injusticias de un sistema que ha acabado protegiendo a los asesinos» aseguró a este periódico cuando en septiembre de 2016 cuando él y su madre permanecieron concentrados frente a la sede del Ministerio del Interior, en Madrid, tres días sin conseguir que el entonces ministro en funciones, Jorge Fernández Díaz, les recibiera.

El «carnicero de Mondragón» salió en 2013 al derogarse la doctrina Parot
El «carnicero de Mondragón» salió en 2013 al derogarse la doctrina Parot - Abc

Este huérfano de ETA quiere culminar una lucha que inició en 2013. En noviembre de ese año uno de los terroristas más sanguinarios de la banda, Jesús María Zabarte Arregi, salía de la prisión de Jaén gracias a la derogación de la doctrina Parot. El «carnicero de Mondragón» -porque se dedicó a ese oficio y también por su despiadada manera de matar- había cumplido 29 años en prisión de los 615 a los que había sido sentenciado. De los 17 asesinatos que le atribuyeron al que fuera jefe del comando Donosti está el de Antonio Cedillo y tres compañeros más que cayeron en la misma acción terrorista. Pero nunca fue juzgado por ello.

Un tiro en la nuca

Antonio Cedillo Toscano, policía nacional sevillano de 29 años, casado y con un hijo, murió asesinado por el comando Donosti. El 14 de septiembre de 1982 dos coches patrulla de la Policía Nacional, uno con distintivos oficiales y el otro camuflado, fueron emboscados en una curva cerrada de Rentería por cinco terroristas que les dispararon desde un terraplén.

Dos de los agentes, Jesús Ordóñez Pérez y Juan Seronero Sacristán murieron en el acto al ser alcanzados de lleno por las balas. Los otros tres, Alfonso López Fernández, Antonio Cedillo Toscano y Juan José Torrente Terón, fueron heridos. Cedillo, malherido, pudo salir de su vehículo y disparar a los etarras, que se dieron a la fuga.

Tras caminar unos quinientos metros cayó al suelo medio inconsciente hasta que el conductor de una furgoneta le socorrió y decidió llevarlo a un centro sanitario. Pero los terroristas interceptaron el vehículo, que pararon a golpe de metralleta y, tras toparse con el agente herido, lo remataron de un tiro en la nuca.