Parque de bomberos de Pino Montano - ABC

La leyenda del árbol de los peluches de Pino Montano

Más de medio centenar de peluches y muñecos cuelgan de dos ficus frente al parque de bomberos

SEVILLAActualizado:

¿Dónde van los peluches de los niños que se hacen mayores? Corre la leyenda en Pino Montano que hace unos años, un niño murió en un accidente en la calle Agricultores, frente al parque de Bomberos. De forma espontánea, como sucede en estos casos, los vecinos fueron dejando peluches en el árbol de la esquina para que el espíritu del pequeño fallecido pudiera jugar por la noche.

A día de hoy, decenas y decenas de peluches cuelgan de las ramas de los ficus en una esquina, cerca de la plaza de abastos. Todo es falso. No es más que una nueva leyenda urbana. Todo se debe a hechos más casuales y a motivos terrenales. Ni fantasmas ni nada por el estilo.

Así empieza la leyenda

La historia comenzó hace ya tres años. Un día como otro cualquiera en el parque de bomberos de Pino Montano, salen a una emergencia. En el lugar, encuentran un peluche de grandes dimensiones. Es un oso perezoso. Sin pensarlo, uno de los compañeros se lo lleva de vuelta en el camión; y pocos días más tarde lo cuelga en el árbol mientras hacían unas prácticas.

Pasaron las semanas, y nadie en el barrio se percataba de que había un peluche allí colgado. Hasta que una señora se cruzó por las puertas del parque, con la intención de tirar un muñeco gigante a la basura. «Era un perro, muy viejo, pero era muy gracioso. Le dije a la mujer, no lo tires. Me lo quedé y lo subí al árbol, para que le hiciera compañía al otro» explica Javier Roda, bombero del parque de Pino Montano.

Javier Roda preparando un peluche
Javier Roda preparando un peluche- ABC

A partir de ahí, es cuando comienza realmente la historia, y el mito.

«Este es un lugar de paso para los niños que van a los colegios de alrededor, que se dieron cuenta de los peluches. Entonces, venían con sus madres porque querían que su peluche favorito estuviera también en el árbol. Porque ellos ya se habían hecho mayores», continúa explicando Roda, que se ha convertido en el alma de esta curiosa iniciativa.

El fantasma del árbol de los peluches

Uno de los peluches del árbol
Uno de los peluches del árbol- ABC

Porque Javier tiene un alter ego fantasmal, que por la noche se cubre con una sábana blanca y se eleva hasta las ramas para colgar nuevos compañeros de juegos. Es el fantasma del árbol de los bomberos, como dicen los niños del barrio. No obstante, buena parte de la plantilla se ha unido a esta bonita causa, bien trayendo peludos amiguitos o colaborando en las tareas de alojamiento a los nuevos inquilinos del ficus.

En pocos meses, se corrió la voz en los niños y mayores de este barrio sevillano. Y poco a poco, las ramas del árbol se llenaban de ositos, serpientes, perritos, corazones, monstruos, tigres, leones... convirtiendo esa esquina en el lugar donde viven los peluches cuando los niños se hacen mayores.

Ningún niño del barrio sin peluches

«Hay veces que pasan los niños con sus padres por aquí, y se echan a llorar porque quieren llevarse uno de lo muñecos que hay colgados en el ficus. Otros niños, en cambio, se hartan de llorar cuando pasan y descubren que el suyo ha desaparecido, que se lo han llevado» cuenta otro de los bomberos del parque, Juan Atalaya.

Y es que con la misma magia con la que aparecen estos seres de algodón en el ficus de la calle Agricultores, también desaparecen. Aunque el motivo por el que desaparecen es bien diferente.

Raul con su peluche de Spiderman
Raul con su peluche de Spiderman- ABC

«Hemos visto a gente quitando los peluches de los árboles, y cuando hemos ido a llamarles la atención, nos han commovido. Porque se trata de familias sin recursos, que querían un juguete, un muñeco para sus hijos. Nos dimos cuenta de que había muchos niños que no tienen un muñeco. Por eso, guardamos en el almacén varias cajas, parar regalarlas», dice Atalaya.

Ahora el oso perezoso ya no está sólo en su árbol. Está acompañado por amigos de todos los colores, tamaños, texturas y formas. De hecho, ya uno es sólo un ficus. Ahora ya son dos. Porque cada día, niños como Raul, que ya ha cumplido 6 años, viene a dejar su muñeco de Spiderman. Él no lo necesita, se ha hecho mayor, y su peluche tiene nueva misión, proteger a los más indefensos muñecos que descansan a la sombra en Pino Montano.