La Inmaculada de Murillo en la Catedral de Sevilla - ABC

Murillo en la Catedral: el pintor de las inmaculadas y el mejor pagado de Sevilla

«La mirada de la santidad» reune las pinturas que realizó Bartolomé Esteban Murillo para el Cabildo

SEVILLAActualizado:

En la Sevilla del siglo XVII, por los rincones de sus calles aún quedaban los despojos de la peste que llegó a acabar con mil personas a diario. El miedo a un posible contagio invadía los corazones de ricos y pobres. La población y la fe estaban devastados, sin embargo, en la Catedral de Sevilla el paraíso se anunciaba como un descanso celestial, dulce y cándido; gracias a la visión de lo sagrado que supo transmitir Bartolomé Esteban Murillo.

Nadie como él supo trasladar las tesis del Concilio de Trento, nadie como Murillo conmovió el alma del fiel y reafirmó sus convicciones a través de la pintura. Cada una de las obras que le encargaron las autoridades eclesiásticas fue una obra maestra de evangelización. Porqué él fue un ferviente creyente, porque le unían lazos de amistad y de sangre con el cabildo; y porque antes de trabajar para la Catedral ya era considerado el mejor pintor sevillano.

«Fue a partir de la peste en el año 1649, cuando un canónigo de la Catedral le encarga sus primeros trabajos, que serían para la sacristía mayor. Se trata de San Isidoro y San Leandro. A partir de aquí se iniciaría una estrecha relación entre el pintor y el cabildo metropolitano. De hecho, llega a ser amigo de don Justino de Neve y su hijo Gaspar Esteban fue canónigo» explica a ABC la comisaria de la Exposición Ana Isabel Gamero.

Pero Murillo no sólo va a ser el pintor de la catedral, sino también su restaurador, «hasta tal punto que se le contrata para arreglar los primeros tondos de Pablo de Céspedes, que están en la sacristía mayor. El criterio de Murillo es que estaban tan deteriorados, que era mejor hacer tondos nuevos» aclara Joaquín de la Peña, vicecomisario de esta exposición, que lleva por título «La mirada de la santidad».

La Inmaculada Concepción en la Sala Capitular
La Inmaculada Concepción en la Sala Capitular - ABC

Su buen hacer, sin los arrebatos místicos de Zurbarán y el acentuado realismo de Valdés Leal, se recrea en composiciones equilibradas, serenas y amables. Por consiguiente, el espíritu de Trento aflora en su quehacer plástico. Su narrativa, plena de ternura, sentimiento y sensibilidad, emociona al espectador en cada una de las dieciseis obras que expone el cabildo catedralicio.

La primera parada es en el trascoro, donde se puede contemplar la evolución de Bartolomé Esteban Murillo a través de dos pinturas, desde sus inicios más formalistas hasta su plenitud como autor.

La evolución del maestro

«La Virgen entregando el rosario a Santo Domingo de Guzmán» la pintó entre 1638-1640, cuando contaba con veinte años de edad. «Ahí se refleja todavía lo academicista, la cara de la virgen recuerda a Juan del Castillo que fue su maestro. El Santo Domingo que recoge el rosario recuerda a Zurbarán. Y ese rompimiento de gloria que aparece detrás en segundo plano también recuerda Roelas» indica Gamero.

San Antonio realizado por Murillo para la Catedral de Sevilla
San Antonio realizado por Murillo para la Catedral de Sevilla-ABC

A la misma altura, separada apenas por unos metros, se alza el retrato de San Fernando que lo pinta al hijo de la canonización en 1671. «Posee un gran naturalismo, como se puede ver en el rostro, los pliegues, esa mirada hacia lo alto, los ropajes, la luz. Un ejemplo de la evolución del pintor sevillano» afirma la comisaria de la exposición.

Sin embargo, la obra que marcó la trayectoria y reputación de Murillo dentro y fuera de la catedral fue San Antonio, explica el vicecomisario de la exposición, «tanto por su majestuosidad como por cantidad de conceptos y estructuras que se entremezclan en el cuadro. La luminosidad, la disposición, de hecho, a partir de que Murillo hace el San Antonio comienza a multiplicarse la producción que aborda su taller. Esa es la gran obra que produce el despegue definitivo de Murillo».

Retrato de Murillo
Retrato de Murillo

No obstante, Murillo también es considerado como el pintor de las «inmaculadas», sentando un precedente artístico con «La Inmaculada Concepción», pintada sobre tabla entre 1667 y 1668 y rodeada por los óleos de ocho santos, que preside en la Sala Capitular la presentación de la muestra.

Documentos y facturas

Esta exposición se complementa con un amplio espacio con carteles explicativos y una colección de documentos de la época, como el grabado con el recorte del robo del San Antonio, «un documento espectacular porque no tenemos otra imagen del cuadro con el hueco del santo que se robó. Los especialistas disfrutarán viendo todas las libranzas y los recibí de los pagos a Murillo. Incluso el expediente matrimonial que dio mucho juego también a la hora de configurar su vida» explica Joaquín de la Peña.

Para los más curiosos, pueden incluso repasar las cuentas y formas de pago entre la catedral y el pintor, que en aquella época es el artista mejor pagado de la ciudad de Sevilla.