Javier y Guy, en el centro de Sevilla - ABC

Javier y Guy: Lección de civismo de un ciego y su perro guía

Javier Domínguez pasea por el centro de la ciudad con Guy, su ayuda para orientarse y sin dejar ni un excremento en el suelo

SEVILLAActualizado:

Javier Domínguez pasea con su perro todos los días por el centro de Sevilla, cerca de donde vive. Cuando Guy, que así se llama el animal, tiene que «ir al baño», Javier limpia concienzudamente cualquier rastro. Hasta aquí, una historia como la de muchos otros sevillanos con mascota. ¿Lo peculiar? Javier es ciego y Guy, un perro guía. Es por eso que la Policía Local, al verle limpiando las heces del perro, le paró para felicitarle.

Limpiar los excrementos del perro «es lo que debería hacer todo el mundo», explica Javier a ABC de Sevilla. Sin embargo, «no siempre es así. Ahora vengo andando por la Resolana y he notado como he pisado una caca. Iba distraído con el móvil y aunque he notado que el perro esquivaba algo, al final la he pisado. Para evitar esa desagradable sensación en otros, él se asegura de dejar bien limpia la acera siempre que sale con Guy.

«Limpiar lo que va dejando el perro nos lo enseñan cuando nos dan el perro», aclara. En su caso, Guy, se añade la complicación de que «cuando hace caca, va andando, así que le voy siguiendo y limpio lo que deja. Después, hago círculos con el brazo por si se me ha quedado algo atrás». Lo que deberá ser un gesto normal -limpiar las heces del perro- en su caso tiene todo el mérito del mundo, al estar ciego. Él se quita importancia: «Lo hago porque es lo más normal del mundo».

Javier, además, entiende que quien le vea, puede sentir extrañeza: «habrá quien piense que como soy ciego podría dejar ahí los excrementos, pero no me parece».

Guy, a punto de jubilarse

El perro que acompaña a Javier a todas partes, Guy, tiene diez años y medio. Una edad dificil para un guía de ciegos, que suelen jubilarse sobre los 10 años. Javier lo tiene desde 2009, cuando fue a recogerlo al norte de Estados Unidos, cerca de la frontera con Canadá. «El primer año de vida de los perros, los cría una familia y luego van a la escuela de adiestramiento. La familia que crió a mi perro el primer año tenía un amigo que murió y se llamaba Guy, así que le pusieron ese nombre».

Nacido en Jerez, criado en Intxaurrondo y residente en Sevilla desde hace tres años, Javier solo tiene un queja con respecto al sistema de perros guías. «Hay asociaciones de animalistas que se quejan del tipo de correa que usamos. Cuando ando con Guy por la calle, si ve a un perro, se quiere acercar a oler, es normal. Así que tengo que dar un pequeño tirón para corregirle, porque si no, se desorienta él y me desoriento yo», explica. Lo que les proponen los animalistas es que cambien la correa por una de tela fina. «Pero es que esa se puede romper, es muy fina, y provocar una situación de peligro para el perro y para mi».

El problema de fondo, añade, es que hay quien pasea a su mascota sin ser consciente de que su perro guía es sus ojos. «Les dejan acercarse a Guy, que se distrae y nos pone en peligro, así que tengo que dar un pequeño tirón para apartar a mi perro». ¿Y qué pasará cuando Guy se jubile? «Hay quien se lo queda, porque al final le coges mucho cariño al perro. Tardan unos meses en darte otro y te quedas con los dos, uno de mascota y el otro de guía». De momento Javier y Guy seguirán paseando por el centro de Sevilla. Y sin que nadie note, por el rastro del perro, que han pasado por allí.